(Foto: EQUO, Diario Crítico)

Equo es un partido político español fundado en 2011. Se declara de izquierdas y se considera un partido progresista que defiende como ideología la ecología política. Desde el año 2013, forma parte del Partido Verde Europeo y hasta ahora ha sido por antonomasia el partido político de mayor referencia en el ámbito de la defensa del medioambiente en el panorama político nacional. También hasta ahora, desde que Podemos irrumpiera como la fuerza política de izquierdas más fuerte dentro de la izquierda, la formación verde ha permanecido al lado de la morada, tanto en las instituciones como en las calles. Y digo hasta ahora, porque la última noticia es que la militancia del propio partido ha avalado en referéndum un acuerdo con Más País, plataforma electoralizada promovida por Íñigo Errejón, para ir de la mano en los próximos comicios generales del 10 de noviembre.

La coalición tiene su razón de ser en la defensa del medioambiente. Este es su nexo en común, su punto de encuentro y, en teoría, su razón de ser. Es la resina que sella su unión. Ambos partidos mantienen como lema la ecología política, algo que parece acaparar cada vez más y mayores atenciones entre la ciudadanía. Y nadie niega que ambas formaciones tengan madera para liderar una regeneración ecológica desde el poder político. Pero este panegírico de la ecología, en ocasiones tan grosera e indecentemente calzado y con tanto oportunismo, no parece convencer demasiado como para arrancar una convicción unánime ni de entre unos ni de entre otros. Al contrario, se ha producido un cisma en Equo: su fundador y máximo representante, el diputado Juan López de Uralde, ha anunciado que abandona el partido una vez conocida en consulta la opinión de su militancia. Es decir, el líder del partido rechaza la opinión de la mayoría de la militancia de su propio partido y la mayoría de la militancia de su propio partido rechaza la opinión de su líder. Aunque una situación así ni es ni debe ser noticia; se llama democracia. Por supuesto, lo positivo de todo esto es que el ejercicio democrático se ha saldado con un resultado que ha podido dar ejemplo de que el mecanismo participativo es tan sano que puede contradecir aquella máxima cesariana de ‘divide y vencerás’.

Pero quien sale perdiendo en la división no es en ningún caso Más País; ni siquiera existía hasta hace poco. El movimiento de Errejón ya hizo correr ríos de púrpura. Muchos lo consideraron transfuguismo. Está claro que a la formación morada le ha supuesto y le va a suponer un golpe difícil de afrontar, quizás no tanto por la previsible pérdida de votantes, sino más bien porque cierta parte de esos propios votantes proviene de sus propias filas. Eso es lo que más duele, porque con la oposición del contrario siempre contamos. Quienes salen perdiendo son Podemos, Equo y las ideas que quedan en el tintero de los propósitos. Propósitos e ideas viables, con conciencia social y ecológica, a las que solo les falta una mano voluntariosa que las ponga en marcha.

Al medioambiente le da igual quién lo defienda mientras lo defiendan. A un bosque no le va a importar quién diga que no debe ser talado para hacer chalés. La cuestión es que se diga y a una. La cuestión final es que el medioambiente se está usando como producto de venta para ganar votos. Y en el camino de la dispersión de la fuerza política no se pierden las ideas, pero sí la firmeza en la mayor capacidad de llevar a cabo las mismas. El ecologismo ya se defendía desde una izquierda comprometida con el mismo. No hacía falta una nueva opción política que se alzara adalid de su defensa como si la conciencia ecológica se hubiera descubierto ayer. No se puede sacar más punta a una idea afiladísima y que ya ha hecho explotar la burbuja de una sociedad adormilada. La décima persona que diga que dos más dos son cuatro no va a tener más razón que las nueve anteriores. Lo mismo con la ecología.

El peligro de las ideas progresistas siempre ha sido su terrible facilidad para convertirse en moda. Cuando esto ocurre, el mercado desbroza su legitimidad más pura y algunas causas se prostituyen para convertirse en herramientas de marketing. Busca en Amazon cachimbas con el símbolo de Venus para colocarte, que algo encontrarás.

La marca errejonista, en el fondo, no busca esto, pero sí visibiliza el problema. Más País tendrá hueco: ideas diferenciadas, propósitos propios y apoyos nuevos. Lo que no es normal es que un partido cuyo fin máximo es la defensa de la ecología se tenga que subyugar a otro y a nivel nacional por una estratagema electoral activada desde cuatro provincias. Así que tantos ya hayan dimitido. No se puede desvirtuar ni desactivar la conciencia ecológica por una partida de póquer. No puede sacrificarse la fuerza de ideas tan nobles por ver quién llega más alto en el castillo de naipes.

No, no se pierden las ideas, pero sí su fuerza y la firmeza en su impulso. Al ecologismo le da igual, pero tampoco va a perdonar. El reloj corre contra su propia cuenta. ¿Divide y vencerás? La escabechina empezó haciendo correr ríos de color púrpura. Ahora tenemos tomates verdes fritos.

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