Discapacidad, diversidad funcional, discapacidad, diversidad funcional… entonces, se decía diversidad funcional, ¿no? Que es menos ofensivo. No digas discapacidad, anda. ¡Eh! ¡Esa persona ha dicho discapacidad! ¡Error!

Nos llenamos la boca de hablar sobre «diversidad funcional», como eufemismo para evitar llamar a las cosas por su nombre. Cuando evitamos decir una palabra intercambiándola con otra suele ser porque la que queremos suprimir es ofensiva. Entonces, ¿es ofensivo decir discapacidad? Bueno, vamos por partes.

Un poco de historia

Este concepto surge en torno al año 2005. Se proponía para dar una visión que no fuera negativa y se habla, con ello, de personas cuyas funciones (algunas) las realizan de forma distinta a la mayoría. Con este tipo de discurso se habla de diversidad, en este caso, de diversidad en el funcionamiento (si nos atenemos a la definición).

Suena bastante bien, ¿verdad?

Yo mismo, hasta hace poco, pensaba eso. Pensaba que sonaba bien y que era la mejor forma de nombrarlo.

Modelo médico de la discapacidad

Hablar de diversidad funcional reduce todo al funcionamiento y toda una opresión a la funcionalidad. Sin embargo, con este discurso, estamos obviando algo muy importante: el modelo médico de la discapacidad.

Este modelo es el que perpetúa la creencia de que el problema lo tienen las personas discapacitadas y que el problema es la discapacidad. De acuerdo con el modelo, hay algo «mal» en las personas discapacitadas.

¿Qué ocurre? No hay ninguna crítica hacia lo siguiente: es el sistema el que discapacita. Es el sistema el que enfatiza y afirma que todos los problemas vienen de la persona. Por tanto, obvia que los problemas realmente vienen de todas las barreras que el sistema fomenta y la falta de verdadera inclusión (lo cual explica el modelo social de la discapacidad).

Próximamente, explicaré más detenidamente lo que son el modelo médico y el modelo social de la discapacidad.

Discapacidad

Entonces, la discapacidad proviene de un sistema de opresión. Sí, de opresión. Llamemos a las cosas por su nombre y reconozcamos una opresión (que no suele reconocerse como tal). Si, como hemos visto, proviene de todo un sistema, ¿por qué necesitamos un eufemismo?

Cada vez más, las personas discapacitadas reivindican que acabemos con los eufemismos. Pero, ¿es este el único motivo por el que deberíamos evitar hablar de diversidad funcional? ¡Ni mucho menos!

Alto y bajo rendimiento

La sociedad tiende a clasificar a las personas discapacitadas según su «rendimiento» y «funcionalidad». De ahí surgen tópicos como: «¿tú cómo vas a ser una persona discapacitada si te desenvuelves perfectamente en tu día a día?» o «pero si tú estás perfectamente, ¡tienes estudios».

Por tanto, se crea una separación en base al funcionamiento. Esto ignora, de nuevo, a todo el sistema de opresión que hay detrás y discrimina a las personas discapacitadas. Si una persona discapacitada, por ejemplo, se queja de que la sociedad le pone barreras y es considerada «funcional», se le negará eso. Se negará su vivencia porque «a ti no te pasa nada».

Sin embargo, esta misma sociedad que dice eso, luego dice «personas discapacitadas sí, pero que no se note». Nos quieren cuando les servimos.

Entonces, ¿qué decimos?

Negar un claro sistema de opresión y clasificar a las personas discapacitadas según su «funcionalidad» son más que suficientes motivos para rechazar el término diversidad funcional. En su lugar, debemos eliminar los tabúes y prejuicios a la palabra discapacidad. El movimiento #SayTheWord (di la palabra) reivindica eso, que dejemos de tenerle miedo a esa palabra y la digamos.

Eso sí, es muy importante destacar que, cuando hablamos de discapacidad, no hablamos de un certificado. Eso es capitalizar la discapacidad y, de nuevo, discriminar. Al fin y al cabo, muchas personas discapacitadas nunca consiguen ese certificado o el porcentaje es menor al 33% (mínimo que es reconocido a nivel legal y demás). El capacitismo (discriminación hacia las personas discapacitadas) es una opresión que no entiende de certificados y porcentajes.

Aquí entramos todas los que lo sufrimos.

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