Tras horas hablando de ello durante 16 meses, ha ocurrido. Después de fascistas paseándose por las televisiones y redes sociales, después de la familia de la momia poniendo trabajas judiciales para que no ocurriera y un prior retando a una resolución del Supremo, los restos mortales de Francisco Franco ha salido del Valle de los Caídos. Y sus restos vivos se han encargado de ello.

Una veintena de familiares del dictador acudían pasadas las diez de la mañana a un Valle de los Caídos tomado por la seguridad, mientras la prensa aguardaba a las puertas del recinto junto a mal llamados nostálgicos. Fuera del Valle una treintena de personas, nerviosas, enseñaban a los medios presentes sus pancartas con lemas como «PP y Cs: escuchad a vuestros votantes», «Franco vive», colocada por nuestra querida y adorada Pilar Gutiérrez, o «Estado dictatorial». ¿Que si quiero o que si tengo?

A pesar del ridículo y la exaltación al fascismo del exterior, dentro ya habían comenzado a proceder a la exhumación. Unas horas después la puerta de la Basílica del Valle de los Caídos se abría para ver como los familiares sacaban el ataud del dictador en una imagen cargada de simbolismo. Solos y con la representación del Estado en un segundo plano. Mientras tanto, las redes sociales ponían el grito en el cielo porque el féretro del dictador llevaba la bandera de la Laureada de San Fernando, máxima condecoración del ejército, esa que se tuvo que otorgar a sí mismo en 1939 porque su frustración era no haberla ganado en África. Sin embargo, no hay que olvidar que esta salida tan solemne corresponde al derecho de la familia Franco a enterrar a su abuelo. Qué él no tuviera dignidad con sus víctimas no quiere decir que un estado democrático como el nuestro no la tenga, a pesar de todo. Y a pesar de la vergüenza de ver a una familia que vive de lo que robaron los abuelos gritar un «viva Franco» en el mausoleo que presos políticos construyeron para la momia.

Ya en Mingorrubio, la ‘performance’ había triplicado a lo que teníamos en la puerta del Valle. La cara de la Ministra se nos había contagiado a todos y todas. Trescientas personas hacían todo lo posible por hacer el ridículo. Que si un ‘Cara al sol’, hacía frío esta mañana en Madrid, vítores a Franco, insultos a la prensa, sin ser eso Cataluña, y Tejero merodeando. Y es que el golpista del 23-F acudía junto a su hijo, Ramón Tejero Díez, que iba a oficiar la misa dentro del panteón donde ya descansa Franco. «Te-je-ro», gritaban los fascistas concentrados mientras el golpista conseguía pasar al segundo de los tres cordones de seguridad que había para acceder al camposanto.

Tal y como estaba esperado, Franco llegaba en helicópero (no haremos ningún chiste sobre su Presidente del Gobierno) y era conducido en el cortejo fúnebre al interior del cementerio. Una vez allí, los familiares enterraban al dictador.

Mientras tanto, Sánchez hacía una declaración institucional a la hora del telediario y Carmen Calvo, al más puro estilo María Jiménez, sacaba pecho de la situación. «Se acabó, porque yo me lo propuse y sufrí, como nadie había sufrido», cantaba Jiménez. «Ha sido complicado por la actitud de la familia y de la fundación Franco», decía Calvo. «De luchar contra la muerte, empecé, a recuperarme un poco y olvidé», decía Jiménez. «Hay que hacer muchas cosas todavía en materia de Memoria Histórica», decía Calvo.

La vicepresidenta finalizaba diciendo que «bien está lo que bien acaba» o como diría María Jiménez, «y ahora ya, mi mundo es otro».

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