El magnetismo de los políticamente incorrectos

Tonya Harding, Noam Chomsky y Robe. Los tres tienes algo en común: son personas políticamente incorrectas. Las personas políticamente incorrectas atraen. Son personas que  tienen el don de ejercer un extraño magnetismo sobre nosotros, sobre nuestros pensamientos. Pero, ¿qué significa ser políticamente correcto o incorrecto?

Las personas políticamente incorrectas atraen. Son personas que  tienen el don de ejercer un extraño magnetismo sobre nosotros, sobre nuestros pensamientos. Pero, ¿qué significa ser políticamente correcto o incorrecto?

›Tonya Harding, Noam Chomsky y Robe. Los tres tienen algo en común: son personas políticamente incorrectas

Grosso modo, el concepto de “políticamente incorrecto” recoge aquellas “ideas, actitudes o términos del lenguaje que son contrarios o ponen en duda los principios éticos y culturales, las pautas de conducta y los modelos político-organizativos vigentes en las sociedades occidentales actuales”; es decir, constituyen esas ovejitas que andan en sentido contrario del rebaño, aquellas que directamente prefieren permanecer quietas mientras el resto se desplaza o simplemente las que balan cuando las demás permanecen en silencio.

En el mundo de la Cultura, en general, podemos encontrar cantidades de personajes reales y de la ficción que cumplen alguno de los requisitos para considerarlos políticamente incorrectos. He aquí algunos ejemplos:

Empecemos con el séptimo arte. Margot Robbie consigue con su sublime interpretación en Yo, Tonya –película por la que ha conseguido este año su primera nominación en los Óscar en calidad de protagonista– que todos nos emocionemos con la historia de Tonya Harding, la polémica patinadora implicada en el gran escándalo deportivo de los Juegos Olímpicos de 1994. Tonya no es, ni por asomo, “el modelo de deportista” que los jueces de los certámenes de patinaje artístico quieren para representar a la gran nación de  Estados Unidos. Tonya es agresiva –quizás fruto de la violencia emanada de su familia, porque si no le pega su madre, le atiza de lo lindo su marido–, también es gritona, hortera –aparece en las actuaciones con maillots estrafalarios y un tanto cutres, confeccionados por ella misma y se maquilla con la escopeta que inventó Homer Simpson–. Además es mala perdedora, monta berrinches tremendos cuando no gana. Pero, aun así, es encantadora. Su carácter impulsivo, arrollador y competitivo consiguen que incluso el espectador desee el triunfo de la patinadora, aunque sea rompiéndole la rodilla a su máxima rival.

La literatura también recoge algún que otro vestigio de autores y personajes políticamente incorrectos. En una entrevista del diario mexicano El Universal a Luis Arturo Ramos, el escritor aseguraba que “todas las buenas novelas son políticamente incorrectas porque tratan de reflejar el mundo a través de los personajes que no son perfectos, con aspiraciones, con miedos, con vergüenzas”.

En este sentido, en el culmen de la incorrección política se eleva Noam Chomsky. El lingüista y politólogo estadounidense es reconocido por sus más que crudos análisis sobre la sociedad, la economía y la política mundial. En su última novela, ¿Quién domina el mundo?, desarrolla un análisis crítico sobre los conflictos, peligros internacionales y las actuaciones políticas puestas en marcha por las grandes élites mundiales, siendo especialmente crítico con su país, nación que, por excelencia, lucha incansablemente por mantenerse como imperio de escala mundial.

Para la música, me decanto por un ejemplo castizo: el gran Roberto Iniesta, ‘Robe’. El viejo adalid del grupo Extremoduro nos ha regalado alguna que otra perla que le coronan como el mejor artista políticamente incorrecto. De vez en cuando concede entrevistas; muy pocas. Muy de vez en cuando, medita sus respuestas porque como él dice “antes estaba borracho y podía decir lo que quisiera, pero ahora ya te tienes que pensar las cosas un poco más porque luego te avasallan”. Robe es transgresivo, como su música,  ecléctico, crítico y reivindicativo. Porque aunque “haya dejado de creer en la puta humanidad” y crea que lo mejor sea “una guerra nuclear”; no tira la toalla, él quiere “hacerle al mundo mejoras” y para ello solo necesita tiempo.

Por último, creo que es necesario puntualizar que  también están los que ocultan tras “la excusa” de  la incorrección política mensajes racistas, machistas, homófobos y violentos. Esos personajes son unos intolerantes, racistas, machistas y homófobos, no son personas políticamente incorrectas. El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump es el mejor ejemplo.

 

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