Fuente: pixabay

¿Cuántas veces has oído esta semana la palabra “orgullo”? Seguro que al leerla piensas en fiesta, colorido, carrozas… Pero más allá de todo eso es una palabra cargada de lucha y de significado.

Las palabras son solamente herramientas del pensamiento, conceptos que podemos transmitir a los demás para que nos entiendan. A medida que el pensamiento se hace más complejo, el vocabulario pasa a ser más rico y más completo, expresando realidades que no son físicas, sino mentales. Y, de entre todos los vocablos, la palabra “orgullo” tiene un significado que ha trascendido a la historia.

Hemos oído hablar mucho sobre la lucha por la igualdad LGTB, y sabemos que el Orgullo tiene su parte de fiesta, pero también de reivindicación. Sabemos que no fue hasta 1991 cuando la homosexualidad dejó de estar considerada como una enfermedad; que aun hoy existen terapias para “curarla” y que la transexualidad se denomina a día de hoy en psiquiatría aun “disforia de género” dejando al colectivo trans en una situación casi imposible.

Y aun así, el colectivo LGTB+ se ha unido para luchar por sus derechos. Y lo ha conseguido. Tras el orgullo LGTB vino el orgullo friki, en el que miles de personas reivindican un ocio y una cultura alternativos. Tenemos también, auqnue no con este nombre, el orgullo feminista, en el que miles de mujeres reivindican sus derechos. Así podríamos seguir enumerando reivindicaciones hasta el infinito.

Pero ¿qué pasa con las personas que no se manifiestan para reclamar nada? ¿No tienen derecho a estar orgullosas? Por ejemplo: Probablemente todos hayáis oído hablar de Greta Thunberg, la creadora de Fridays for Future. Pero pocos sabréis que tiene TEA, trastorno del espectro autista, y que si se decidió a emprender ella sola esta lucha, que ha arrastrado a millones de personas en el mundo, fue en parte por este rasgo. Sabemos que el TEA puede ser grave y es un gran problema para muchas personas. Pero, en su caso ¿de verdad podemos discriminarla solo por ser diferente?

Somos diferentes. Por eso somos únicos. Y por eso podemos hacer de nuestras cosas «diferentes» algo positivo, algo que cambie el mundo para mejor.

Pensemos en ejemplos bien diferentes: En los últimos años hemos visto a actores con discapacidad física o intelectual llegar a lo más alto, e incluso tenemos ejemplos de deportistas que hacen lo que les apasiona pese a que no es lo que mejor se les da. Son personas «diferentes» que un día se atrevieron a luchar contra el estigma que supone para nuestra sociedad el ser distinto. Se atrevieron a ser ellos mismos, y lo han conseguido. Han roto barreras, y, sobre todo, nos han dado su ejemplo.

Y es que romper barreras es algo que podemos hacer todos y cada uno de nosotros. Todos tenemos cosas que nos hacen diferentes, características de las que alguna vez nos hemos avergonzado, pero que no tienen por qué ser malas. Por eso hoy, y todos los días, deberíamos mirarnos al espejo y decir: “Sí, este soy yo. Así, con todo lo que me define. Y estoy orgulloso de serlo.”

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *