El prisma de Mizuki

No sabían cómo habían acabado juntas en aquel lugar, pero tampoco parecía importarles. La lluvia había pillado por sorpresa a Yumi cuando iba a recoger agua. Definitivamente, agua había conseguido. Al principio solo podía pensar en que tenía frío por su ropa mojada y que temía el camino de vuelta, pues con la lluvia se volvía complicado. Sin embargo, una sorpresa se cruzó en su camino: Mizuki. La pequeña no le temía a la lluvia, ni se enfadaba por ella. Simplemente sonreía y disfrutaba (como la niña que era) ante el fenómeno meteorológico. Le daba igual mojarse: sabía que acabaría secándose. Fue suya la idea de coger una hoja de palmera y utilizarla como paraguas. Puede que aquel “palmeraguas” no fuese muy eficiente, pero una cosa le quedó clara a Yumi. De vez en cuando, deberíamos volver a mirar a través de ese prisma con el que miran los más pequeños, porque comenzaríamos a ver lo positivo en todo aquello que rechazamos. O simplemente, disfrutar.