A menudo, solemos escuchar el término «dependencia emocional» para hablar de parejas cuya relación no es demasiado sana y uno de ellos, o ambos, dependen del otro. Pero más allá de eso, hay muchísimas cosas que desconocemos de la dependencia emocional.

Una persona que sufra dependencia emocional, se caracteriza por mostrar mucha ansiedad ante la idea de ser abandonados, llegando a hacer y soportar casi todo tipo de cosas para que ese miedo no se cumpla.

Hace falta destacar que hoy en día la sola mención de la palabra dependencia, causa un rechazo inmediato en la gente, cuando la realidad es que si fuéramos totalmente independientes, viviríamos aislados. Como seres sociales que somos, dependemos de las personas en nuestro entorno social.

Así podemos distinguir dos tipos de dependencia que está naturalmente integrada en nuestro sistema social:

  • La dependencia vertical: Es una dependencia total, hablamos por ejemplo de la relación de los padres con sus hijos cuando son pequeños. Sin sus padres, el niño en cuestión no sobreviviría por sí mismo en la sociedad.
  • La dependencia horizontal: Se trata de una interdependencia donde todos dan y reciben mutuamente. Está asociada al mundo más adulto y a las relaciones entre individuos maduros en la sociedad.

El problema empieza, cuando como individuo adulto, buscas una dependencia vertical en una persona en lugar de la horizontal. Así es como se crean por ejemplo, parejas tóxicas donde uno de los componentes busca ser cuidado o protegido, o por el contrario, busca cuidar, proteger o incluso dominar.

Romantizar la dependencia emocional

Por desgracia, la dependencia emocional siempre ha estado presente en nuestro entorno de forma subliminal, haciendo que muchos de nosotros creciéramos con la ilusión de, por ejemplo, encontrar a ese «príncipe azul» capaz de salvarnos de cualquier peligro que nos aceche.

Todos esos cuentos juegan un papel importante, pero no son los únicos, libros, películas, canciones que muestran que sin esa persona especial no eres nada, que si no está a tu lado estás totalmente solo o sola o sin la que simplemente no puedes vivir.

Todos estos tópicos se han romantizado en torno a la figura de la pareja innumerables veces, causando la toxicidad de esta y creando dependencia emocional.

 

Dependencia emocional con amigos o familiares

Siempre se habla de la dependencia emocional desde el contexto de la pareja, pero lo cierto es que puede darse también entre amigos y familiares.

En el seno familiar, encontramos estructuras familiares donde los padres les transmiten fuertes estados de ansiedad a sus hijos, haciéndoles ver a la familia como un refugio ante las amenazas del exterior. Este tipo de familias sobrevalora la protección familiar y dificulta que se forme la autoconfianza en el individuo.

Por otro lado, la dependencia emocional entre amigos es muy similar a la de la pareja cuando el individuo tiene la necesidad constante de recibir afecto de la otra persona y teme que le abandone.

Pero además, esta dependencia se combina con el factor social, que suele referirse a la necesidad del individuo de ser reconocido para no sentirse inútil o inservible.

Tipos de dependientes emocionales

La dependencia emocional puede surgir de muchas maneras y, como ya he dicho anteriormente, puede estar muy ligada a ciertas conductas que sigue el sujeto, por ello, podemos distinguir tres tipos de dependientes emocionales:

El dependiente sumiso es el que más asociamos con la propia dependencia emocional, es una persona con un alto grado de ansiedad y miedo al abandono. Por lo general, estas personas consideran que no valen lo suficiente, y es por eso mismo por lo que hacen lo que sea para no ser abandonados.

Su miedo es simple, temen que las personas a su alrededor «se den cuenta» de que no valen lo suficiente y por eso les abandonen, por ello ceden con facilidad y les cuesta poner límites. La base del problema está ligada a la autoestima y la confianza en uno mismo.

Este tipo de dependencia puede mostrarse en personas que den tanto de ellos mismos que pongan sus necesidades en último lugar, llegando a pensar así que los demás no les toman en cuenta o no distinguir siquiera sus necesidades y deseos.

El contra dependiente evitativo mantiene una dependencia muy poco visible, ya que en su caso, trata de negarse a sí mismo que sí necesita relacionarse con otros. Predomina en ellos la sensación de soledad y una inmensa tristeza, lo que muchas veces les lleva a no comprender sus propios sentimientos.

Este tipo de personas muchas veces idealizan sus relaciones, pero la gran desconfianza que le tienen a los demás les impide disfrutar sus relaciones con normalidad. Su miedo consiste en ser privados de su libertad y que les traicionen.

Por eso, a primera vista estas personas pueden parecer independientes y algo hurañas, ya que su comportamiento también es bastante huidizo, pero en el fondo se sienten solos porque sí que necesitan a las personas, esto hace que sus pensamientos y emociones dependan de sus relaciones.

El dependiente dominante, como su nombre indica, parece una persona dominante, egocéntrica y que aparentemente tiene todo bajo control. Sin embargo, predomina en ellos el miedo, la ira y el descontrol.

Le tienen miedo al rechazo y a ser odiados, por ello intentan por todos los medios llevar ellos el control de sus relaciones, muchas veces arremetiendo contra la otra persona para sentirse seguros. Necesitan ese control porque así se aseguran de que no les dejen.

Estas personas muchas veces se convierten en manipuladores emocionales, que minan la moral de las personas a su alrededor o en el peor de los casos, se convierten en personas agresivas que hieran físicamente a las personas a su alrededor.

Como hemos podido observar, la dependencia emocional está sujeta a la falta de autoestima y aunque se presenta de formas variables, el sufrimiento es algo común. Como hemos visto, no siempre es una persona «indefensa» la que está sujeta a otra, muchas veces es el control o la soledad quienes crean la dependencia emocional.

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