Patillas largas, melena repeinada o engominada, tono de piel moreno tostado, bolso de marca, chalequito o jersey de pico… Ésta es la manera de identificar, en tono caricaturesco, a lo que popularmente llamamos Cayetano/a. El pijo de toda la vida que lo enmarcamos en un determinado espectro ideológico, una serie de valores y un posicionamiento social. Por supuesto, que cuando hablamos de una tribu urbana, al igual que los punkis o los hippies, hablamos de grupos estereotipados. El estereotipo es perverso en la manera en la que al homogenizar a todo un grupo se desecha cualquier particularidad individual de dicho grupo. No quiero caer en la trampa de que si eres joven y clase media-alta automáticamente Cayetano. En todo caso tratar de ver cómo hemos llegado a configurar el estereotipo de Cayetano.

Del ocio al saber vestir

“Cayetano” como nombre propio no nos vendría a decir mucho, si acaso en el ámbito de la sociolingüística – que relaciona la lengua con los fenómenos socioculturales – donde hemos identificado “Cayetano” como un nombre relacionado con la clase alta. Más interesante aún sería el sinónimo clásico del Cayateno, que es la palabra “pijo”. Pijo es aquel que se ocupa de “pijadas”, que la RAE lo recoge como “cosa insignificante”. De por si, lo “insignificante” es aquello que no tiene valor, ¿hablamos del valor en sentido material y productivo?

Si así lo consideramos, los Cayetanos se ocupan de pijadas en la medida en la que pueden invertir su tiempo en ocio, ya que tienen una vida materialmente resuelta. Es decir, el tiempo libre es una distinción de clase porque es un símbolo de aquellos que una vez han satisfecho sus necesidades básicas, tienen que orientar el excedente de su tiempo en necesidades superfluas. Juan Diego Botto lo personifica en la película Historias del Kronen, donde la perdición de su personaje, un niño de papá, es vivir condenado a una vida fiestas y amigos porque ya no tiene más necesidades que cumplir.

«Fuck Cayetanos». Ilustración por: mierda.buena

Sin embargo, la satisfacción de las necesidades básicas y una vida orientada al ocio no es un rasgo particular del Cayetano. De hecho, en una sociedad donde la identidad se adquiere mediante el consumo, la mayoría de grupos funcionan así – véase que los hipsters también operan con estos parámetros de status y ocio. Es en la propia diversidad del mercado donde el Cayetano consigue diferenciarse. Por un lado, tenemos el valor de lo aparente que permite a los miembros de un mismo grupo identificarse entre ellos a golpe de vista. El uso de la ropa es evidente: chalecos, camisas, náuticos… La ropa lleva consigo la lógica de cuanto más alto sea el precio, más status me confiero por lo que llevo puesto. El propio mercado de la moda funciona en la medida que adquirir una marca es adquirir una identidad. Así, asociamos al Cayetano marcas como Lacoste, Ralph Lauren, Tommy Hilfiger o La española. La línea de ropa que siguen estas marcas nos remiten a los ritos y costumbres de las clases altas: calzas unos náuticos para montar tu barquito de vela, vistes un polo para ir montar a caballo o ir al club de campo a jugar al golf. Este valor aristocrático de la ropa, no solo funciona en España, donde los señoritos del campo parece que llevan heredando la misma ropa desde generaciones; sino también en el mundo anglosajón, donde los preppys son los niños de escuela privada que están llamados a ir a Oxford o Yale.

La obtención de identidad mediante el consumo tiene algo tramposo: la de ser una clase social aspiracional. Es decir, sin ser clase alta puedes llegar a vestir como la clase alta; parecer ser sin serlo. Creando una especie de pijo aspiracional. Al hilo de esto, Daniel Bernabé señalaba: “esta faceta donde el neoliberalismo ha obtenido sus únicos avances de igualdad, en la vulgarización del lujo” ,[BERNABÉ D (2018). La trampa de la diversidad. AKAL, España].

Respecto a los ritos y costumbres. Desde dónde vives, tus destinos vacacionales, a qué inviertes el ocio… cada grupo tiene los suyos. Podríamos hacer mil ejemplos pero por seleccionar uno: “salir de noche”. Aquí nuevamente juega aquí la variable del consumo, mientras tú vas al bar donde los cubatas son a dos euros, el Cayetano va al reservado de la discoteca con botella incluida (precio-status). Volvemos a encontrarnos esta idea de “pijo aspiracional”, que sale por los Bajos de Ourense porque puede mimetizarse con los adinerados madrileños – es significativo que la zona sea el corazón financiero de Madrid. La ironía máxima es que la entrada al lugar pueden ser ocho euros con barra libre (vulgarización del lujo). Incluso el lenguaje hace la diferencia: no es lo mismo “hacer botellón” con litronas en un parque, que “irte de copas” con tus amigos.

El hombre de Vitruvio neoliberal

En cuanto aspiraciones y metas, podemos entender al Cayetano según la ética protestante y el espíritu del capitalismo (Weber) donde el éxito profesional es un éxito espiritual. Tal meta es alcanzada accediendo a los trabajos que contribuyen a la lógica del ascenso-éxito del sistema capitalista. Así, cuando pensamos qué estudian los pijos tenemos: profesiones liberales clásicas (derecho o periodismo), profesiones de gestión económica-empresarial (ADE, rrpp, economía) y profesiones tecnológica-científicas (medicina o ingeniería) ¿Quiere decir que todo aquel que estudie una carrera de este palo es pijo per se? No, pero hay una realidad latente de que los Cayetanos se orientan a estas carreras. Además son carreras que operan en las lógicas de nuestra sociedad posmoderna: ya sea en la participación del capitalismo empresarial y financiero o en la participación de aquel desarrollo científico que es productivo en términos de utilidad y beneficio – no estudian humanidades porque, a grandes rasgos, son disciplinas tremendamente improductivas. De hecho, las figuras de éxito más paradigmáticas de nuestra sociedad son un Bill Gates, Steve Jobs o Mark Zuckerberg que aúnan en si mismas la cualidad de empresario y desarrollador tecno-científico.

De alguna manera, todo individuo busca vertebrar su identidad y sus acciones entorno a una narración con la que ver el mundo. Un modo de operar en éste. Esta operación viene asociada al concepto de ideología, que lo podemos entender como la construcción de un “sentido común”. El abanico ideológico del sentido común del Cayetano, el (neo)liberalismo, abarca el espectro del centro-derecha hasta la ultraderecha populista –incluso ocupar el centro-izquierda representado por el PSOE.

En clave partidista encontramos: al partido clásico de la derecha española, el Partido Popular, heredado de la tradición política de los padres. En su momento, Ciudadanos – hoy en estado mortecino – se presentó como la derecha moderna capaz de hacer frente a Podemos y a los viejos partidos. Con la posterior crisis catalana, cuestión que tocó la fibra identitaria del nacionalismo español, una idea de patria dominada discursivamente por la derecha donde enmarcamos al Cayetano, fue el caldo de cultivo para el electoralismo de PP y C´s. Sin embargo, este giro al nacionalismo-conservadurismo, permitió el auge de VOX, que como auténticos genios del mal articularon un discurso populista entorno a los españoles contra los enemigos de España: independentistas, ideología de género, socialistas bolivarianos… Un discurso populista que tiene una lógica transversal de clase.

No parece casual la acción política que ha tomado en estos últimos tiempos el Cayetano. Al fin de al cabo, lo que él representa, el varón rico heterosexual, es el símbolo contra el que han cargado los movimientos de izquierda incipiente. Ahora, toman parte en la discusión política, revistiendo sus argumentos de libertad individual, algo tan liberal: libertad por ver mis tradiciones, libertad por educar a mis hijos como quiera, libertad del mercado, libertad a decidir cómo quiero tener un hijo… El tradicionalismo español, esa la larga tradición del cuñadismo digna de estudio, se sienten como los verdaderos punkis en contra de “los ofendiditos” y “puritanas” de izquierda. Aún un rara avis pero que va en aumento, las cuentas de Twitter de jóvenes neoliberales, amantes del laissez faire y el libre mercado que parafrasean a Hayek y Milton Friedman. Saludos a Wolf Street Wolverine.

“Siempre tres botones desabrochados/Menudo pedazo, CEU San Pablo (…) No votan al PP, votan a Ciudadanos/Morat, Taburet, ¡qué grupazos!” canta Carolina en en Cayetano, tema que vendría a cristalizar el sentir hacia este grupo identitario y retratarlos de manera irónica en el marco sociopolítico más actual. Al fin de al cabo, si bien todos los grupos tienen esa rigidez de identidad, también tienen cierta permeabilidad a lo que va aconteciendo. Acabo el artículo habiendo tratado de dibujar aspectos genéricos y con tantas cuestiones en el tintero que se pueden retomar. Yo que soy apostata del neoliberalismo, hago una crítica al Cayetano – tratando de dejar lo visceral a un lado – porque para mí representan los vicios y virtudes que rechazo.

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