Los grilletes de la medicina actual

Debemos reflexionar sobre nuestra forma de hacer las cosas, sobre hacia dónde queremos avanzar y cómo queremos que sea la medicina del futuro. Solo así conseguiremos que sea independiente y centrada en lo verdaderamente importante: la salud de las personas.

Fumar perjudica seriamente la salud, te quita años de vida; eso lo sabemos todos. Sin embargo ¿Sabías que no tener a alguien que te cuide y te quiera reduce la esperanza de vida tanto como fumar? La medicina lo ha demostrado. Si lo piensas, tiene sentido. Si tienes a alguien que se preocupe por ti, las posibilidades de que te anime y sea persistente para que consultes a un médico cuando lo necesitas (y así el tratamiento se te pueda dar a tiempo) son mayores.

Y sin embargo, ¿Has visto campañas en las que se anime a la gente a mantener cerca a su familia y a sus amigos? ¿Alguna vez has visto un cartel gigante en que te diga “Tus seres queridos te pueden salvar la vida” colgado de una valla publicitaria? Probablemente no.

¿Cuál es la razón de que se hable más del tabaco que del resto de los factores que afectan a la mortalidad y a la calidad de vida? Sin lugar a dudas, una de las más importantes es el dinero. El tabaco genera dinero, tanto para la industria como para el gobierno que, amparándose en el riesgo para la salud, encuentra el motivo para gravarlo con impuestos. No quiero decir con esto que tratar de que la gente no fume no tenga que ser una de las prioridades de cualquier sociedad, simplemente que debemos tratar también otros factores que afectan (y mucho) a nuestra calidad de vida.

Sin duda vivimos en una sanidad en la que el peso de la economía es mucho mayor que el que creemos. De hecho, si buscamos cualquier fármaco, las estatinas, por ejemplo, en Pubmed que es, por así decirlo, el Google médico, obtenemos miles de resultados, 53.000 para ser más concretos. ¿Qué pasa si buscamos un producto natural que puede tener efectos parecidos? La levadura roja de arroz de la que hablaba mi compañero Gregorio Casas la semana pasada, tiene solamente 300 resultados. ¿Por qué? Porque es mucho más difícil investigar sin una industria que lo financie.

Sucede lo mismo con las enfermedades. Las farmacéuticas están dispuestas a invertir millones en fármacos para tratar el VIH, la diabetes, el cáncer o el glaucoma, porque saben que en el primer mundo hay millones de personas y de sistemas sanitarios esperando para comprarles sus productos. ¿Qué pasa con enfermedades como el ébola o el kala-azar que se dan mayoritariamente en África y Sudamérica? Muchas de ellas no tienen un tratamiento curativo eficaz simplemente porque no es rentable encontrarlo.

Pensemos en otro ejemplo. Usted, querido lector, acude un día a su médico de cabecera y este, al final de la consulta, le recomienda una crema o un medicamento que no está financiado por el Sistema Nacional de Salud y que, por tanto, deberá pagar. Usted, obedientemente, lo compra. Y ahora me pregunto ¿haría lo mismo si supiera que el laboratorio que comercializa este medicamento le ha pagado a su médico un congreso por valor de unos 300 euros con su correspondiente hotel de cuatro o cinco estrellas (supongamos 150 euros) viaje en AVE (digamos 80 euros) y una cena valorada en, pongamos 80 euros? Es formación, sí, pero ¿necesitamos desplazarnos en la era de las telecomunicaciones para aprender?

Sé que en la mayoría de los casos, esta afirmación no es verdad. Lo más probable es que, si le recomiendan un medicamento no financiado, las razones no sean estas. Pero también es cierto que la industria farmacéutica gasta millones en promocionarse y en pagar cursos, congresos, cenas y otros lujos a médicos, concretamente 600 millones de euros en España en 2018. Un dinero bastante opaco y casi imposible de rastrear, que nadie sabe a ciencia cierta en qué se gasta.

Vamos a pensar ahora en la cantidad de cosas que se pueden hacer con 600 millones de euros. Estamos hablando de aproximadamente la sexta parte del presupuesto de sanidad. Financiar estudios, reducir el precio de los medicamentos más caros para que puedan llegar a todo el que lo necesite…Las posibilidades son infinitas. Pero la industria farmacéutica tiene el mismo objetivo que todas las empresas: ganar dinero.

Y, sin embargo, el problema no es de la industria, sino de quienes permiten que la formación y la investigación estén en sus manos. De quienes permiten que la financiación para ensayos clínicos y cursos sea todavía opaca, fuera de toda investigación tanto fiscal como ética.

Debemos reflexionar sobre nuestra forma de hacer las cosas, sobre hacia dónde queremos avanzar y cómo queremos que sea la medicina del futuro. Solo así conseguiremos que sea independiente y centrada en lo verdaderamente importante: la salud de las personas.

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