La lucha no acaba aquí.

Hace unos meses, expresé en un artículo todo aquello que la bandera española representaba para muchos colectivos oprimidos. Hoy, es inevitable que esa realidad resuene más fuerte que nunca y que el miedo se apodere de muchos en una situación de desventaja política.

Las elecciones de ayer han dejado nefastos resultados para todas esas personas en posiciones vulnerables. Hemos sido manipulados, engañados, decepcionados una vez más por un sistema que dice protegernos; por promesas de partidos que prometieron defender nuestros derechos y solamente han conseguido vulnerarlos a causa de su propio ego.

Si bien es cierto que la derecha no ha conseguido una mayoría, que la tercera fuerza política sea ultraderechista y apoye ideologías machistas, racistas, LGBTfobas y un largo etcétera, es una razón lo suficientemente válida para que mucha gente sienta desasosiego. Ser fascista abiertamente en España no solamente está permitido, sino que también se apremia.

Los medios de comunicación han tenido también mucho que ver. Dejando que se difundiesen ideas fascistas en prime time, dándole voz a esos partidos ultraderechistas que hemos mencionado con anterioridad, lavándole la cara al fascismo.

Una larga lista de ingredientes han sido las que nos han llevado aquí, tanto los factores a los que ya se han hecho referencia como muchas personas que han decidido abstenerse durante estas elecciones y otras tantas que incluso han llegado a trivializar la política con bromas y chistes de la situación.

Ahora nos enfrentamos a las consecuencias y no nos queda otra que enfrentarnos a la auto-crítica y aferrarnos a lo que sí podemos hacer. Aunque sea difícil, no podemos dejar que el miedo se apodere de nosotros. Tenemos que seguir luchando cada día por nuestros derechos. La lucha no acaba en las urnas, sino que empieza en las calles.

Votar es un derecho fundamental y una herramienta más para cambiar el sistema, sin embargo no siempre es el arma más efectiva. En muchas ocasiones, votar solamente es un medio para resistir al fascismo, pero muchas veces se necesita mucho más que eso. Tenemos que ser visibles por todas esas personas que no pudieron o pueden serlo. Salir a las calles, hacer activismo todos los días y concienciar al resto de personas de nuestro entorno.

La lucha por nuestros derechos no está en pausa durante el resto de días que no hay elecciones, no se para cuando se cierran los colegios electorales y vuelve a reanudarse cuando se abren cuatro años después (meses, en estas últimas ocasiones). Sino que es constante y diaria, y nunca hay que agachar la cabeza aunque a veces cueste mirar hacia el frente y no refugiarnos en lo que consideramos seguro.

Porque quizá lo que consideramos seguro, un día ya no esté. Los derechos pueden quitarse al igual que se otorgan y, aunque esperamos que no suceda, puede que lo que hemos conseguido se nos arrebate de las manos y volvamos atrás. Con los resultados de estas elecciones, ya lo hemos hecho… Pero no está todo perdido.

Por esa razón no hay que esconderse, porque es lo que los fascistas quieren. Tenemos que estar más unidos que nunca y salir a las calles para reclamar lo que es nuestro, unirnos a organizaciones que apoyen a los colectivos oprimidos y estar ahí los unos para los otros.

Es comprensible que el miedo a veces amenace con apoderarse de la mente. En esos casos, no tiene nada de malo tomarse un respiro y volver con más fuerza que nunca. Lo más importante es que nos cuidemos tanto a nosotros mismos como mutuamente.

Solamente estando unidos podemos ayudarnos entre nosotros y podemos cambiar realmente la sociedad.

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