Todos sabemos lo que supuso el holocausto nazi en términos de víctimas mortales, campos de concentración y refugiados que tuvieron que dejarlo todo atrás con tal de salvar su vida. A todos nos han enseñado en el colegio las dimensiones de la tragedia. Sabemos también que han existido muchos holocaustos más, como el de Armenia o el del Congo; poblaciones masacradas que, por no formar parte de nuestra historia cercana, han quedado mucho más relegados al olvido.

Todos conocemos los testimonios de los supervivientes, el horror de los campos de concentración narrado por Primo Levi o por el ayudante del doctor Mengele. Todos sabemos lo que fueron capaces de hacer, pero lo que cualquiera se pregunta al leer testimonios o visitar exposiciones como la que acoge la ciudad de Madrid hasta el próximo mes de octubre es: ¿cómo puede una sociedad relegar a personas a la esclavitud y la muerte?

Decía Hobbes que el hombre es malo por naturaleza. Rousseau que es la sociedad la que lo corrompe. Los estudiosos que analizan cómo Hitler llegó al poder tras unas elecciones democráticas apuntan como principales causas al hambre y el desempleo que sufrían los alemanes tras la derrota en la Primera Guerra Mundial y el crash de 1929.

Es cierto que una sociedad hambrienta y sin recursos es fácilmente manipulable. También lo es que, si se hace progresivamente, la pérdida de derechos de parte de la población por una ideología que va convenciendo poco a poco a una nación de que hay personas superiores a otras es algo posible, no solo en relatos distópicos como Animal farm de Orwell, sino en una sociedad democrática y desarrollada. Y es que, como apuntó Luis Antonio Palacios en la entrevista realizada por Sara González en este medio, los crímenes de un país suelen ser el reflejo de su sociedad.

Pero ¿qué pasa con nuestra sociedad actual? Vivimos en un mundo cada vez más globalizado en el que es imposible dar la espalda a los problemas de otros paises. Damos la democracia, al igual que la sociadad alemana en la que Hitler ascendió al poder, como algo hecho.

Y, sin embargo, la actual crisis migratoria y de refugiados ha hecho que en muchos paises estén ascendiendo rápidamente partidos populistas, algunos incluso con tendencia autoritaria. Partidos que abogan por la limitación de la inmigración, jugando con el miedo de la población al terrorismo y a la escasez de ayudas para la población local. Al fin y al cabo, el hombre (y, como en todo, existen excepciones) tiende a mirar por su bienestar individual primero, y por el de los demás después.

Ahora el futuro está en nuestras manos.

La democracia nos da el poder para hacer de nuestra sociedad lo que nosotros queramos. De construir un mundo más justo o retroceder a épocas más oscuras. Y es que todos damos por hecho que avanzamos hacia la igualdad entre todos los seres humanos, pero este no es un camino fácil, sino una carrera de obstáculos en la que se puede retroceder en cualquier momento. Es por eso que no debemos dejar de preguntarnos ¿hacia dónde vamos?.

 

Fotografía: Carlos Ortega Elduque

3 pensamientos sobre “No hace tanto, no tan lejos

  1. Los partidos populistas no son aquellos que nombras, los partidos populistas son aquellos que defienden que entren inmigrantes, dejando sus pueblos con los no migrantes en la misería y precarizando el mercado laboral en España con mano de obra barata, y todo para que vosotros, os sintais bien pensando que estáis ayudando.

    ¿De verdad creeis que ayudar a paises en desarrollo es dejar que algunos de ellos entren en nuestro pais?

    Así no se arregla nada, las cosas se arreglan en su lugar de origen y de forma que afecte a todos ellos.

    1. Cierto es que la cooperación es sin duda la forma definitiva de resolver los grandes problemas de nuestro mundo, pero ¿realmente hay tanta diferencia entre matar gente activamente y dejar que se mueran pudiendo ayudarles (de cualquier forma, insisto, no estoy aportando soluciones)?
      Esa es la reflexión que pretendo causar con este artículo.

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