Capítulo 2. ‘Vengar’. Por Benjamín Santiago.

Nunca en mi vida me había atrevido a ponerle la mano encima a una persona. Y, ahí estaba yo. Había matado a una persona con un cuchillo. No creo ser capaz de justificar lo que hice, aunque me gustaría. Aquel hombre que yo había asesinado, una vez fue mi pareja. Pero no lo maté por eso. Mi acto podría considerarse venganza, y quizá eso justificaría (un poco) mis acciones.

Él filtró el nombre de mi mujer: Noelia. Mintió, por supuesto. Dijo que pertenecía los Comandos por la Salvación, y, claro, eso no le gustó al Comité Liberador Revolucionario. Noelia nunca había pertenecido a ninguno de ambos bandos, de eso estaba yo segura. Muchas noches comentábamos cómo queríamos mantenernos al margen de ambas organizaciones, para no ser asociadas a ninguna. Pues, éramos conscientes del peligro que aquello suponía. Bien es cierto que ella, en su adolescencia, había militado en distintas organizaciones. Cuando el conflicto comenzó se separó de todo aquello, sabia decisión. Yo tomé la misma.

Una falsa alarma era suficiente para matar a alguien. El caos estaba instaurado como régimen y los disparos como Constitución. Veinticuatro horas después de que Noelia fuera acusada, le pegaron un tiro. En mitad de la calle, cuando íbamos a la farmacia. Yo estaba con ella, pero su único objetivo era ella. Así que yo no sufrí ni un rasguño. Físico, claro.

Siempre fui consciente de que había sido él quién dio la alarma, no tenía duda alguna. Quería jodernos la vida y lo hizo: a ella se la quitó y a mí me quitó las ganas de vivirla. Bien jugado, cabrón. Todo porque un día la elegí antes que a ti, porque valía mucho más la pena. ¿Cómo supe que fue él? No era demasiado astuto y demasiada gente se enteró de que él fue el “topo” que causó aquella muerte.

No temer la guerra tiene sus ventajas, no tener nada que perder también. Las personas que no tenemos nada que perder (porque ya lo hemos perdido todo) aceptamos riesgos que otras personas no. Matarlo no fue un riesgo, sino un mero impulso. Pero aquello que yo estaba preparando en el sótano de mi casa sí lo era.

Ya no me importaban las consecuencias de mis actos.

El siguiente capítulo de esta serie se publicará el sábado que viene. Su autora será Raquel Bernal.

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