Hay que acabar con la visión romantizada de lo hetero rural, para dar visibilidad a las nuevas colectividades

El pasado jueves 24 de marzo tuvo lugar un seminario titulado “Ruralidades Queer” en la facultad de filosofía de la Universidad Complutense de Madrid. Este, tenía como objeto tratar la presencia del colectivo LGTBIQ+ en los entornos rurales. Ha sido coordinado por Abel P. Pazos, activista no binarie, investigadore y docente en la Universidad de Oviedo. A elle, le han acompañado otros tres ponentes y activistas: Xácia Ceive, Daniel Amarelo, Adrián Gallero y Miguel Ángel V. Trenado.

Desde hace ya años asistimos a un fenómeno conocido como la España vaciada. Con el auge del capitalismo, en el campo cada vez hay menos trabajo y la gente emigra a las ciudades, concebidas como lugar de progreso y de reivindicación de libertades. El campo se ha convertido en un mero producto de consumo, por ejemplo, cuando pensamos en irnos a una casa rural en verano para desconectar; y en un lugar atrasado, rancio e incluso aburrido el resto del año. Pero, al margen de esta visión tan urbanística, no son pocos los que apuestan por no abandonar sus raíces y seguir haciendo del área rural su hogar. Y entre los que se quedan, tal y como apuntaba Abel, “hay maricones, VIH y mujeres acostándose entre ellas, al igual que en todos lados”.

El problema está en la falta de visibilidad que se le da al colectivo LGTBIQ+ en estos espacios. Asimismo, la falta de estudios queer rurales pone de manifiesto esta evidencia. Nadie apuesta por hacer del entorno agrario un espacio para proclamar nuevas colectividades.

Esto se debe a que hay una clara dependencia entre el cuerpo metronormativo, que impide la representación de los cuerpos queer, y el homonacional, que rechaza lo extranjero y lo no urbanístico. En las ciudades hay unos cánones bastante definidos de las personas queer, que siguen unos patrones medianamente aceptados; pero, los que difieren de estos tienden a no ser aceptados socialmente; impidiendo así el desarrollo de nuevas colectividades, como las que podemos encontrar en el entorno rural.

Siendo esto así, el movimiento en favor de las ruralidades QUEER busca la creación de un nuevo modelo de activismo más interseccional, en el que poder entender el marco rural como un espacio plural y diverso.

El activismo queer rural ha tenido que adaptar su discurso a su población, en su mayoría más envejecida. Además, ha tenido que hacer frente a la imagen irreal que han creado los medios de estos espacios como lugares basados únicamente en dinámicas cishetero normativas, que propician el desarrollo de las visiones romantizadas de lo hetero rural.

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