Monstruos en la noche

«No ha pasado nada, voy a escribir en el grupo que estoy bien», «Hablaré mañana con mis padres». Muchas veces no sale todo tan bien. Necesitamos un cambio para que podamos volver libres a casa. Libres y seguros/as.

«Monstruos en la noche» es el título elegido para explicar el miedo que sentimos algunas personas al volver a casa tras una noche de marcha. Somos mujeres y/o miembros de la comunidad LGTB que podemos sufrir agresiones físicas o sexuales por nuestra característica. Sin quererlo, nos convertimos en presa fácil para las manadas que salen a cazar en la oscuridad.

Habían salido a celebrar el fin de curso. Había sido un cuatrimestre muy duro,  parecía que el tiempo no avanzaba. Como si se estuviese corriendo en una cinta de gimnasio. Sin embargo, como cualquier cosa, acabó. Además, era un día con un doble motivo de alegría; se estrenaba un nuevo local, «Láser».

Sobre las 12 de la noche, llegaron a inaugurarlo un grupo de 6 personas. Sonaba música para todos los gustos, en aquel momento sonaba Freed from desire. Quique no pudo contenerse, comenzó a bailar como sólo él sabe. Baila muy bien, pero para los estándares sociales, tiene demasiada pluma. En pleno éxtasis de su frenético baile es completamente inconsciente de que 4 chicos lo miran con muy mala cara. Quique ya está acostumbrado a que le espeten gratuitamente lo maricón que es, desgraciadamente. Las burlas y las carcajadas a su costa no son nada desconocidas.

Sus amigos bailan también, quizá más discretamente. María, mientras mira sonriente a su danzarín amigo, ve la broma maliciosa. Tiene que cortarla, por eso no duda en distraerlos acercando a Quique al grupo de nuevo. En ese momento, los 4 de antes se fijan en ella. La discoteca está a rebosar y no hay quien pare con ese ruido de fondo. Creían que podría ser Miss Caffeina.

El garito mola, una opinión secundada por el grupo con mayoría. Aun así, quieren pasarse a «Desconocido», que es un sitio más íntimo. Conocen a una camarera, van a saludarla. Tan pronto como llegan, Rosa, les pone unos combinados de vodka junto con shisha de su sabor favorito. Una oferta imposible de rechazar a ritmo de las Chillers. Son ya las 3 y media cuando acaban con todo. Por supuesto, deciden salir a respirar. Los 4 restantes fuman durante una charla sobre las vacaciones capitaneada por Quique y María. Los planes son chulísimos, van a disfrutarlos un montón.

Ven un bar más pequeñito, llamado «Shoot», que hace honor a su nombre con creces. Tienen como 50 chupitos distintos, para todos los gustos. La música que pinchan es la peor de la zona,hasta que suena «Baby one more time» de Britney. Quique salta a la pequeña pista de baile cuan reina de la noche. Es libre de hacerlo, pero los 4 del primer local han vuelto a entrar en escena. Sus manerismos les minan la paciencia, y recibe un fuerte empujón que le hace caer al suelo. Sus amigos le ayudan a levantarse y se marchan. Ya es tarde, el hambre agita sus estómagos fuerte. Es hora de buscar el kebab de la madrugada.

El establecimiento de Alí tiene una fila en la puerta tan grande como la que hay en «Silver», cuyos componentes no estaban en lista. Es lo único abierto, se ponen a la cola. Tras 30 minutos oyen una voz cavernosa que pregunta: «Oye, ¿tú eres el mariconazo de antes? ¿el que va de reinona?», A Quique le vuelve a paralizar el miedo, sólo les queda irse para evitar problemas, ya comerán al despertarse. Poco tiempo después el grupo se separa camino a casa. Quique llega todavía sobresaltado, respira hondo al verse en su cuarto frente al poster de Lady Gaga. Ha pasado todo. O eso cree.

María coge un taxi siguiendo el consejo de sus padres. El trayecto transcurre correctamente. Tras pagar, bajó. No se percató de la figura encapuchada entre los matorrales anteriores al portal. La figura la empieza a seguir sigilosamente. No lo suficiente, María se entera de los pasos que van a la par de los suyos. María se pone muy nerviosa, le es imposible no recordar todas las noticias. No quiere ser la siguiente, saca las llaves. Por suerte acierta en la cerradura antes de que la maliciosa figura se avalance contra ella. Oye un ruido fuerte contra la puerta, ve a un hombre sujetándose la cabeza por el dolor del golpe. «Más te tendría que doler» piensa entre hiperventilaciones al subir al ascensor. Menos mal que no ve que el otro sigue intentando que se vaya con él.

«No ha pasado nada, voy a escribir en el grupo que estoy bien», «Hablaré mañana con mis padres».

Este final es agridulce, muchas veces no sale todo tan bien. Necesitamos un cambio para que podamos volver libres a casa. Libres y seguros/as. Queremos a las manadas fuera de nuestras calles; no nacimos presas.

Basado en la canción «Fauna» de Monterrosa. https://www.youtube.com/watch?v=DWNXEbtFlP4

 

 

 

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