Ni música buena, ni música mala: solo música.

Hace unos días charlaba con una amiga sobre el panorama musical actual en la terraza de un bar. Ella decía que, hoy en día, no había música buena; que ella prefería las canciones de antes. Yo no estaba de acuerdo, pero sus palabras me hicieron reflexionar mucho, ya que no era la primera vez que las oía. Y es que aún no entiendo por qué los humanos tendemos a pensar que lo pasado siempre es mejor que lo nuevo, lo que tenemos ahora.

La música es una disciplina más del arte, y el arte, un elemento más de la cultura de cada sociedad. Independientemente del tipo, los objetivos de la música son emocionarnos, transmitirnos mensajes, cambiar nuestro estado de ánimo o entretenernos. Igual que puede hacerlo cualquier pintura o poema. Así pues, para atrevernos a clasificar una canción o un género de “bueno” o “malo”, deberíamos aprender a ver más allá de lo que suena. Pienso que se tiene que tener en cuenta aquello que la rodea, del mismo modo que, para entender un cuadro, necesitamos conocer la época contemporánea a su creación o, incluso, la vida de su creador.

 

Entenderemos, pues, un género o una canción cuando esté enmarcado en una época y en un contexto social y cultural determinado; será entonces cuando, si queremos, podremos juzgarla. Sin embargo, creo que nadie tiene todavía el suficiente poder para dictar si es mejor o peor que otro tipo de música: una persona conservadora jamás logrará familiarizarse con el dancehall porque los mensajes que transmite este género reflejan una concepción sobre el cuerpo y el sexo distinta a la suya, del mismo modo que un chino no entenderá que en España se duerma la siesta porque ese hábito no se ajusta a las condiciones de su cultura. Y, ni los chinos, ni los jamaicanos, ni los conservadores, ni los españoles están equivocados, ¿no?

 

Además, me gusta pensar que los artistas de ahora son iguales que los de antes. Tenemos cantidades de cantantes versátiles, originales, acompañados por un buen espectáculo: Bruno Mars, Ed Sheeran, Lady Gaga, Ariana Grande… Estrictamente, ¿qué les diferencia de Paul McCartney, Michael Jackson, Elvis o Tina Turner? ¿Y qué diferencia hay entre Kurt Cobain y Daddy Yankee? Simplemente, su música va destinada a personas de culturas distintas, pero no peores que la otra.

 

Por todo esto, soy una defensora de la riqueza, de la pluralidad y de la diversidad. Está igual de bien la música de antes que la de ahora; en los años 80 también existían canciones monótonas, repetitivas y básicas, no es que los artistas se hayan vuelto más vagos con el tiempo.

Así que os invito, ahora mismo, a ver lo positivo de cada época y a no despreciar lo que nos ofrece la música, aunque esto no sirva para cambiar lo que opinamos. Porque estoy segura de que, cuando nuestra generación llegue a vieja, diremos a nuestros nietos: ¡quita esa basura y ponme a Rosalía!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *