No metas turra sobre memes

No es en absoluto descabellado hablar de “el meme” como el producto cultural más representativo de nuestra era; los consumimos, compartimos o incluso fabricamos casi a diario. Su importancia como vehículo de expresión social lo hace y hará merecedor de numerosos estudios; pero hoy este artículo pone el acento sobre ciertas tendencias actuales que, a título personal, encuentro fascinantes, como la pérdida de la preponderancia de la palabra o la ironización de la propia estructura. Y bueno, mete turra sobre memes.

“Para gustos, colores” es una frase que siempre he odiado, ya que tiendo a asociarla al típico amigo esquivo que trata de evitar un debate (generalmente post-ciego) cuando tú estás preparadísimo para hacer el ridículo y sentenciar sobre un tema del que, lo más probable, solo tengas ciertas nociones básicas; no obstante, hoy me valgo de ella para adentrarme en el mundo del meme, donde existen tantos formatos dependientes de características generacionales, culturales o ideológicas que podríamos decir “para memes, colores” ¿“o para gustos, memes”?Como sea, formatos de memes hay muchísimos y este artículo solo trata uno concreto; además, al hablar de él realmente hace referencia al “meme-contenido de Internet”, una subcategoría de lo que es verdaderamente el meme si nos atuviéramos a la definición que de él da Dawkins (padre de este neologismo) en “El gen egoísta” (1976).

Esta definición principal dicta que los memes son a la cultura lo que los genes al genoma humano ¿por qué?

Se podría decir, a rasgos muy generales que, siendo el meme cualquier producto cultural del que podamos hablar (canciones, poemas, cuadros…), la transmisión cultural actúa igual que los genes. Mientras el genoma se propaga a través de las generaciones gracias a la reproducción corporal, la cultura se propaga por imitación; nadie crea desde cero, sino que toda creación (incluso la que consideremos novedosa) está influenciada por otras, y así nos podríamos remontar ad infinitum. Además, en este proceso también actúa una suerte de “selección natural”: como con los genes, hay memes que terminan por disolverse y otros que sobreviven, incluso si estéticamente nos parece inexplicable (hay memes que son el hermano calvo de una familia de hermanos melenudos o memes con tal nariz que podrían hacer de un viaje la mudanza de una óptica; y, no obstante, ahí siguen).

La teoría de Dawkins, que aún está siendo desarrollada, ha recibido numerosas críticas; pero es innegable que la nomenclatura que creó para ella subsistirá aún en el caso de que se invalide u olvide su tesis. Podríamos decir que su meme de “meme” tiene unas previsiones de supervivencia y reproducción maravillosas.

Y ha pasado una cosa francamente divertida: ¿quién iba a decir que en tan poco tiempo este término acabaría siguiendo el mismo proceso que un gen (como Dawkins anunciaba) y mutando y evolucionando hasta acabar siendo conocido por simplemente una de sus subcategorías?

 

Aclarando entonces que nos limitaremos a hablar del archiconocido “meme-contenido de Internet”, cabe señalar que la principal característica de este producto audiovisual es que nace con fines humorísticos y a pesar de que, como he dicho antes, lleve impregnado en él ciertos factores culturales, no suele presentar dificultades a la hora de ser entendido por individuos ajenos a estos factores.

Esto es importante para matizar el siguiente punto: sí, te puedes reír con la misma tontería de la que se ríe tu abuela; no, no es patológico.

De forma muy simplista, yo separaría los memes que corren hoy en día por redes sociales en dos grandes bloques: uno para los boomers e incluso sus predecesores, que acoge también en su seno a una pequeña parte de millenials crecidos; y otro para los millenilas restantes y los consumidores de memes por excelencia: los zoomers.

           

Bloque uno.

    

                                                                                   Bloque dos.

 

He escogido estos dos ejemplos de cada bloque para ilustrar las diferencias principales que encuentro entre cada formato: el primero, perteneciente al primer grupo, para hacer humor no utiliza un trasfondo en absoluto complejo: con un cinco en el parchís sales de casa y nosotros, a 21 de abril y en pleno confinamiento, aún no podemos hacerlo así que nos da rabia; y sin embargo hay una preponderancia de la palabra por encima de la imagen.

El segundo, sin embargo, ironiza sobre el tan cuestionado diagrama de Nolan sin necesidad de la palabra: es, al final, una especie de crítica social marcada por el clasismo intelectual y la primacía del lenguaje visual, que resulta incluso violento.

Este segundo ejemplo me viene perfecto para poner el foco sobre otra tendencia llamativa que es el crecimiento exponencial de los memes con temáticas políticas (que sí, el bloque uno también las trata, pero de una forma más “chascarrilla” o “cuñadil” de toda la vida, vaya; no tan elaborada).

Mi opinión al respecto es que un amplio sector de nuestra generación demanda y consume críticas sociales complejas en formato humorístico porque, admitámoslo, nos encanta hacernos los listillos; y no pasa absolutamente nada, todos hemos dado like a algún meme que no terminamos de entender: el ego hay que sobreguardarlo un poquito; no obstante ¿puede tener efectos secundarios el consumo de este contenido? Cabe pensar que, como todo, algún efecto de fondo tendrá, sobre todo en cuanto a la incidencia de la formación de la opinión pública se refiere; aunque tampoco es plan ponernos catastrofistas.

 

Aun alejándonos de las temáticas políticas, los memes del segundo bloque se siguen caracterizando por una fuerte primacía de la imagen; porque hay memes del bloque uno que también son mucha más imagen que palabra, pero en una balanza “complejidad de la narrativa expuesta” vs “explicación de esta”, que es lo que estamos analizando, el bloque dos gana de forma contundente dicho pulso.

 

Frente a esto podríamos encontrar varias posturas que ni siquiera tienen por qué ser excluyentes. Giovanni Sartori avisaba ya en 1997 que las telecomunicaciones estaban produciendo un verdadero cambio antropológico: los niños criados a partir de entonces (que, oh sorpresa, somos los zoomers) ya no serían “homo sapiens” sino “homo videns” y requerirían una comunicación donde tuviera un predominio lo visualizable. Otra posición podría ser que, como estamos muy familiarizados con el formato, menos contexto es requerido para entender el concepto que el meme transmite (medallitas para nosotros, somos unos cracks dominando los memes).

 

También podría decirse que hemos desarrollado una serie de humor basado en la repetición de ciertas estructuras hasta que al final se van degenerando. La cuenta @ahorasinllorar me parece un ejemplo perfecto de cómo se explota un formato de meme que actualmente está de moda; de tal forma que más allá del contenido nos divierte también la ironización de dicho formato.

 

Por último, cabe señalar que, en una época en la que disponemos de herramientas de edición altamente desarrolladas y precisas, el meme del bloque dos tiende a ser terriblemente cutre.

Podríamos asociar estas preferencias estéticas a varios factores; quizás en un futuro se analice conjuntamente con otras tendencias “meta” (y cutres, vaya) dadas, por ejemplo, en el trap con la Zowi, Chico Blanco, Luna Ki y demás; y sea un rasgo distintivo de esta generación. Quizás, si nos centramos sólo en lo que es el desarrollo del meme estilísticamente, podemos llegar a la idea de que toda disciplina artística ha llegado un momento en el que ha perfeccionado su técnica y, tras eso, sólo ha quedado deconstruirla.

Como sea, el “meme-contenido de Internet” es una de las grandes cosas que nos ha traído nuestro siglo; y tal vez analizarlos desde la razón fría sea improductivo a día de hoy; tal vez sea de esas cosas para las que es más importante sentir que pensar. Os invito a ello.