Las revoluciones no se exportan

El pasado 17 de Marzo, la presidente de la comunidad madrileña y candidata a las elecciones del 4 de Mayo, Isabel Díaz Ayuso, inició su campaña con una intervención donde declaró que “Madrid no se puede convertir en Caracas” refiriéndose a la postulación de Pablo Iglesias a las elecciones madrileñas. Aunque las relaciones del partido Podemos y el gobierno venezolano son extensas -y muy claras-, la narrativa de Ayuso es una que va más allá de una jugarreta al “coletas” y que para los venezolanos en el exterior se nos ha hecho muy familiar: “vota por mí o el país se convertirá en Venezuela”. Esta popular narrativa no ha sido exclusiva de la política española, en las pasadas elecciones estadounidenses el presidente Trump hizo declaraciones similares a las de Ayuso, y también ha sido utilizada en el pasado contra personajes como AMLO, o para justificar las políticas de Bolsonaro.

Hasta el día de hoy, ninguno de los países que estaban en clara “amenaza” de convertirse en la Venezuela post-apocalíptica ha cumplido dicha profecía. Sin embargo, aunque haya rendido pocos frutos, la famosa narrativa de “dicho país va a convertirse en Venezuela” sigue siendo bastante popular entre los políticos de derechas.

Lo interesante del tema es que los devotos de la profecía venezolana ignoran la amplia cadena de eventos que tuvieron que ocurrir para causar la actual crisis en el país sudamericano, y solo se enfocan en la llegada mesiánica de un político de izquierdas como único responsable de todo lo que está ocurriendo. Es un grave error y hasta cierto punto una irresponsabilidad por parte de Ayuso promover la idea de que en otros países una dictadura como la venezolana está a la vuelta de la esquina. Las circunstancias que llevaron al ascenso de personajes “revolucionarios” como Chávez y Maduro al poder son únicas sino exclusivas a Venezuela, por lo tanto para que se repita un régimen como el chavista en otros países democráticos es increíblemente difícil por no decir imposible.

Analicemos el porqué.

El caso de Venezuela y la llegada de Chávez

El caso venezolano es uno muy complejo, largo, y que por cuestiones de brevedad me es imposible tocarlo a la profundidad que se merece en esta pieza. Pero si tuviese que resumir las razones de la crisis actual a una oración, diría que es producto de un sistema fallido y autoritario implementado por veinte años, que fue propiciado por una sobredependencia histórica del fluctuante precio del petróleo junto a pobres decisiones económicas con enormes consecuencias sociales. Ahora bien, mientras esta pieza se enfoca más en la presidencia de Chávez y la actual dictadura de Maduro, para los que quieran profundizar sobre el tema a mayor detalle les recomiendo el libro Venezuela Before Chávez: Anatomy of an Economic Collapse editado por Ricardo Haussmann y Francisco Rodríguez.

Del fallecido expresidente de Venezuela, Hugo Chávez, se pueden decir muchas cosas: desde que fue el principal responsable de sentar las bases para que ocurriera la crisis actual, a ser la persona que intentó “arreglar” las fisuras y fracasos de los gobiernos anteriores de la “Venezuela Saudita”. Sin embargo, si hay algo que no se puede negar es que Chávez se encontró con un país con una enorme desigualdad económica, con un establecimiento político corrupto y desgastado, y con una de las mayores bonanzas petroleras que jamás había visto el país en su historia. Estas circunstancias le permitieron a Chávez aprobar extensas políticas sociales paternalistas apoyadas por los abundantes ingresos petroleros. Esto por supuesto le ganó la mayoría del apoyo popular en el país y a través de toda su carrera política no perdió ni una sola elección, a excepción de un referéndum constitucional en el 2007. 

Aunque Chávez gozara de un amplio apoyo popular, el golpe de estado cívico-militar que sufrió en 2002 por los sectores empresariales le dejó una marca que inspirará a una actitud autoritaria por el resto de su mandato. Así como Chávez apoyó a las comunidades más bajas a través de un amplio sistema de misiones, y según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) durante su mandato se redujo la pobreza un 26,4%. Según Human Rights Watch, Chávez también estableció grupos paramilitares armados para intimidar a sus oponentes, censuró ampliamente a la prensa crítica, y encarceló a activistas y funcionarios públicos que denunciaban la corrupción del gobierno chavista. En pocas palabras, así como Chávez dió, Chávez quitó, pero aún así la situación del país aún era estable gracias a la alta renta petrolera.

La Crisis

Durante la década de los 2000 el chavismo vivió su mejor momento, gozaban de una hegemonía política, la oposición venezolana casi no podía organizarse eficientemente, y Chávez se convirtió en una especie de “rockstar” internacional que sirvió de inspiración para muchos movimientos de izquierdas en el mundo; entre ellos Podemos. Sin embargo, mientras Chávez se peleaba con los presidentes de EE.UU y el rey Juan Carlos I lo mandaba a callar, en el 2011 el líder de la “revolución Bolivariana” quien unos años antes había instaurado la reelección indefinida para gobernar “hasta que dios y el pueblo quieran”, fue diagnosticado de un cáncer que le quitaría la vida dos años después. En su último mensaje televisado, instó a sus seguidores que en caso de que él pereciera, voten por su sucesor Nicolás Maduro.

Maduro ganó las elecciones del 2013 por un ínfimo margen y un año después se encontró con la peor pesadilla del “paraíso” chavista: el desplome del precio del petróleo.

Para la gente que vive en España en o en EEUU, una caída del precio del petróleo simplemente significa que bienes como el galón de gasolina sean más baratos, pero para una economía monoproductora como la venezolana -que depende absolutamente del petróleo- es una catástrofe; las ambiciosas políticas de Chavez que le dieron tanto apoyo al régimen y que se mantenían con la renta petrolera, se volvieron una piedra en el zapato para este.

De aquí en adelante la historia ya la conocemos, la ahora pobre renta petrolera llevó a una escasez nunca antes vista en la historia venezolana, lo que a su vez llevó a las protestas de 2014 que llevaron a decenas de muertos a manos del gobierno, y al mismo tiempo convirtieron a Venezuela de una de los países más prósperos del continente a la terrible dictadura que es hoy en día. Ahora mi pregunta es la siguiente: con todas las circunstancias que hemos visto que Venezuela tuvo que pasar para llegar a este punto, ¿cuántas de esas circunstancias comparte España con Venezuela?

Comparando peras con mangos

En mi país tenemos una expresión que dice “comparando peras con mangos” para referirnos a una comparación errónea donde una cosa no tiene nada que ver con la otra -más allá de que ambas son frutas-. Personajes como Ayuso, Abascal o Trump comparan a menudo a Podemos -y a veces hasta al PSOE- con el chavismo, y a España con Venezuela cuando claramente no es así. Aunque Podemos admire a la revolución bolivariana, no está ni cerca de poder cumplir una en España, y es porque los españoles simplemente no viven los mismos problemas que viven los venezolanos y que en su momento llevó al país a apoyar a un “mesías” de izquierda. Aunque no es perfecta, desde la guerra civil España no ha visto cortes continuos de luz y agua, hospitales públicos cayéndose a pedazos, escasez de productos básicos como comida y medicinas, un índice de violencia que no para de subir, la ineficiencia total del sistema judicial, etc… todos estos han sido problemas persistentes en la sociedad venezolana a través de muchos años -incluso algunos anteriores al chavismo- pero no son factores en un país desarrollado como lo es España.

Lo mismo pasa con la economía, España es un país desigual, pero no se compara con la situación venezolana en 1999 -antes de la llegada de Chávez- donde el 49,4% de la población vivía bajo el índice de pobreza. España tampoco sufre de una economía tan volátil como la venezolana, porque al contrario del país sudamericano donde casi la economía entera se basaba alrededor del petróleo, en España hay mucha más diversificación, lo que la escuda de los shocks económicos que sufrió venezuela en su momento y que contribuyeron a la llegada de Chávez al poder.

Creo que se empieza a notar un poco el patrón…

La revolución bolivariana es probablemente el mayor mal que ha sufrido Venezuela desde la destrucción de las guerras de independencia, pero una revolución no es un producto tangible que se pueda llevar de un lado a otro al igual que un souvenir como insinúan algunos, es imperativo que ciertas circunstancias tomen lugar para que casi todos los sectores políticos, sociales, y económicos colapsen como ocurrió en mi país. Es por eso que incluso el Che Guevara, la inspiración y “comandante” de personajes como Chávez, Maduro, y el mismo Iglesias una vez dijo que “las revoluciones no se exportan”.