Rompiendo la ley del silencio ante el machismo

De la mano de este artículo se busca relatar situaciones que se disfrazan de normalidad y no son más que machismo. A través de su lectura os daréis cuenta de la necesidad de no callarse para seguir trabajando por un cambio en la sociedad.

Visualiza esta situación. Estás de fiesta con tus amigos/as, lleváis puestas vuestras mejores galas (o no, todo depende) y pasáis un buen rato entre música y alcohol (o no, esto puede ir según los gustos). Se te acerca un chico que parece ligar contigo, no cesa en su empeño. Te ha repetido 80 veces todos los clichés, quiere como sea invitarte a algo para enrollarse contigo. A ti no te apetece, por lo que sea, pero él no parece entender. Insiste sin descanso. Ya ha agotado todas sus tácticas, procede a abalanzarse sobre ti, basándote y si es posible, agarrarte un pecho. No queda más que empujarlo airadamente quizá más de una vez.

O esta otra. Estás esperando la llegada del transporte público en la parada correspondiente. U hombre desconocido ha empezado a molestarte, al principio se mostró educado preguntándote una dirección. No hace más que lanzar preguntas inadecuadas la situación empeora poco a poco. Nadie parece ayudarte, en cuanto llega el transporte te subes. Consigues huir de la situación.

Es posible que, al subir, incluso si esto no te ha ocurrido, un hombre comience a tocarte, aunque tú no quieres. Ha empezado colocando su mano en tu muslo, subiendo hacia la cadera. La situación creada es más que incómoda, ya no sabes a qué parte del vehículo ir porque te sigue. Finalmente, te bajas sin embargo no sabes si es tu parada o no. Huyes. Tú que te habías sentado con lo auriculares puestos para mirar por la ventana durante el trayecto. Así como melancólico todo.

Dejando las visualizaciones a un lado, que tampoco me he ido muy lejos de situaciones reales, voy a relatar algunas situaciones que han llegado a mis oídos. Busco remarcar la cotidianidad que envuelve a prácticas que deberían habernos empezado a horrorizar hace ya mucho. Antes incluso del estallido mediático de algunos casos o de la nueva era del feminismo.

Hace unos años, cierta persona me contó que durante los descansos de la hora de comer en la cafetería del comedor era habitual taparle los ojos a una chica concreta. Si aún no os imagináis la razón, enseguida os encajarán las piezas. Este “vendado” de ojos era la antesala para proceder a meterle mano, especialmente los pechos. La sometían a esto en superioridad numérica. El narrador calificó esta práctica como “cosas de la edad”, a lo Modestia Aparte. Mi expresión de estupor contrastaba con su tranquilidad, que encima me observaba como si hablara con una monja retrógrada.

(Cosas de la edad como puede ser fumarse un porro, escaparse de casa o teñirse el pelo. Quizá tampoco son muy recomendables, pero así me entendéis).

Otro conocido me contó una historia similar ocurrida en su colegio. En ese caso sólo se produjo una vez, era un caso mucho más grave en el que se produjo sustracción de prendas de ropa. La chica lo contó, produciéndose la correspondiente expulsión en la que fueron reeducados en respeto a la mujer.

Posiblemente no me consiga perdonar no haber podido hablar con aquella chica ya que por esos actos (de ser verdad) no llegó a pagar nadie. Uno de ellos estuvo involucrado en un caso de acoso a una chica porque esta le ignoraba. Un caso de esos que dan miedo, de esos en los que se tiene al acosador pegado a los talones. Lo dicho siempre me reconcomerá el qué habría pasado si hubiese actuado o en verdad hay gente que no aprende nunca. Especialmente de más mayor.

Por desgracia yo misma me vi en una situación bastante lamentable tiempo después. Todo el mundo se tomo a risa el hecho de que intentaran desabrocharme el sujetador en la fiesta de graduación. Reconozco que no es un hecho muy grave sabiendo lo que está trascendiendo ahora. La sensación de sentirme agredida estuvo en mí un tiempo, me pareció algo que no era una broma. Fue un ataque por la espalda, menos mal que me pude girar rápido y salieron corriendo. Valientes para unas cosas, cobardes para otras.

Y podríamos meter muchos más casos reales que salieron a la luz en redes sociales a través de diversas etiquetas.

La violación o el abuso son sólo la punta del iceberg, hay numerosas cosas que se nos pasan desapercibidas. Aun así, de los anteriores hechos sólo conocemos los más mediáticos, en los que la sociedad muestra su peor cara. Otros casos se condenan al ostracismo, por diversas circunstancias sobre las víctimas y los responsables.

Sin contar con el trato en los medios de comunicación que se convierten en buitres sobre un cadáver putrefacto. Olvidando por supuesto la criminalización de la víctima tratando de justificar lo injustificable.

Es posible que muchos de los protagonistas de los párrafos anteriores (entre otras muchas situaciones no relatadas) se hayan indignado por los últimos acontecimientos sobre el caso de La Manada. Como si nada, como si fuesen hombres buenos distintos a los condenados. Ellos piensan que no han hecho nada malo.

Para que estos casos no queden enterrados mientras se va instaurando un cambio en la sociedad. Quiero recordaron de que ya es hora de romper la ley del silencio, es hora de dejar de callarnos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *