El bipartidismo se rompe, pero nace el “bibloquismo”

Los nuevos partidos políticos han criticado airadamente el bipartidismo imperiante hasta la fecha. Una vez llegados a la campaña electoral, la situación es la misma, aunque más fragmentada. La izquierda y la derecha se enfrentan en dos bloques.

Mariano Rajoy, en un acto del PP (vía Twitter)

Ya estamos en campaña electoral. Los partidos políticos se apresuran a reunir los máximos minutos televisivos posibles y a lanzar sus mensajes de la mejor manera que pueden. Es curioso, porque si analizamos las últimas “promesas” de los principales líderes descubrimos que el 28 de abril se van a enfrentar dos bloques: la izquierda y la derecha. ¿No les suena?

Albert Rivera, el líder de Ciudadanos, ha sido de los más críticos con el bipartidismo tradicional. Hasta hace poco, el Partido Popular y el PSOE competían en cada cita electoral por la mayoría absoluta (o casi). Con la irrupción de PodemosCiudadanos, este bipartidismo se rompió. En sus últimas declaraciones, Rivera aseguró que no pactará de ninguna forma con el PSOE y, anteriormente, PodemosCiudadanos ya habían dicho en público que nunca podrían gobernar juntos.

La implicación directa  es clara: en las elecciones se enfrentarán dos bloques, la izquierda (Unidas Podemos PSOE) y la derecha o centroderecha (CiudadanosPP VOX). Cada uno de los bandos es excluyente del otro, es decir, supuestamente no habrá pactos de partidos de uno de los bloques con formaciones del otro. Esta situación, es en la práctica, la misma que el bipartidismo.

 

Pedro Sánchez, secretario general del PSOE (vía Twitter)

 

Misma situación

Si nos fijamos, se trata de dos bloques que necesitan de la mayoría absoluta (o casi) para gobernar. Los dos bandos necesitarían el apoyo del nacionalismo para gobernar si no consiguiesen más de la mitad de los escaños del Congreso. El electorado, de hecho, ya sabe (si los líderes no han mentido) qué pactos está impulsando antes de emitir su voto.

Esta situación es curiosa, pues la proliferación de nuevos partidos se antojaba una oportunidad clave para dar cabida a más disparidad de ideas. Ahora, la guerra dialéctica entre líderes obliga a los ciudadanos a posicionarse dentro de uno de los bloques, aunque quizá no se identifiquen con ninguno, sino con un sólo partido. Lo que antes parecía un espectro político más liberado se ha encorsetado en los últimos meses.

Pongamos un ejemplo: si un votante de Ciudadanos moderado quiere votar a la formación de Rivera, es consciente de que está impulsando un gobierno del PP. Este votante no tiene por qué identificarse con este partido, y se verá obligado a abstenerse de votar o cambiar su voto. Sucedería lo mismo con un votante del PSOE que se identifique como socialdemócrata muy de centro. Se podría sentir incómodo sabiendo que, si vota a su partido preferido, aupará al poder a la formación de Unidas Podemos.

Podríamos ejemplificar esto en todos los partidos, pues forman parte de uno de los bloques, lo que puede conformar que los ciudadanos se sientan menos libres votando, pues están automáticamente fomentando un gobierno con el que, quizá, no se identifican. Además, los políticos ignoran, por lo general, esta situación, sobre todo los del bloque de derechas o centroderechas, recogiendo votos para su bloque más que para su partidos en concreto.

 

Reunión de dirigentes y partidarios de Ciudadanos (vía Twitter)

 

El PSOE Ciudadanos romperían este esquema

Se ha hablado mucho del único pacto entre bloques que ha existido en el pasado: PSOE Ciudadanos. Este acuerdo se produjo antes de que los bloques estuvieran tan marcados. Hace unos años los socialdemócratas y los liberales realizaron un pacto de investidura  que no se pudo completar por la negativa de Podemos a sumarse al acuerdo. Si este pacto se reedita, los bloques se romperían.

Albert Rivera ya ha rechazado este pacto de un portazo diciendo en público en varias ocasiones que su partido no pactará con el PSOE de ninguna de las maneras. También es cierto que no sería la primera vez que C’s hace algo que en el pasado había insistido en que no haría. Otro aspecto es la entrada en el juego de VOX. Para el bloque de derechas o centroderechas, el voto favorable de los de Abascal sería clave, pero Rivera no quiere alinearse con los conservadores.

El pacto del bloque liberal-conservador ya se ha producido en Andalucía. Así, Ciudadanos ya ha esgrimido una estrategia por si su pacto con el PP necesita del apoyo de VOX: “Nosotros no hemos pactado directamente con ellos, sólo hemos aceptado su apoyo”. Eso sí, recordemos que, en caso de que la formación de Abascal quiera entrar al Gobierno, Rivera lo tendría difícil para explicarlo, pues sí tendría que acordar políticas con VOX.

 

Pablo Iglesias, secretario general de Podemos (vía Twitter)

Condenados al enfrentamiento

La política española tiene una esencia: el enfrentamiento. Al final, sucumbe a todos los partidos. Podemos Ciudadanos habían entrado en la escena electoral intentando evitar la clasificación izquierda-derecha, pero ya se han metido de lleno en este sistema y forman parte de uno de los bloques.

De hecho, hubo un cara a cara en Salvados en el que Rivera e Iglesias pusieron en común unas cuantas políticas en las que estaban de acuerdo. Daba la sensación de que un aire fresco había llegado a nuestro país en lo político, y que habría más consenso que en el pasado. Muchos votantes pensaron que, a pesar de sus diferencias, había nuevos dirigentes que estaban capacitados para apartarlas para acordar lo esencial.

Con el paso del tiempo, los nuevos partidos se han introducido cada vez más en lo que es y siempre ha sido la política española: enfrentarse al rival. Y por si fuera poco, el reciente incremento de VOX ha echado aún más leña al fuego, pues es un partido que tiene un estilo dialéctico muy agresivo. Este 28 de abril los españoles salimos a votar, y hay más partidos que nunca, pero con mucho olor al pasado, y dos bloques enfrentados.

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