¿Os gusta hacer fotos? Supongo, que como a casi todo el mundo a día de hoy, nos gusta inmortalizar los momentos que vivimos. Pensamos que si capturamos en la memoria de un teléfono móvil o de una cámara aquello que estamos viviendo, no lo perderemos de la nuestra propia.

Grabamos conciertos, atardeceres, celebraciones. Fotografiamos el mar, el cielo, monumentos. Y entonces entramos nosotros. Llegan los aclamados ‘selfies’ para hacernos entrar en escena, poder fusionar todo lo anteriormente citado con nuestra propia cara. Podemos grabarnos cantando esa canción que tanto nos gusta en el concierto de nuestro grupo favorito. Podemos enmarcar un bonito beso junto a la playa mientras atardece en un acantilado. O bien, podemos posar bajo la Torre Eiffel.

Podríamos dejar de lado la tecnología para disfrutar como se merecen esos momentos, saborear e inmortalizar con la propia mirada esas escenas que a veces son tan especiales y que no lo sabemos hasta que pasan de largo. Aunque cada vez es más difícil vivir cualquier experiencia sin capturarla.

Detrás de todo esto podemos encontrar muchos motivos, uno de ellos, como ya he dicho, inmortalizar el momento, ya que creemos que esta será una forma de no olvidar esos instantes, y además poder recordarlo siempre que queramos. Pero otro de los grandes motivos es la opinión social.

Los likes y la autoestima

La mayoría de las veces, sobre todo los jóvenes, cuando se fotografían haciendo cualquier cosa, esa foto acaba subida en su perfil de Instagram, Facebook o Twitter. En las redes sociales se pretende mostrar el lado bueno de las cosas la mayor parte del tiempo; intentar aparentar una vida perfecta, repleta de amigos, muchos viajes y sonrisas. Algo que todos sabemos que no siempre es así.

Pretendemos aparentar cosas que no son, y parece que todo con un mismo fin: ganar likes. Esto supondrá un estímulo positivo en nuestra autoestima, y así podremos sentirnos mejor con nosotros mismos, ya que a los demás les gustamos.

No quiero generalizar ya que las redes sociales y los likes también son una forma de darse a conocer. Los pequeños artistas y fotógrafos amateurs difunden sus propios contenidos para poder llegar a obtener un reconocimiento por su trabajo. Pero puede que esto también implique ciertos peligros.

‘Selfies’ con peligro

Hemos llegado al punto de arriesgar nuestra vida por unos miseros corazones de ‘me gusta’. Hemos llegado demasiado lejos.

Han muerto personas por querer mostrar que son capaces de llegar a la cima del más alto edificio y hacerse un ‘selfie’ desde allí. ¿Es eso coherente? Desde mi punta de vista, no lo es. Influencers de todo tipo han escalado edificios o montañas para poder fotografiarse desde allí y así contentar a sus seguidores, poniendo en riesgo sus vidas. Tocamos extremos que no son sanos. Mostrar una imagen para conseguir el seguimiento de personas a través de la red, poniendo en juego tu vida, supera el límite.

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Además, otro de los peligros (menos visible y arriesgados quizás), es el narcisismo en el que estamos abiertos a caer. Ese excesivo amor propio que se intenta mostrar, que deriva en creencia de superioridad por el simple hecho de un aspecto físico. Puede que este hecho sea menos perceptible pero es igual de dañino. Nuestra sociedad ha derivado aquel mito griego de Narciso en una forma bastante común de poder subir la autoestima de una persona. No es malo, quererse siempre ha estado bien. Pero hemos topado con los límites en los que se establece el canon de belleza según el aspecto de la persona que más likes recibe, si no es así, estás fuera de este. Queramos o no, la imagen que damos a través de las fotos que publicamos, nos encuadrará en una etiqueta física u otra dentro de la sociedad actual. 

Pero finalmente, las fotografías siguen siendo eso, fotografías. Un arte que no debería perder su esencia. Y eso es lo que tienen las fotos.

 

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