Paro juvenil: más allá del mercado laboral

¿Es el mercado laboral el único factor que explica las altas cifras de paro juvenil que tiene España? ¿Qué más motivos explicarían la existencia y crecimiento de este drama en nuestro país? Nos jugamos el futuro.

Recientemente tuve la oportunidad de participar en un debate coloquio sobre un tema que, paradójicamente, no suele ser objeto de tertulias. Y es que, en una situación política y social en la que solo se habla del juicio del ‘procés’, de cuándo convocará elecciones Pedro Sánchez o de quién ganará el reality show de turno, ¿quién se va a parar a hablar de las causas y consecuencias del paro juvenil?

Pues a mí sí me apetece hablar de esto, y aprovecharé este artículo para comentar una serie de cuestiones relacionadas con el paro juvenil.

Hace unas semanas salían a la luz los datos de paro en España y lo cierto, si entramos en comparaciones con otros años anteriores, es que parece que la situación, aunque gradualmente, va mejorando. Pero no debemos ser conformistas, en España seguimos padeciendo un drama que se llama desempleo juvenil. Este es un serio problema ya no para hoy, en el presente, sino fundamentalmente para el futuro. Y como todos los problemas, si queremos atajarlos, debemos ir hasta su raíz.

Es evidente que el actual mercado laboral y que las distintas reformas laborales no han ayudado demasiado a combatir el desempleo entre la población más joven de nuestro país. Yo no creo que ese sea el principal y único problema que justifique los datos de paro juvenil que soportamos en España. Yo creo que el verdadero problema y sobre el que nadie habla –la raíz del asunto- es aquel que está relacionado con el Estado, con el modelo de Estado que tenemos hoy. Las trampas competenciales entre Estado y Comunidades Autónomas llegan también a los más jóvenes. De igual modo que sucede con la Educación o con la Sanidad, en España, a consecuencia del actual modelo territorial del Estado, padecemos algo así como un sistema de 17 mercados laborales, pues las Comunidades Autónomas también tienen atribuidas competencias en materia laboral. El modelo territorial del Estado no es un fin en sí mismo, sino que es un instrumento para resolver los problemas que afectan a la ciudadanía. También, por supuesto, los problemas de la población juvenil. Por eso creo que, si como Estado no estamos siendo capaces de atajar esos problemas, deberíamos replantearnos nuestra eficacia. Deberíamos replantearnos el actual modelo de Estado. Pensar en una refundación del Estado que de verdad combata los problemas de los ciudadanos. Y debemos hacerlo sin complejos, pero fundamentalmente sin dramatismos.

Con el desempleo pasa un poco lo mismo que con el conflicto entre taxis y VTCs. Que los partidos políticos se echan la pelota unos a otros, que las distintas Administraciones se responsabilizan unas otras de ser las culpables del problema y de que al final, los que se quedan en medio de ese partido de tenis son los ciudadanos, en este caso los jóvenes, que vemos como nuestros problemas siguen sin resolverse. Esta es la trampa competencial de la que hablaba anteriormente.

La lacra del desempleo juvenil no puede afrontarse desde un punto de vista de las Comunidades Autónomas. Estamos ante un problema nacional e incluso, ante un problema que va más allá de nuestras propias fronteras. Por eso, lo sensato sería abordar este asunto también desde una perspectiva europea. Precisamente, la Unión Europea proporciona a los Estados miembros una serie de recursos económicos destinados a paliar el desempleo juvenil en sus territorios. Lo que sucede en España, a causa de esa trampa competencial, es que el Estado no asume el papel que verdaderamente debería asumir y tan solo se limita a actuar como un intermediario entre las Comunidades Autónomas y la Unión Europea a la hora de asignar esos recursos y fondos. El Estado no puede seguir ejerciendo esa función secundaria. Debe asumir el protagonismo en esta cuestión porque es el Estado, por el hecho de formar parte de la Unión Europea, quien recibe estos fondos, y por ello; debe distribuirlos en base a criterios que garanticen la igualdad de las personas, independientemente de la parte de España en la que habiten. Lo contrario es lo que sufrimos hoy: unas Comunidades Autónomas ‘empachadas’ de competencias, que lo único que hacen es acrecentar la desigualdad entre ciudadanos.

Asimismo, considero que el drama, porque es un drama, del desempleo juvenil está íntimamente ligado con la Educación. Estamos viendo como los jóvenes finalizan con éxito sus estudios pero no encuentran trabajo, o si lo encuentran, es de mala calidad o no está relacionado con la formación que previamente han adquirido. Es decir, se finalizan los estudios, la formación, pero resulta que dichos estudios y dicha formación no se ajustan a las necesidades que exige en ese momento la Economía. Necesitamos reforzar la Educación porque es el verdadero instrumento vertebrador de una sociedad democrática, y una Educación de mayor calidad, a mi juicio, requiere que dicha competencia sea gestionada única y exclusivamente por el Estado. Todos conocemos en nuestro entorno familiar, de amigos, a personas que, efectivamente, han culminado con éxito sus estudios, que incluso han reforzado posteriormente su formación académica, pero que por desgracia eso no les ha bastado para encontrar un trabajo acorde a sus cualidades y en consecuencia, han tenido que emigrar con la consecuente pérdida de inversión que eso le genera al Estado.

España debe ejercer, en Europa, una posición de liderazgo para combatir el desempleo juvenil. Ahora que en la comunicación política se usa mucho el lenguaje bélico, sería procedente afirmar que nos estamos jugando el futuro, pero resulta que en esta cuestión es literal.

Como dije antes, los políticos y los partidos juegan a echarse las culpas unos a otros olvidándose de la dramática situación que vivimos los jóvenes. Ni la reforma laboral del PP ni la reforma laboral del PSOE han servido para atajar con éxito el desempleo juvenil. Ello ha conllevado la perpetuación de un mercado laboral cuyas mayores consecuencias son su dualidad y la precariedad laboral. Yo espero que más pronto que tarde, los partidos políticos consigan tomarse esto en serio y abordar esta problemática con la importancia que requiere. Debatir, escucharse unos a otros y si es necesario, llegar a un Pacto de Estado, porque desde luego que la materia bien lo merece. ¿Cómo es posible poner en marcha legislaciones laborales que precarizan el empleo y sin embargo no seamos capaces de implementar políticas que combatan realmente el drama del paro juvenil?

Lo dicho. No conformarnos con los datos recientes, ir a la raíz del problema y replantearnos un cambio en el modelo de Estado que nos permita afrontar en las mejores condiciones este asunto, afrontar el problema desde una perspectiva europea y llegar a amplios consensos entre las distintas fuerzas políticas para ofrecerles a nuestros jóvenes un futuro digno y en condiciones.