Soy consciente de que es un tema muy comprometido como para una prueba de admisión. Pero esto se trata de decir una opinión, ¿no? Soy gay. Ah, y además peso 108 kilos. Y no, no es ninguna tontería. Ahora bien, os preguntaréis que tiene que ver ser gordo con ser gay: nada. La pregunta correcta sería: ¿Qué le pasa a una persona gay con sobrepeso?

¿Qué le pasa a una persona gay con sobrepeso?

Una persona gay con sobrepeso es como un pez sin aletas. Un pez que no puede nadar en el mar en el que le ha tocado vivir. Que jamás va a poder moverse. Se va a quedar estancado. No va a seguir hacia adelante. Y eso es lo que me pasa a mí y a otros muchos gays o bisexuales, que desgraciadamente, tenemos sobrepeso. El mundo gay está lleno de exhibicionismo: playas gays donde la mayoría son nudistas, orgullos donde la ropa parece algo secundario y un mundo mucho más sexual que lo que podría ser el mundo lésbico o heterosexual.

Ojo, con esto no estoy diciendo que los homosexuales o bisexuales seamos “cabras locas”, no, eso sería muy homofóbico. Desde mi punto de vista como gay, en este colectivo hay una constante obsesión con idolatrar al cuerpo musculado, tonificado, con prendas ajustadas y “a la última”. Y quien no pertenezca a este grupo… quedará desplazado del colectivo permanentemente. Y esto es la cruda realidad.

Y ahora, comienzan los grupos

Los “guapos” (según son categorizados socialmente por cumplir una serie de cánones) se relacionarán con el resto de “guapos”, y el resto, con el resto. Prueba de esto es que podemos observar que en aplicaciones de citas o contactos de chicos encontramos una serie de etiquetas que existen dentro del colectivo homosexual gay como son “oso”, “twink” o incluso “daddy” que deja ver la triste realidad de este colectivo. Una constante etiqueta y clasificación en la que si no perteneces a una de estas no vas a gustar.

No es casualidad que uno de los colectivos con mayor tasas de suicidio sea el nuestro. Si de por sí ser gay es muy duro, por la sociedad en la que nos encontramos, si en nuestro propio colectivo no somos aceptados… algo aquí va mal. Me gustaría ver un colectivo donde todos estuviésemos unidos, donde no se criminalizaría a nadie por tener pluma, por estar gordo o por tener una opinión distinta a la mayoría. Me gustaría pertenecer a un colectivo donde realmente nos aceptáramos todos tal y como somos, nos apreciásemos los unos a los otros y donde todos los cuerpos, de todos los colores, tamaños, medidas y formas fueran bienvenidos. Y esto no es una realidad utópica. No. Sé, y doy fe, de que este momento llegará.

Pero, ¿es todo negativo?

Tenemos un colectivo, que pese a sus aspectos negativos, hay mucha potencialidad. Somos empresarios, abogados, jueces, artistas, cajeros, panaderos, farmacéuticos, médicos y lo que sea. Somos todo aquello que nos propongamos ser. Somos personas completamente normales pero con un convencimiento sobre uno mismo mucho más especial que el resto, porque nos ha tocado agarrarnos a lo más puro que llevamos dentro: nosotros mismos. Somos personas increíbles que vamos a brillar y llegaremos muy lejos. Estoy convencido de ello.

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