Hablemos (otra vez) de buena representación

En uno de mis primeros artículos, estuve hablando acerca del queerbaiting, la importancia de la representación y también por qué hace daño a las personas pertenecientes al colectivo LGBT que las historias que nos gustan no sean más que una mera ilusión en la que nunca nos vamos a ver fielmente reflejados.

Para quienes no quieran volver a leerlo: en ese artículo me centré especialmente en los métodos de manipulación que utilizan algunos creadores para hacer pensar a su audiencia que X personajes son parte del colectivo LGBT. Eso sirve para que estas personas sigan la trama con la esperanza de encontrar la representación que tanto desea, hasta que finalmente la decepción llega cuando, dentro de la propia serie, se confirma que esos personajes nunca fueron del colectivo LGBT. Solamente se utilizan como una estrategia para subir los ratings.

También he hablado más veces de la representación del colectivo LGBT, como supuestamente estamos más representados que nunca (¡y aun así cuesta vernos en historias que no sean estereotípicas!) y estamos siendo, cada vez, visibles.

¿Toda la representación cuenta?

Durante el pasado mes de junio, también conocido como el mes del Orgullo LGBT (que no solo gay, gente), vimos a grandes empresa mostrar su apoyo al colectivo, o lo que ellas piensan que es apoyo: ponerse la bandera arcoíris durante un par de días, escribir un tweet genérico de #LoveIsLove (como si las personas trans no existiesen o toda la lucha del colectivo se centrara en el amor y no en otros múltiples factores que nos preocupan mucho más) y proceder a no hacer nada hasta el próximo Orgullo porque ¡suficiente activismo durante un año!

En otro momento, podría escribir un artículo entero acerca de la capitalización del Orgullo, por qué esas acciones superficiales no son un verdadero apoyo para el colectivo LGBT y cómo se podría ayudar de verdad a darnos visibilidad. Sin embargo, estos acontecimientos, junto a otros factores externos, me hicieron reflexionar acerca de cómo esto pasa también en la ficción.

Pero ¿qué tiene eso que ver?

Explicado en otras palabras, llegué a la conclusión de que muchas veces la ficción refleja este interés superfluo que tiene la sociedad hacia el colectivo LGBT. Cómo hay personajes que solamente sirven para «suplir» el supuesto cupo que las empresas piensan que es necesario para que nadie se queje de que no existen personajes LGBT. Pero estos personajes están de fondo o tienen una relevancia atada a conveniencias de guion de otros personajes mucho más importantes (y cishetero, claro).

Porque así funciona el mundo, se cree que cualquier tipo de representación es buena, cuando en su mayoría son clichés con patas o una ridiculización de lo que supone formar parte del colectivo. Los personajes LGBT son relegados al mejor amigo gay de la prota o un recurso cómico.

Meditando sobre este tema, creo que hay otro tipo de queerbaiting del que no se habla tanto como el de crear tensión entre parejas sin llegar a puerto. Así pues, promocionar una historia alabando su contenido LGBT y después no dar lo que se ha prometido, aunque esos personajes sean LGBT, me parece otra estrategia para atraer a la audiencia LGBT sin dejar la comodidad de la cisheteronormativa.

Ojo, cuando me refiero a «no dar lo que se ha prometido», no lo digo con la intención de que la trama gire en torno a la identidad del personaje LGBT. De hecho, me parece otro recurso que está también muy trillado. No se necesita que una chica lesbiana, por ejemplo, le coma la boca en primer plano a otra chica para que se considere buena representación.

Vamos a poner un supuesto:

Una historia se enorgullece de su representación LGBT porque el protagonista masculino es bisexual. Esto se utiliza como publicidad para atraer a cierto público e incluso hay gente que sigue la historia por dicho personaje. Sin embargo, dentro de la propia historia, a pesar de ser sexualmente activo y ligón, no sale ni una sola vez acostándose con un tío, o coqueteando con alguno. Siempre son mujeres que, además, están hipersexualizadas. La única vez que besa a alguien de su propio género es utilizado como recurso cómico y es, además, forzado. ¿Es realmente eso buena representación LGBT? ¿Hay algún motivo por el que se pongan medallas de tener un protagonista bisexual aparte que para atraer público LGBT y hacerse los modernos? ¿No es eso, entonces, otro tipo de queerbaiting más sutil?

Habrá algunas personas que estarán de acuerdo conmigo, otras no tanto y le pondrían otro nombre a esa táctica de utilizar personajes LGBT como cebo. Pero creo que todos podemos coincidir en que se necesitan más historias con buena representación del colectivo LGBT y, a ser posible, contadas por personas que sean parte de él.