Luces, cámara y acción

Si algo han aprendido los gobiernos durante estos meses es a sacar el máximo partido a sus campañas publicitarias contra el coronavirus.

Desafortunado, pretencioso y, sobre todo, fuera de lugar. El pasado lunes 16 de noviembre la Comunidad de Madrid impulsaba su nueva campaña publicitaria contra el covid-19 dirigida a los jóvenes de entre 15 y 29 años

La inversión -de tres millones de euros- consta de dos videos, junto a material de tipo impreso, protagonizados por jóvenes: el primero, sobre una reunión familiar que “mata” a la abuela y el segundo, una fiesta que termina con un amigo intubado. “¿Cuidado en las reuniones familiares? Estoy harta de no poder reunirme con mi gente como yo quiero. Igual que mi abuela, que esta es la última reunión en la que estará. El otro día le contagié el covid… y la enterramos hoy”. Aseguraba el primero de ellos.

Según el criterio madrileño y el de otras entidades, no importa la falta de personal, la falta de material, la incompetencia gubernamental, la saturación en la atención primaria y en el transporte público, “por tomarte ese vino, el yayo está en la caja de pino” decía @favadakedrava en Twitter.

Y lo cierto es que cada vez son más los departamentos de publicidad gubernamental que optan por el chantaje emocional. Los tanatorios se han convertido en los platós preferidos para estas campañas y los jóvenes sus actores fetiche. ¿A dónde creen que van a llegar con este tipo de publicidad? Esas no son las formas, y me basta con ser ciudadano para asegurar que lo único que consiguen es dividir aún más a la sociedad.

Pero lo más impactante es que mensajes como “si vas de fiesta, la próxima estación puede ser el tanatorio” se muestran en las estaciones de metro donde cada día coinciden miles de ciudadanos. En Zaragoza, una voz te avisa en cada parada de que “si ves que no vas a poder mantener la distancia de seguridad, espérate al siguiente tranvía”. Otro rollo.

Hablo de la campaña del Gobierno madrileño, pero han sido muchas entidades públicas y privadas las que se han sumado a esta causa creyendo que contribuyen en algo. El pasado 11 de noviembre bajo el lema “no seas tú la bala”, Iberdrola publicaba en su cuenta de Twitter un video del mismo calibre en el que los jóvenes se iban pasando una bolsa de papel con una pistola como si se tratase del virus hasta que muere un familiar.

El diseñador Villabrille respondía a esta campaña editando los mensajes por otros como “metro en hora punta = intubar a tu amigo” o “sanidad pública maltratada = enterrar a tu abuela”.   

Como suele ser habitual, las redes sociales no han tardado en hacerse eco y los memes han salido solos: algunos han sido “por irte de rumba la yaya a la tumba” y “tu 4º Emoji es tu abuelo”.

Donde dije digo, digo Diego

No me molesta que se utilice la figura de los jóvenes para alertar y conciencia a la población, pues al fin y al cabo, y en términos generales, somos el sector “menos concienciado”. Lo que realmente me preocupa es que los gobiernos utilicen está figura para tapar todos los agujeros provocados por su mala gestión. Tampoco se trata de ideologías ni colores. Las instituciones públicas deberían estar rodeadas y asesoradas por aquellos mejor cualificados y preparados, y una de las cosas que nos está dejando ver esta situación es que para nada es así. ¿Filosofía gubernamental de vida de esta pandemia? Donde dije digo, digo Diego.