Fotogramas de una vida

Sólo queda el recuerdo, todo lo demás se fue hace demasiado tiempo como para recordarlo. La verdad es que su vida había dado para mucho. Los veranos en el pueblo fueron los mejores momentos de su infancia, los paseos por el campo junto a su abuelo. Aquel que parecía revivir al contacto con el aire puro rural. Por desgracia también vislumbró el colegio, aquel en el que tanto le habían hecho sufrir. Aun así, lo veía vacío, sólo el patio. Más tarde, vio a su primer y último amor; aquella chica sencilla que luchaba por un mundo mejor. ¿Por qué se fue? Nadie sabe.  Por último, vio a sus amigos de la adolescencia aquellos con los que pasó tiempo y tiempo sin hacer nada, disfrutando del tiempo que tenían. Arreglando el mundo con el culo plantado en las escaleras o poniendo caras en el espejo. “Buena cara, malos tiempos” como dice esa canción que retumba en la radio. Ahora, mientras la enfermedad le va devorando, se da cuenta de que el tiempo había sido aprovechado al máximo. El que le quedaba pasaba lentamente, pero no podía quejarse por el tedio, porque lo que iba a venir era la caída del telón.