Parejas Tóxicas: No es confianza, es control sobre ti.

Probablemente, el concepto de “parejas tóxicas” no sea del todo desconocido hoy en día, ya que cualquiera que lo escuche seguramente piense que se trata de una relación donde uno de los individuos maltrata al otro física y/o psicológicamente.

En efecto, una de las dinámicas de la relación tóxica es el maltrato a la pareja, sin embargo en otras, ésta toxicidad surge del rencor debido a que algo entre ellos no va bien y probablemente el daño que se infrinja a la pareja no sea intencionado.

¿Qué situaciones generan toxicidad en la pareja?

Existen diversos tipos de relaciones tóxicas, pero la mayoría presentan situaciones igual o similares a las siguientes:

Una de las vías que conducen una relación normal hacia una relación tóxica, es la existencia de los roles en la relación.

Si uno de los integrantes de la relación tiene mayor autoridad que otro, es quien adopta un papel dominante mientras que su pareja adopta un papel sumiso.

El dominante toma todas las decisiones, a menudo sin tener en cuenta la opinión del sumiso, y éste, ayuda a la creación de la relación tóxica cuando se acomoda a ese comportamiento sin darse cuenta de que se está volviendo dependiente.

Éstas personas finalmente se acaban dando cuenta de su dependencia y del control que tienen sus parejas sobre ellos, pero consideran que es “demasiado tarde” para hacer nada y se mantienen en su posición porque piensan que no tienen otra opción, porque se aferran al amor hacia su pareja o porque creen poder cambiar la situación.

Otra vía muy frecuente es el conocido chantaje emocional.

Éste ocurre cuando una persona le concede a su pareja un trato privilegiado por compasión o lástima ante distintas situaciones que ocurran en la vida de ésta.

La consecuencia es que su pareja adoptará el papel de víctima como un arma para conseguir esa posición privilegiada.

Aquí la víctima real es quien cede al chantaje emocional de su pareja, que básicamente lo está manipulando a su antojo.

La herramienta que la parte manipuladora utiliza es su capacidad para inducir el sentimiento de culpa en la otra.

También podemos observar cómo una relación se transforma en algo tóxico cuando se alarga sin motivo aparente.

Ésto suele ocurrir cuando uno de los individuos de la pareja obtiene la aprobación de los demás o ciertas comodidades al estar con su pareja, y no tiene (o ha dejado de tener) los sentimientos que llevan a las personas a emparejarse.

Es posible que la persona en cuestión no sea consciente de la auténtica raíz de su comportamiento.

Por lo que no solo daña a su pareja engañándola con una relación basada en la mentira, sino que también se daña a si mismo (o misma) con su propia mentira.

Y por supuesto, no nos podemos olvidar de las relaciones tóxicas basadas en el miedo.

Éstas son las más peligrosas, ya que no se ve a la pareja como un foco de compañerismo y amistad, sino como a una amenaza.

Es decir, la víctima ve a su pareja como una autoridad a quien debe complacer para no recibir un castigo.

No “hace cosas buenas” por su pareja por amor, lo hace por miedo.

Lo peor de todo es que éstas vías pueden cohabitar, dando lugar a una relación tóxica que combine varias de éstas situaciones, e incluso todas.

¿Son todas las relaciones tóxicas violencia de género?

La respuesta es no.

Aunque si es cierto que muchas situaciones de violencia de género provienen de una relación tóxica.

Concretamente una donde el hombre adopta el papel dominante anteriormente mencionado, y la mujer el papel sumiso.

Además la víctima puede presentar chantaje emocional y miedo.

A ésto me refería con que las situaciones pueden combinarse.

Entonces, ¿qué tipo de parejas pueden ser tóxicas?

Todas.

Cualquier tipo de pareja, ya sea heterosexual u homosexual (e incluso poliamorosa) puede presentar toxicidad.

No depende del género de la pareja el que se presenten esas situaciones, depende de las personas y de cómo se comporten.

De hecho, aunque la mayoría de relaciones tóxicas ocurran en relaciones amorosas, las relaciones de amistad y familiares también pueden ser tóxicas.

Puedes ser sometido por un amigo y no darte cuenta de ello, al igual que puede que seas tú mismo quien chantajee emocionalmente a un familiar.

Ejemplos claros pueden ser:

  • Un amigo que se molesta si te relacionas con otras personas y tú inconscientemente le permites que mande sobre ti. En éste caso es muy probable que tu veas a tu amigo como alguien muy idealizado y en quien depositarías tu completa confianza, puede incluso que pienses que estarías vacío sin esa persona, y eso te está transformado en alguien dependiente.
  • Por otro lado, podemos ver una relación entre hermanos, por ejemplo, donde uno siempre se victimiza frente al otro, sabiendo que así su hermano le va a proporcionar ciertas comodidades y bienestar, que sin haberse victimizado previamente.

Cómo saber que “lo nuestro” se está volviendo tóxico

Detectar que tienes una relación tóxica no es fácil.

Muchas veces el comportamiento tóxico de la pareja, es justificado por el otro componente, lo cual hará más difícil que abra los ojos.

La principal señal de que tu relación se está volviendo tóxica no es otra que los celos.

Los celos es el comportamiento más nocivo que puede existir en una relación.

Puede que se moleste si pasas tiempo con otras personas que no sean él o ella, o que quiera “revisar” tus redes sociales o los mensajes de tu teléfono móvil.

Los celos muchas veces pueden llevar al control.

Cómo vistes y para qué, a dónde y con quién vas, cuánto dinero gastas, en qué lo gastas…

Y por supuesto, dará uso al chantaje emocional, aunque no de la forma que hemos visto anteriormente, no es el mismo victimismo.

En éste caso el chantaje emocional consistirá en resaltar tus fallos, aunque no tengan nada que ver con tu pareja, y tratará de dar importancia a su propia figura en tu vida.

En general, para poder evitar que una relación se vuelva tóxica uno debe ser consciente de si mismo, saber sus  propias capacidades y sobre todo, ser independiente.

La manera más rápida de ser víctima de una relación tóxica es la inseguridad y la dependencia.

Normalizar las relaciones tóxicas

Aunque éste tipo de comportamientos puede darse en todo tipo de parejas, es cierto que existe una preocupante cantidad de adolescentes con relaciones tóxicas.

El psicólogo Alberto Bárcenas, atribuye este tipo de conductas a la falta de experiencia en las relaciones de los jóvenes y a lo que se aprende en el ambiente familiar.

Y por increíble que parezca, muchos adolescentes ven normal controlar el móvil de su pareja.

“No pasa nada, solo tenemos confianza”. Es la frase recurrente para defender ese comportamiento.

Pero no es sano que tu pareja tenga tus contraseñas o que no respete tu privacidad, una cosa es tener confianza y contaros todo, y otra muy diferente es que tener confianza signifique contaros todo.

Lo que compartes o no con tu pareja es tu elección. Puede que no sea una situación cómoda mostrarle ciertas cosas de tu vida más privada, o que simplemente quieras mantenerlo en secreto.

Se llama derecho a la intimidad.

Por otro lado, tener deseos de controlar a tu pareja de ésa manera es fruto de una gran desconfianza, ya no solo en la pareja sino en uno mismo.

Recuerda que esa persona está contigo y no con nadie más, si es de ese modo es porque algo ha visto en ti que no tienen otras personas.

Nadie es imprescindible en la vida de nadie, ni tú lo eres para la persona a la que intentas retener a tu lado, ni esa persona lo es para ti.

Existen también parejas que caen en el error de concederse el betoque consiste en prohibirse el uno al otro una serie de cosas para estar en «igualdad».

La toxicidad no trata precisamente de que uno oprima a otro, está en el mero hecho de oprimir, manipular y atormentar a quien dices querer.

Y eso puede ser tanto unilateral como recíproco.

Antes de comportarnos de ésta manera con nuestra pareja, sea el caso que sea, lo mejor es parar a pensar qué es lo que uno siente por esa persona.

No merece la pena perder el tiempo con alguien que no te quiere de verdad, o a quien tú mismo no quieres.

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