Ingenuo de mí. Iba a empezar a escribir este artículo el lunes, dado el antecedente con el que contábamos. Meses y meses de parálisis política y reproches a mansalva como si del gotelé en las casas españolas se tratara. Tenía pensado hablar del auge de Vox; de la irresponsabilidad de la izquierda; de la hostia de Rivera; y del pobre Errejón. En fin, nada nuevo. Simplemente quería aportar mi visión sobre el asunto. ¡Pero no van Iglesias y Sánchez y se ponen de acuerdo en dos días! Luego me dicen que procrastino, pero la culpa la tiene España.

Total, que ayer me puse a escribir estas líneas con la intención de que no se caducaran en al menos un par de semanas. Pero después pensé en que tampoco os iba a asombrar con ningún análisis y en que la Navidad cada vez viene antes, así que he escrito una carta con mis deseos para el nuevo Gobierno. Mis peticiones son nada sesudas y muy concretas. Se trata de una lista de pequeñas cosas -y a veces absurdas- que me gustaría que cambiaran. Pequeños detalles que hacen ilusión, como los mosaicos de lentejas de los hijos.

Queridos Pedro y Pablo,

Este año he sido muy bueno. Después de cuatro años apuntado en la autoescuela, por fin me estoy sacando el carné de conducir. Además, siempre digo buenos días y el otro día me caí por las escaleras de mi bar de referencia, derramando por ello el cubata que llevaba en la mano, así que el karma me debe una. Os dejo mi lista de peticiones:

– Renfe. Gracias. Según he leído los trabajos de reforma de la página están en marcha, pero me gustaría que cambiarais la imagen corporativa de la empresa. Odio esa tipografía en minúscula y los colores. También me fliparía que pusierais trenes de dos pisos como en otros países europeos, me encantan. Lo de que el tren funcione mejor y no tarde un siglo en llegar a todos los lados sin dejarte más de 100 euros ya tal.

– No me gusta Ábalos. Será una manía personal, pero chica… Que no lo llaméis para el consejo de Ministros.

Pablo, perdona a Íñigo anda. Molaba más cuando erais amigos y creo que sería una bonita lección para todos. Estoy algo harto de acusaciones absurdas dentro de la izquierda que desaparecen tres minutos después del primer sorbo de cerveza. ¡Si todos pensamos parecido, leche!

– Cambiar las cortinas de las cabinas de votación. Son feas y la textura da asco. Si os veis con ánimos, ya de paso pues os ponéis con lo de regenerar la democracia española, luchar contra la corrupción y dotar a la Justicia de una independencia real.

– Odio, O-D-I-O mucho los parlamentos revestidos con madera clara como el Senado o las Cortes de Aragón. Me recuerdan a los muebles feos y horteras de pino que hay en los apartamentos de playa. Si hay que construir alguno nuevo consultadme please. Y si queréis que el Senado en concreto sirva para algo no me preguntéis a mí, pero molaría mogollón darle utilidad. Los pobres senadores se aburren y ese espacio con esa madera tan fea no da para convertirse en un local de coworking.

 

pedro y pablo senado
Ejemplo de lo que no se debe hacer cuando construyes una sede parlamentaria.

 

– Pajitas fuera. Aquí me pongo serio. Como buen rojeras, creo en el poder del Estado para modificar nuestros comportamientos, porque eso de la libertad que menciona Ayuso cada 3,6 segundos está muy bien si no te cargas el planeta ejerciéndola (y si no explotas a la gente, ni defraudas, ni te aprovechas de tu situación de ventaja económica para lograr mejores puestos en la escala social. Y si, y si, y si…). Como somos así de cenutrios, creo que nos tenéis que obligar a olvidarnos de los plásticos de un solo uso. Envases incluidos. Y nada de campañas de concienciación. Prohibición al canto. ¡Qué viva el recorte de libertades que siempre ha promovido la izquierda según los liberales!

Aquí no hay quien viva en la televisión pública. Sería un remake con un final alternativo en el que reaparece Paloma Cuesta, que se ha hecho militante de Vox y vive alejada de Desengaño 21 en un chalet a las afueras de Madrid. Paloma ha conseguido abrir su tienda de moda, PUF (Paloma Urban Fashion), y en todos sus diseños mete por algún lado la bandera de España. Un día decide encargar comida a Glovo y resulta que el pedido se lo trae Belén López Vázquez. A Belén le posee el sentimiento de pertenencia de clase y secuestra a Paloma, con la que acaba liada por culpa del síndrome de Estocolmo. Además, Noemí Argüelles se incorporaría al reparto de la serie.

– Creo que Leonor y Sofía deberían estudiar en un colegio público. ¿Podéis hacer algo?

– Trabajo. Que no falte y que me paguen dignamente. Ah, y que la estacionalidad me permita saber mínimamente cuando voy a tener vacaciones para poder ir al pueblo (POZONDÓN, TERUEL) en agosto, que es cuando hay gente. El resto del año estaría algo aburrido. Creo que es por algo de la España Vacía o algo así.

 

El orden de la lista no se corresponde con la importancia que le otorgo a cada uno de los deseos. El de Aquí no hay quien viva me hace especial ilusión. Chao.

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