Capítulo 6. ‘Descubrir’. Por Iván Trigo.

¿Cómo podía ser verdad? ¿Seguía demasiado drogada como para imaginar un rostro que no era? Estaba en shock. Pasaron unos pocos segundos, lentos como horas, hasta que ella, preocupada, comenzó a agitar mis hombros para ver si reaccionaba. Esa voz. No había duda. Era Noelia, mi mujer a la que yo vi como mataban en plena calle. ¿Qué cojones estaba pasando?

  • Laura, joder, ¿estás bien?- me dijo.

Seguía sin poder creérmelo. No podía articular palabra.

  • Laura, hostia, ¡respóndeme!- En ese momento torció su cabeza y alzó su voz para hablar con alguien. No venía sola. Al girarse, pude observar en su cuello un tatuaje que no supe identificar. –Creo que vamos a tenerla que llevar en brazos. La han drogado. No responde­-, dijo.

Por fin pude hablar. Sí, era Noelia. Mi mujer a la que yo vi como mataban en plena calle. Estaba viva, y me había salvado la vida.

  • Pero… ¿qué?-, le solté.
  • Ya te contaré después. Ahora hemos de irnos rápido.

A la mañana siguiente me desperté sola, pero con una cálida sensación. Tardé unos instantes en recordar todo lo que había pasado la tarde anterior. Al mirar un reloj que adornaba una de las paredes de la habitación vi que había dormido 18 horas seguidas. Estaba como nueva, pero muy nerviosa. Noelia estaba viva, y yo estaba muy feliz. Pero necesitaba explicaciones.

Salí de la habitación y vi que estaba como en un pequeño bungalow de madera. Escuché risas fuera, así que decidí salir. Y allí estaba ella, sentada en una mesa de madera tomándose un café junto con un hombre que no conocía de nada. Estaban los dos desnudos, lo que me perturbó un poco.

  • Buenos días dormilona-, comentó al verme. – Mira, este es Martín. Trabaja conmigo, ya te contaré. Tenemos mucho de lo que hablar.
  • Sí… supongo- dije yo intentando evitar fijarme en el enorme miembro que lucía ese tal Martín. -¿No tenéis frío?-, pregunté.
  • Se está bien así. Siempre vamos en pelotas-, comentó él.

Después de aquella vacía conversación Noelia me cogió de la mano y me metió con ella al bungalow. Le pregunté que dónde estábamos, pero no me lo quiso explicitar “por seguridad”, según me contó. ¿Pero quién era esta? ¿De qué seguridad me hablaba? A la Noelia con la que me casé nunca le había interesado la seguridad. Ella pasaba de todo. Una vez la situación se torció y España entró en estado de caos permanente ella hizo por olvidarse de todas las ideas que podían perjudicarle. Era guapa, inteligente y muy cachonda, pero comprometida, lo que se dice comprometida, no. O eso me había yo creído.

Resulta que Noelia nunca abandonó la militancia política. Antes de que todo se fuera a la mierda ella decidió crear una organización al margen de las dos corrientes oficiales que estaban en conflicto, el Comité Liberador Revolucionario y los Comandos por la Salvación. Su grupúsculo no tenía nombre para que nadie pudiera hablar de ellos, pero sí que tenían un símbolo: una flor, la flor del almendro. Y de ahí el tatuaje del cuello. Me contó que llegado un momento ella necesitaba desaparecer, y para no ponerme a mí en riesgo y evitar que me fugara con ella decidió fingir que le habían asesinado.

Estaba flipando. Nadie de su familia sabía que seguía con vida. Me enfadé muchísimo. Lo había pasado fatal. Llevaba años queriendo morir por la muerte de mi mujer y resulta que estaba viva y tan rampante. Me calmé al rato y después de fumarme un par de porros, al fin de al cabo la había recuperado. Me contó que los mismos guerrilleros que me habían secuestrado habían matado a Melchor y a Roberto. Joder, otros dos duelos que tenía que pasar. Y de repente me preguntó por Carlos, el hombre al que yo había matado creyéndolo culpable de la muerte de mi mujer.

  • Hostia…- respondí.
  • Sabemos lo que hiciste. -espetó con un tono sorprendentemente nada incriminatorio-. Le dijimos una y mil veces que no se pusiera en contacto contigo porque podrías reaccionar mal. Y joder si lo hiciste. Carlos era una tapadera, pensamos que si había algún culpable de mi desaparición se te haría más fácil de llevar. Y además era una excusa creíble. Era tu ex y le odiabas bastante. Así que bueno. Tranquila, no pasa nada. Le dijimos que no fuera a verte y fue. Martín, por cierto, es el hermano de Carlos.
  • ¿Y por qué vino?-, pregunté.
  • Se sentía mal por hacerte creer que me habían matado. Iba a descubrirme. Así que tampoco hicimos nada por evitar que fuera a tu encuentro.
  • ¿Suponíais que le iba a matar? ¡Pero si yo soy buena!
  • Pues le mataste. No íbamos desencaminados. Carlos era un cobarde. No nos hacía falta-, concluyó Noelia mirándome a los ojos.

Había matado a un inocente. La cosa mejoraba por momentos. No podría parar de cargarme en todo lo que se me ocurría. Noelia, que seguía desnuda, me dejó sola. Estuve un par de horas llorando hasta que me vacié. Dos porros más y solucionado. Decidí dejarme llevar. Total, estaba viva y mi mujer también. Decidí convertirme en una marioneta del día a día, y que me iba a dejar llevar, lo que seguramente tuvo algo que ver con lo que pasó después.

Salí de la habitación y Martín estaba en el saloncito del bungalow. Estaba desnudo en un sillón, leyendo. Noelia había ido a por algo de cenar. Me dirijí a él y sin mediar palabra me quité mi camisón, me senté encima suyo, y empezamos a hacerlo. Madre mía la de tiempo que hacía que no follaba con un hombre. A todo esto, Noelia llegó, y lejos de asustarse se desnudó y se unió a nosotros. Aquella noche fue maravillosa. Pero todavía mejor fue cuando descubrí el plan que tenían entre manos. Al día siguiente, ya vestidos y después de haber compartido los tres decenas de orgasmos, me llevaron con ellos a una reunión clandestina en un pequeño poblado del pirineo francés con el resto de los integrantes de su organización. Tenían todo muy claro, y yo me comprometí a ayudarles.

El siguiente capítulo se publicará el próximo sábado. Su autor será Benjamín Santiago. 

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