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Durante estos últimos meses, he mantenido la hipótesis de que realmente no sabemos hasta que punto las redes sociales influyen en nuestras vidas. Hay un problema en entender que ese «mundo virtual» es igualitario al real, pues no lo es. Las redes sociales están llenas de personas que utilizan la invención a propósito para exponer una supuesta vida perfecta, que una vez el móvil se apaga, deja de serlo. Y no son estas personas culpables, pues es lo que se ha normalizado en las vidas de todos nosotros.