Kaizen: el método para conseguir los propósitos de año nuevo

El subidón de las campanadas decae en enero. Confía en ti, el cambio es posible: descubre el kaizen y no te quedes con las ganas de comerte el mundo.

Llega el nuevo año, y con él, la infinita lista de nuevos propósitos. Acompañamos las uvas con expectativas, siempre confiando en que los meses que vienen, sean los mejores de nuestras vidas. Lo malo es que nos desinflamos, esa euforia tiende a desaparecer en la resaca del día uno… o a las pocas semanas. El kaizen puede ser nuestro mejor aliado para dar el paso.

El “Blue Monday”, presentado por el psicólogo Cliff Arnall como “el día más triste del año”, buscaba hacer referencia, entre otras muchas cosas, a ese abandono de ilusiones. Ahora sabemos que ese lunes azul no era del todo real, pero sí en lo que respecta al cambio de hábitos: en torno al 12 de enero, todo aquello que nos habíamos propuesto, empieza a desvanecerse. Esto tiene su explicación, ya que el cambio puede suponer un gran desencadenante emocional y nuestro cerebro está programado para reaccionar ante él. El miedo a salir de la zona de confort es una respuesta biológica, no un fracaso.

El mito de los 21 días puede que tampoco ayude ya que nos sentiremos más frustrados que nunca creyendo que nos hemos quedado a escasos días de cambiar nuestra vida y no hemos sido lo suficientemente fuertes. Pero no es así. Un estudio del University College de Londres presenta que automatizamos o asumimos hábitos de forma involuntaria desde el día 18 al 254.

Por ello, antes de volvernos locos e intentar transformar el mundo de la noche a la mañana deberíamos detenernos, pensar qué queremos realmente y trazar un plan para conseguirlo. Van Gogh no podía tener más razón cuando decía que las cosas grandes se hacen juntando una serie de cosas pequeñas. Y si viajamos hasta Japón y su cultura milenaria, podemos encontrar un método para conseguir esa metamorfosis: el kaizen.

Kaizen se traduce como “mejora” y aparece como método en las empresas japonesas de la segunda mitad del S.XX. La propia filosofía, en una de esas ironías del destino, ha sufrido una evolución en sí misma: ha pasado de ser una teoría organizativa utilizada en el mundo de los negocios a ser una ventana abierta para cada uno de nosotros. El ser humano tiene consigo el instinto de superarse y la teoría kaizen es una herramienta para poder, paso a paso, conseguirlo. No hablo de tener el mejor físico de Instagram, sino de ser feliz con uno mismo… que es mucho más importante y, a veces, más difícil.

En resumen, el kaizen trata de fijar objetivos a largo, medio y corto plazo, e ir haciendo los ajustes necesarios para lograrlos. Consiste en que el cambio se adapte a ti y a tus necesidades, no que intentes encajar en un molde del que intentarás salir a los pocos días. Para empezar, lo más importante es elaborar un inventario real de nuestra vida, siendo realistas e intentando combinar los hábitos que queremos abandonar y aquellos que buscamos empezar. Tal vez así suene todo demasiado abstracto por lo que, lejos de imponer directrices, se proponen pequeños consejos si necesitamos una guía. Estos son algunos de los que podemos seguir en los propósitos más “tendencia” cada año:

  • Hacer ejercicio. Tal vez la experiencia ya nos haya demostrado que matarnos durante unos días en el gimnasio no sea la mejor manera de incluir el deporte en nuestras vidas. Adaptar el ejercicio a tus gustos es la mejor manera de implicar el movimiento en el día a día: salir a andar, bailar en tu habitación… todo está bien. Consiste en sentirte bien, no en sufrir. Si ves mejoras, puedes ir aumentando la intensidad o el tiempo, siempre de manera gradual.
  • Ahorrar. La cuesta de enero acecha y la culpabilidad con ella. En un mundo en el que el consumo nos acompaña es más complicado que nunca tener un gasto consciente. El enfoque kaizen no pretende que vivas con lo justo y necesario, sino que tomes las decisiones adecuadas para vivir dentro de tus posibilidades. Cuestionarte si tendrás espacio para eso que vas a comprar, si simplemente es un impulso o si realmente te hará feliz, puede ser una buena manera de alcanzar el equilibrio.
  • Eliminar la toxicidad. Así como el consumo está a la orden del día, la hiperconexión también. Las redes sociales nos hacen mantener un contacto continuo y, en ocasiones, con personas que no nos hacen ningún bien. A pesar de lo difícil o doloroso que nos pueda parecer, contestar a estas preguntas puede ser determinante: qué emociones siento con esa persona, hace el mismo esfuerzo por mantener la relación, me enriquece, cuándo fue la última vez que pasamos tiempo de calidad juntos, cómo hemos evolucionado con el tiempo… Ten en cuenta que a veces es necesario deshacer unos lazos para poder construir otros o seguir creciendo personalmente.
  • Empezar un hobby. No solo consiste en restar, también en sumar. A través de pequeños pasos, introducir en tu rutina tocar ese instrumento, leer, escribir o pintar puede ser mucho más fácil. Asígnale un tiempo determinado y comprométete con él, recuerda por qué empezaste, anota tus avances y, sobre todo, no sigas con ello si no lo disfrutas.

Todo esto puede parecer muy abrumador pero no debemos olvidar que es justo lo contrario. Se busca la mejora, el bienestar, no llegar a un canon ni a una vida perfecta. En la cultura que nos invade, donde el cambio inmediato y los resultados fugaces son una exigencia, se nos olvida demasiado. Como propósito de año nuevo: cuídate más, mira hacia dentro y no hacia fuera, la perspectiva puede serlo todo. Lo importante eres tú.