¿Quién ganará el Oscar? La redacción opina

La 91 edición de los premios es la más abierta que se recuerda en años, así que el equipo de Código Público se moja: los redactores de la sección de Cultura defienden qué nominada merece convertirse en la gran triunfadora de la noche.

Una película de superhéroes, un biopic musical de uno de los grandes grupos de la historia, una feel-good movie en la América de los años 60, el remake de uno de los grandes clásicos del cine, una cinta política sobre el racismo en los Estados Unidos, una subversiva mirada histórica a la realeza inglesa del siglo XVIII, un drama de autor mexicano y una crónica en clave de comedia de la política americana reciente. Estos géneros y temáticas diferentes componen la terna de ocho nominadas que el próximo domingo aspiran a llevarse la estatuilla más preciada del planeta: el Oscar a la mejor película. La 91 edición de los premios es la más abierta que se recuerda en años, así que el equipo de Código Público se moja: los redactores de la sección de Cultura defienden qué nominada merece convertirse en la gran triunfadora de la noche.

Nunca había pasado antes. Una película de superhéroes nominada a Mejor Película en los Premios Óscar. Un género que, desgraciadamente, se ha infravalorado bastante en cuanto a crítica, pese a su enorme éxito entre la gente. Es puede ser debido a que no predomina en sus películas un objetivo artístico, más que puro entretenimiento. Un forma de ganar dinero. Pero muchos no lo ven así. En esta última década hemos visto numerosas películas de este tipo que brillan por su singularidad, originalidad, su manera de impactar en el público emocionalmente. Y de entre todas ellas, destaca Black Panther. Es algo raro que una película de superhéroes haya logrado introducir el tema racial, al tratarse de un tema delicado como para meterlo en un blockbuster. Sin embargo, funciona perfectamente. Con ello, y sumando las interpretaciones, el montaje y la impactante banda sonora, Marvel Studios ha logrado producir una película digna de ganar un Óscar, sin nada que envidiar a las otras candidatas. Y si finamente consigue el premio, se podría conseguir un cambio muy grande en la industria cinematográfica estadounidense. Que una película esté hecha para entretener, no significa que no sea de calidad, y tampoco que no te haga pensar. Una lección que nos ha dado esta gran película.

Por Daniel Pérez.

Se podría pensar que Bohemian Rhapsody juega con la ventaja de la nostalgia y el cariño que se le tiene a Queen. Pero esta película biográfica es mucho más que eso. Cargada de crítica social, visibilidad racial, del colectivo LGTB+ y mostrando la oscuridad encerrada en uno de los grupos más míticos y simbólica a cada frame.  Consigue atrapar la esencia del grupo y que te emociones de principio a fin. Que puedas prácticamente vivir desde dentro cómo se construyeron todos aquellos himnos. Nos adentra más en la historia de Freddie Mercury. Con una fotografía cuidada al milímetro, una banda sonora espectacular y unos actores que encarnan a la perfección a esos grandes personajes históricos, prácticamente como si fuesen clones. Sinceramente espero que se tenga en cuenta la delicadeza con la que se ha hecho sin perder ese toque gamberro que caracterizaba tanto a Mercury. Pero si no lo consiguen, the show must go on.

Por Samanta Jiménez.

Dado que estamos ante una de las ediciones más flojas y abiertas de los últimos años, tiene que ser la ocasión de que las candidatas más radicales pesquen en río revuelto. Y la película de Lanthimos, pese a su factura técnica y su cast hollywoodiense, es de lejos la opción más subversiva de las nominadas. Comedia perversa e inteligente donde las haya, La Favorita es capaz de desbordar mala hostia, divertirnos, deslumbrarnos con su estilo y construir los tres personajes (Anne, Abigail y Sarah) más complejos de la terna. Todo a la vez. El sello Lanthimos (helarte la sonrisa y dejarte con tan mal cuerpo que necesites ponerte en bucle Dora la Exploradora) le restará, por desgracia, muchas opciones en una votación masiva como la de los Oscars. Pero amigos, soñar es gratis: ojalá este cine salvaje, descarnado y brillante que representa La Favorita triunfe en la gran fiesta de Hollywood.

Por Andrés Buesa.

En primer lugar, quiero advertir de la poca rigurosidad de este análisis cinematográfico, y es que, si hay una palabra con la que definiría Green Book esa es maja. Es una película bien maja, que te mantiene sonriente y atento durante las más de dos horas que dura el filme. El trabajo de los dos actores protagonistas, Mahershala Ali y Viggo Mortensen, es, en mi opinión, excelente, y consiguen que el espectador se introduzca en la historia de pleno. Es una película tierna, sin muchos sobresaltos y muy bien rodada que logra su objetivo: comunicar. Y lo hace bonito, sin demasiada crudeza y con sencillez, lo que permite que el mensaje pueda llegar a todo el público. En los EEUU de hoy, que un mensaje así se haga viral bien merece un Óscar.

Por Iván Trigo.

Un remake de una película que se había hecho 3 veces antes, debut en la dirección de un actor consagrado y protagonizada por una estrella del pop sin mucha experiencia ante las cámaras. Todo en Ha nacido una estrella podría haber salido mal. Pero como se ha encargado de recordarnos Lady Gaga durante casi 5 meses, “puede haber 100 personas en una habitación y 99 de ellas no creerán en ti, pero basta con que haya una que sí que lo haga”. En tiempos de esa horrorosa decisión del Oscar Popular, Bradley Cooper se encarga de demostrarnos que todavía se puede hacer gran cine que encandile por igual a crítica y público, y que cuando se tiene algo importante que decir, no hay problema en reactualizar los clásicos. Ha nacido una estrella es la película que Hollywood necesitaba deseperadamente, y debe ser reconocida por ello. 

Por Javier Rodríguez.

Por increíble que parezca, es la primera vez que una película de Spike Lee consigue la nominación en la categoría reina de los Oscars. El autor de algunos de los mejores títulos del cine independiente americano (Nola Darling, Haz lo que debas, Malcolm X) podría ser el gran beneficiado en un año tan incierto como este. Y es que, en ausencia de una clara favorita, y aunque Infiltrado en el KKKlan no sea su mejor película, premiar a Spike Lee puede ser una opción atractiva a los votantes por dos motivos. Primero, sería un reconocimiento a la trayectoria de un gran cineasta, que siempre ha sabido moverse entre lo autoral y lo mainstream. Y segundo, en la era Trump, apostar por Infiltrado en el KKKlan y su potente contenido político sería desafiar el racismo y las políticas que la extrema derecha está llevando a cabo en los Estados Unidos. No es la mejor de las nominadas, pero el contexto juega a su favor.

Por Andrés Buesa.

La de Cuarón es una película tan especial que a veces olvidas que es justamente eso, una película. Tiene un tiempo concreto, el México de principios de los 70, y otro, paradójicamente, intemporal, la infancia. Y, a pesar de que retrata un panorama en ruinas, te quedarías a vivir para siempre en su plano inicial. Es precisamente lo que precisaba un Hollywood cada vez más distante del cine de autor: una apuesta íntima que lleva grabada a fuego la identidad de su creador, una mirada hacia dentro que huye de los grandes artificios y narra una historia que, en silencio, se va construyendo poco a poco a través de inolvidables fotogramas. Con ella, los Oscars tienen la oportunidad de premiar un estilo en peligro de extinción y, de paso, apoyar una vía de enriquecimiento cultural como es Netflix. También pesará Trump: no hay muro que detenga el ascenso del mexicano Cuarón. 

Por Lucía Hernández.

Adam McKay parece haberse decidido finalmente por convertirse en el cronista político de nuestros tiempos. Y qué queréis que os diga, la jugada le está saliendo genial. Tras la neurótica La Gran Apuesta (que ya le valió el reconocimiento de la Academia por su maravilloso guión), McKay nos regala un relato de ambiciones en El vicio del poder. Tras los ascensos y caídas políticas de nuestro protagonista Dick Cheney (a quien Christian Bale da vida en el más pleno sentido de la expresión) se esconden casi 6 décadas de historia estadounidense por las que McKay fluye con una visión crítica y cómica muy particular. Nadie, ni siquiera Donald Trump, se salva de los dardos envenenados del director. Esperemos que la Academia tenga en cuenta a este cine tan entretenido a la vez que comprometido con su sociedad.

Por Javier Rodríguez

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *