¿Cómo? ¿Que estamos en el año 2019 y todavía tenemos que hacer eso de salir del armario? Y yo pensando que eso era un chiste que tenía que ver con meterse en un armario de IKEA y llorar por no poder encontrar la salida… ¡En fin! Bienvenidas seáis a una realidad que parece no tener fin.

 

Resulta que seguimos viviendo en una sociedad que, en reglas generales, tiene asumidas dos cosas sobre las personas: que todas vamos a ser hetero y todas vamos a ser cis. Así que, si no eres heterosexual o no te identificas con tu género asignado, ¿tienes que especificarlo? Pues nos obligan a que la respuesta sea que sí: estamos “rompiendo una norma”.

Me gustaría aclarar, antes de continuar con el artículo, que expresar abiertamente la identidad sexual o de género NO es algo que se deba hacer forzosamente. Hay personas cuyo entorno puede ser peligroso, y otras personas que simplemente no se sienten preparadas para dar tal paso por circunstancias personales. Recuerda que tú y solo tú eres la persona que debe sentirse lo suficientemente segura como para hacerlo, y que nadie debería juzgarte si necesitas más o menos tiempo para ello.

Dejando eso bien claro, podemos continuar con la pregunta: ¿Por qué saldría alguien del armario? ¿Va a encontrar algún beneficio? La información que siempre se encuentra en la red tiene que ver con consejos para hacerlo o alertas sobre situaciones en las que es mejor quedarte calladita. Pues bien, resulta que sí, que salir del armario tiene consecuencias positivas en distintos aspectos:

 

SALUD MENTAL

Vivir negando la identidad conlleva sentimientos de vergüenza, culpabilidad, ansiedad, soledad y depresión. Esto no quiere decir que todas las personas que no hayan salido del armario vivan episodios de depresión o ansiedad, pero sí experimentarán, en mayor o menor medida, emociones relacionadas.

Tampoco quiere decir que, si has pasado por esas emociones, al expresarte libremente vayan a desaparecer sin más, pero es un proceso que permitirá vivir con una identidad real, y que ayudará a dejar, poco a poco, esas emociones atrás.

Es importante pensar que, una persona que ha estado viviendo bajo una definición distinta de lo que es, va a encontrar disonancia entre cómo se relaciona con el entorno y sus propios sentimientos, emociones, acciones, ideas, etc. En el momento en el que lo que se hace, se dice y se piensa, empieza a coincidir, se comienzan a erradicar las emociones negativas que conllevaban esa disonancia, y el mundo se empieza a llenar de arcoíris, unicornios y felicidad, porque te entregan el magnífico carnet LGTB. Vale, vale. No tanto.

 

VISIBILIDAD

Imagínate que eres un chico gay que no ha sido capaz de decirle a tus padres que lo eres, por miedo a las reacciones desagradables, y que traes a tu novio a casa bajo el título de “amigo”. Ahora, imagina que tienes un vecino que va de la mano de otro chico entrando en el portal, y te los cruzas estando con tu familia. Ellos sonríen y saludan, con total normalidad, y nadie le da importancia al hecho de que dos chicos estuvieran juntos.

Excepto tú, que tu realidad es la misma, pero nunca has dado el paso de confirmarla.

El hecho de ser visible, además de hacer que se viva conforme a una identidad real y no a través de mentiras, puede ayudar en otros aspectos más allá de la salud mental: eliminar los estereotipos asociados (un chico no es gay por maquillarse, no todas las chicas lesbianas son masculinas, no todas las personas trans tienen la necesidad de operarse ni de hormonarse, las personas no binarias no necesariamente son andróginas), ser algo parecido a un “modelo” para aquellas personas que aún no se han atrevido, vivir fluyendo y no seleccionando qué información dar y qué y a quién no.

En profundidad

Cada vez que nos hacemos visibles, estamos contribuyendo a normalizar la diversidad. Con nuestras historias y nuestras experiencias, poco a poco lograremos que la necesidad de «salir del armario» se quede en el pasado, que nadie tenga que pasar por ningún protocolo para declarar quién es. Elsa Ruiz lo explica a la perfección en su vídeo.

 

EXPANSIÓN DEL CÍRCULO SOCIAL

Cuando la tarea de analizar constantemente qué verdades cuentas sobre ti misma y qué no dices finaliza, empiezas a ser capaz de abrirte a las personas de tu alrededor: tus relaciones serán verdaderas y mucho más sinceras.

El hecho de no esconder información no sólo te permitirá hacerte más cercana a las personas que te rodeaban, sino que te dejará vivir con libertad para conocer a personas con las que antes no habrías querido estar relacionada por el miedo, la vergüenza o la culpabilidad.

Salir del armario o, mejor dicho, expresar la identidad –sea la que sea–, no debería ser liberador, sino humano.

Lo más importante, es que por fin podrás ver Matilda mientras expresas en voz alta lo maravillosa que es Miss Honey, o admitir que lo mejor de El Señor de los Anillos es Galadriel. No, espera, ¡eso no era!

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