El brillo de la ilusión

La metáfora evidente que supone para todos aquellos creyentes de la ilusión, esa luz, ese brillo que ilumina una sonrisa o una mirada. Esa chispa que reparte esperanza y te hace creer en una más que posible victoria en aquello que una vez decidiste proponerte. Todo eso significaba para Pamela aquella bengala que acaba de prenderse ante sus pupilas. Se acercaba el fin del que hasta entonces, había sido el mejor verano de su vida. Había viajado mucho, bailado mucho, nadado mucho y amado mucho. Jorge le había regalado infinitos momentos que permanecerían con ella para el recuerdo, y eso sería difícil de superar en su opinión. Pero todo eso parecía que llegaba a su fin. Ella volvía a Madrid y él a Valencia, el tiempo volvía a meterse entre medias de ellos dos, volvía a ponerles a prueba. Y esto ambos lo sabían, conocían la dureza de la distancia que separa cuerpos, aunque para ellos no separaba corazones. 

Esa maldita bengala se apaga ante ellos como el fin del verano se funde en el amargo atardecer que pintaba su último beso.