No son MENAs, son niños

Debemos darles una oportunidad. Una oportunidad de verdad, para que se desarrollen como personas, para que demuestren al mundo cómo son en realidad. Cómo son cuando se les acoge, y no se les trata como a delincuentes. No debemos dejar que la palabra “MENAs” enmascare lo que realmente son: niños y adolescentes que necesitan urgentemente que alguien se ocupe de ellos.

Sí, existen. Y no son como nos cuentan los medios de comunicación. Los MENAs simplemente son niños, niñas y adolescentes que un día abandonaron su casa, su país de origen, en busca de algo mejor. Huyendo de la guerra y del hambre. De la violencia. Del terror. Intentando salir adelante. Buscando un futuro, y un presente, que en su país es imposible de conseguir.

¿Te imaginas tener que recorrer miles de kilómetros solo, navegar en una patera y al final llegar a un país donde todo el mundo (o al menos una parte de la población) te odia? Y no por nada que hayas hecho, simplemente por haber nacido en otro país y haber venido al nuestro. El pasado jueves los periódicos informaban de la paliza que había recibido un MENA en Zaragoza, un chico de diecisiete años que está en una UCI luchando por su vida por culpa del odio. Y no es el único. Desde hace meses, desde ciertos medios de comunicación y partidos políticos, se fomenta el odio hacia los extranjeros, y estas agresiones son simplemente la punta del iceberg, de una montaña en cuya base están los microrracismos y la discriminación.

No digo que no haya MENAs que hayan cometido delitos. Hay, como en todas partes, de todo. Pero la mayoría no son delincuentes. Son chavales que salieron de su país en busca de una vida mejor. Algunos se escaparon de sus casas porque no tenían más opción, porque no tenían qué comer o no tenían futuro en sus países de orígen. Otros empezaron el viaje con sus padres, pero se quedaron solos por el camino.

En cualquier caso, están aquí y están solos. Y son niños o adolescentes que lo están pasando mal. Llegan y lo primero que ven son centros de acogida como el de Hortaleza, donde hay unas 50 camas y comida para 50 personas, pero están hasta 150. ¿Qué harías tú si pudieras comer un día de cada tres y no supieras si vas a dormir en una cama o en un rincón en el pasillo? Probablemente, sacaría la peor versión de ti mismo. Esa en la que tienes que luchar por sobrevivir.

Y, sin embargo, ellos hacen lo posible por salir adelante, por demostrar que no son cómo pensamos. Para romper las barreras y los prejuicios. Prueba de ello es la imagen que ofrecieron en el talent show “Got talent” donde afirmaron, antes de salir a cantar:

«Queremos demostrar que aunque hayamos nacido en otro país, somos buenas personas»

Por eso, por niños así, debemos darles una oportunidad. Una oportunidad de verdad, no dejarles encerrados en un centro que tiene capacidad para la tercera parte de los chicos que hay. Una oportunidad para que se desarrollen como personas, para que demuestren al mundo cómo son en realidad. Cómo son cuando se les acoge, y no se les trata como a delincuentes. No debemos dejar que la palabra “MENAs” enmascare lo que realmente son: niños y adolescentes que necesitan urgentemente que alguien se ocupe de ellos.

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