Una perspectiva de género en la medicina

El primer día que oyes que las mujeres tienen más probabilidades de morir de un infarto que un hombre, frunces el ceño. Si piensas que tiene algo que ver con el género. Si crees que puede deberse a las diferencias anatómicas, fisiológicas o biológicas no estás en un error. Estas diferencias existen. Una misma dolencia, en este caso el infarto, presenta sintomatologías diferentes si el paciente es hombre o mujer.

La prevalencia de unos síntomas en mujeres y de otros en hombres afecta al diagnóstico. El modelo de estudio humano es el hombre; salvo en aquellas cuestiones en las que es imposible tenerlo como modelo, generalmente, en lo referente a la reproducción. Sin embargo y, aunque la rae señale que “hombre” implica “mujer”, la inclusión de un género en otro en medicina genera problemas. A quien esto le genera problemas es a las mujeres.

Retraso en el diagnóstico

Evitando entrar en las dolencias relacionadas con el sistema reproductivo, encontramos que el retraso en el diagnóstico de una enfermedad es hasta cuatro veces mayor en mujeres que en hombres. En el caso del infarto de miocardio, las consecuencias de un retraso de diagnóstico son claves. Lo son tanto en las consecuencias tras la recuperación como en la supervivencia. Por suerte, y por desgracia, los datos de mortalidad por infarto en mujeres hicieron reaccionar a la comunidad médica. Ya se están contemplando esas diferencias en la sintomatología.

Cuatro factores

El infarto no es el único caso al que hay que atender. La medicina se hace y se enseña con el hombre como modelo. Aquí hay que tener en cuenta muchos factores empezando por el techo de cristal. Según el informe ‘Diagnóstico de género en la profesión médica’, elaborado por la Organización Médica Colegial (OMC), las mujeres son mayoría en los estudios de medicina (66,3% en el curso 2016/2017), desde 2011 a 2017 se han colegiado 5 veces más mujeres que hombres. Sin embargo, las mujeres ocupan menos del 7% de las cátedras y constituyen el 16% ciento del profesorado titular. La brecha salarial es de 27,2 puntos (2018) y tiene tendencia a incrementarse.

El segundo factor a tener en cuenta es el sesgo en los planes de estudio: las dolencias, síntomas y diagnósticos no se estudian atendiendo a las diferencias entre géneros sino en base a un modelo, el hombre.

El tercer factor son los estudios científicos y clínicos. Hasta no hace mucho, las mujeres no podían participar en los estudios clínicos dada la posibilidad de embarazo. Cuando participaban, no se hacía un desglose de datos por género. Este desglose, ahora obligatorio, nos permite conocer las diferencias que existen en una misma enfermedad entre los géneros masculino y femenino. Pero también nos permite ver cómo te afectará un fármaco en pruebas en función de esto mismo.

El cuarto factor, y último por mi parte, es el factor social. En primer lugar, la idea de que las mujeres son más sensibles, más quejicas, más hipocondriacas y unas histéricas afecta al diagnóstico. Los prejuicios se trasladan a la consulta. Una mujer tarda más en ser bien diagnosticada. La media de retraso en el diagnóstico de la endometriosis es de 7 años. Es más probable que una mujer sea diagnosticada de ansiedad o depresión frente a un malestar que, de ser evaluado con un análisis de sangre, acabe resultando ser una simple anemia. En esa misma circunstancia es más probable que aun hombre se le recomienden suplementos vitamínicos. Esto implica que, frente a síntomas genéricos, habrá un sobrediagnóstico de depresión y/o ansiedad y una sobremedicación de las mujeres.

Factores biopsicosociales

La perspectiva de género no debe centrarse solo en el estudio de las enfermedades, debe atender a los factores biopsicosociales. Las mujeres, por regla general, sufren de un mayor estrés. En muchos casos son ocasionados por jornadas dobles o triples de trabajo. Desde el trabajo remunerado al invisibilizado en el hogar. Este mayor estrés, y el resto de factores que descubrimos al tener en cuenta el contexto biopsicosocial, provocan que haya una serie de enfermedades de mayor prevalencia en mujeres que en hombres.

Del sistema reproductor

Nos toca sufrir, parir con dolor. Si centramos esta mirada al sistema reproductivo, a las peculiaridades y a las enfermedades propias de quien tiene útero, ovarios y mamas, el resultado no es mejor. La regla tiene que doler, lo asumimos desde antes de tenerla por primera vez, pero… ¿tiene que doler? No, la regla tiene que molestar. Si los síntomas de la regla dificultan tu actividad diaria podríamos estar hablando desde una infección a endometriosis, pasando por el Síndrome Del Ovario Poliquístico (SOP) o quistes o miomas en el útero. Sin embargo, el diagnóstico más común que escuchamos frente a estos dolores son ibuprofeno, agua y dejar de exagerar. Ya lo he mencionado, se tarda una media de 7 años en ser diagnosticada de endometriosis y, el diagnóstico, depende quizá demasiado de la insistencia de la paciente.

Si entramos en el embarazo y en el parto nos encontramos muchas dificultades. Por ejemplo, el ocultamiento de información “para no generar estrés a la madre” (que no suele hacer otra cosa que eso mismo), la maniobra Kristeller (contraindicada desde la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia por los daños que puede provocar tanto a la madre como al neonato y que muchas veces no se registran por temor a litigios por malas praxis), el punto del marido (que está lejos de ser un mito) o las cesáreas traumáticas.

Los modelos de referencia

Los sesgos, las diferencias, existen y van más allá del género. No solo entre hombres y mujeres cis y heterosexuales sobre quienes he hablado hasta aquí. La comunidad LGTB y las personas racializadas también sufren la falta de estudio de las diferencias entre grupos. En consulta es habitual que se dé por hecho que la pareja sexual de una mujer es un hombre, si esto no es así se están perdiendo datos y dejando de atender a factores que pueden influir en el diagnóstico. Las personas trans aún sufren sesgos mayores.

La medicina se centra en el hombre como modelo. Pero también cabe decir que prácticamente la única perspectiva es la cis. Esto hace que un sector de la población se encuentre con una doble discriminación y una problemática extra y nada despreciable cada vez que necesitan acudir al médico.  Sobre todo, si han pasado o están pasando por una terapia de reemplazo hormonal. En definitiva, no se trata de desarrollar una medicina para cada persona del planeta, si no de contar con las diferencias entre grupos para que este avance sin dejar atrás a ninguna de ellas.

 

Imagen: Freepik

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