Capítulo 7. ‘Sufrir’. Por Benjamín Santiago.

Hay cosas fáciles de asumir, y otras, no tanto. Es cierto que estaba acatando todo lo que me decían ciegamente, pero, ciegamente. Justo eso.

Una parte de mí no podía estar más feliz. Noelia estaba viva, aquello era un milagro a mis ojos. Seguía pensando que todo era un sueño demasiado bonito para ser verdad. Era el tipo de cosas que solo pasan en las películas románticas, y yo no creía en esas cosas. Pero, por otro lado, que Noelia estuviera viva significaba demasiadas cosas; y no todas esas eran buenas.

Primero de todo, había vivido engañada demasiado tiempo. Segundo, había matado a un hombre innecesariamente. Que sí, era un trozo de mierda el tío, pero matarlo… no habría hecho falta de haber sabido la verdad. Yo estaba demasiado confusa como para saber reaccionar racionalmente. Así que, nada más me levanté aquella mañana, me acerqué a ella.

Aunque me había dicho que no podía explicarme muchas cosas, no iba a rendirme fácilmente. Intenté dialogar con ella y que me dijese más de lo que me había dicho, porque yo necesitaba aquella respuesta. Todo lo que había dicho era insuficiente: yo no sabía dónde estábamos, ni otras cosas que necesitaba saber. Ella, sin embargo, no paraba de cambiar de tema y esquivar las preguntas más complicadas. Yo intentaba mantener la paciencia, pero a cada frase mi paciencia se iba esfumando. Llegó un momento en el que no pude más y reventé.

– Necesito una explicación. – Le dije furiosa.

– Te he dicho que no puedo dártela, por motivos de seguridad.

– Y una mierda los motivos de seguridad. No puedes dejarme pensando que estás muerta, con todo lo que eso supone para una persona y ahora que he descubierto que estás viva seguir con las mismas mierdas.

En ese mismo momento entró Martín y se hizo un silencio incómodo. Noelia y yo nos miramos. Yo suspiré y me di la vuelta.

– Avísame cuando tengas claras tus prioridades.

Tras decir eso, me fui de la habitación sin mirar atrás.

Desde que toda nuestra vida se torció, he pensado en hacer muchas cosas guiada por mis impulsos. En algunas de ellas, he pasado del dicho al hecho. En otras, todo ha quedado en un impulso que nunca llegó a más. Ojalá esta vez todo hubiera quedado en eso, en un susto para quien sea. Total, no puedo alardear de tener una gestión de los impulsos brillantes. Oía de fondo a Noelia gritando mi nombre, pero no la escuchaba. Seguí caminando, como si no me importase nada.

Me sentía tan engañada que todo me daba igual. Lo que ocurriese o no. Salí del bungalow de madera y las voces llamándome aumentaban y aumentaban. Creo que alguna decía que me diera la vuelta o que aquello que estaba haciendo podía matarme. Mi corazón se aceleraba a cada paso e incluso comencé a notar un pitido en el oído, que iba aumentando también.

Entonces ocurrió lo que quizá era más esperado y a la vez menos esperado. Me frené en seco y se me cortó la respiración. En ese momento presencié lo que podría ser el final del mundo tal y como lo había sido para mí hasta ese mismo momento.

El siguiente capítulo se publicará el próximo sábado. Su autora será Raquel Bernal. 

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