Curso rápido de cómo no arreglar un problema

Este es el primer artículo que escribo para este medio, y me había propuesto hacer algo original, sin hablar de aquello que ustedes ya saben. Pero no me queda otro remedio, es imposible huir del problema, y en realidad, me apetece comentarlo. En primer lugar perdón, porque habrán leído ya decenas de columnas al respecto, pero aquí va otra: sí, voy a hablar de Cataluña. Seguramente volveré a hablar de este tema, pero en este primer texto voy a exponer mi visión general sobre el asunto. 

Apelando al aurea mediocritas, no esperen de mí que vaya a decantarme por ninguno de los dos bandos. En este partido yo voy con el balón, que es el que está recibiendo patadas por parte de los dos equipos y que metafóricamente podría representar perfectamente a la verdad –y no es que yo la posea-.  Empecemos por el origen del problema. En 2012, Wert, entonces ministro de Educación, dijo que su intención era “españolizar a los niños catalanes” para que se sintieran orgullosos de ser catalanes y españoles. Sin entrar a valorar en si hay o ha habido adoctrinamiento en las escuelas catalanas, donde yo no he estudiado, por lo que no puedo hablar, creo que el problema es el contrario. Creo que hay que catalanizar al resto de España. Por catalanizar entiéndase que hay que empezar a valorar otros rasgos culturales, como la lengua catalana, como parte de nuestra identidad española. Yo he veraneado desde que tengo memoria en Cataluña, y nunca he tenido el típico problema que tantas veces se da, según algunos, de ser atendido en catalán a pesar de preguntar en castellano. Nunca. Pero mis amigos catalanes, en mi presencia, sí que han tenido que escuchar muchas veces que hablen en español “porque estamos en España” cuando ellos hablan en catalán. Falta integración y falta que muchos sean conscientes de la pluralidad del país en el que nacimos por suerte o por desgracia. Porque ser español no es más que un accidente, como ser alemán o senegalés. A partir de ahí, entiendo el patriotismo como una lucha por el bien de todos los que compartimos el mismo espacio para progresar como sociedad. Nada más. Ni somos mejores que nadie ni los peores del mundo.

Por tanto, entiendo que muchos catalanes se hayan sentido tentados por la idea de crear un país propio donde nadie les diga que son extranjeros, pero yo, personalmente, creo que el independentismo es un paso atrás. Siendo pragmáticos, en un mundo con una economía globalizada como el actual, a todos los españoles y a todos los catalanes nos va a ir mejor si permanecemos unidos, como la historia ha querido. Hemos llegado hasta aquí juntos por cuestiones pasadas que no podemos cambiar, y así hay que tomárselo. Ahora toca empujar todos juntos para hacer un país en el que todos podamos vivir mejor. Eso, sin dejar de tener en cuenta la necesaria integración de la que he hablado.

Supongo, aunque a estas alturas no sé si se puede dar algo por seguro, que el objetivo de Rajoy a medio plazo en este conflicto es el mismo que el mío: que Cataluña no se independice. Si esto es así, no entiendo nada. La realidad es que la mitad de los catalanes no quieren pertenecer al Estado español, por lo que pienso que lo que hay que hacer es convencerles de que se queden, y para ello inevitablemente hay que entrar dentro del relato independentista y tratar de actuar desde ahí, no darles más argumentos. Entrar en el relato supone ser constructivos y tratar de resolver un problema social por medio de la política, no a través de la imposición de un reglamento que será legítimo hasta que la gente le deje de dar legitimidad, no por su propia existencia.  Que el gobierno catalán se salte la ley no es más que una consecuencia de la realidad social catalana, y no la causa de los problemas. La causa, reitero, es que la mitad de los catalanes no quieren seguir siendo españoles y ahí es donde hay que actuar. Pedir firmas para derogar el estatut solo agrava la causa de los problemas. Negar todas las reformas propuestas por Mas solo agrava la causa de los problemas. No permitir un referéndum y responder con represión solo agrava la causa de los problemas. Encarcelar a los Jordis solo agrava la causa de los problemas. El 155 solo agrava la causa de los problemas. Combatir el nacionalismo catalán con nacionalismo español, no solo agrava la causa de los problemas, sino que pone a la sociedad española en una tesitura difícilmente resoluble. Tenemos muchas décadas de historia que nos pueden servir de ejemplo para saber cómo acaban los conflictos entre nacionalismos.

Ahora me dirijo a la otra parte. Señor Puigdemont, usted no es Mandela y usted no representa a la mayoría de los catalanes. La realidad es que la mitad de los catalanes no quieren irse de España. Por tanto, el pueblo catalán no es uno ni indivisible. Usted no puede pretender llevar a Cataluña a la independencia con una sociedad fracturada. Usted está alimentando al monstruo de la postverdad por una causa que no es unánime. Me parece lícito ser independentista, como ser unionista, vegano e incluso tonto, pero no permita que la mentira sea el germen que cree una nueva identidad nacional. Cataluña no vive reprimida, tiene más autonomía que nunca, no mienta. No es la primera vez que la policía reprime a manifestantes pacíficos, no mienta. Cataluña saldrá de Europa si dejan España, no mienta. La independencia tendrá efectos negativos en la economía catalana, no mienta. El pueblo catalán no pide auxilio, no mienta. Sea independentista, pero no trate de convencer por la vía de las emociones. Exponga las virtudes y los defectos del proceso, y entonces, que la gente elija.

Paremos máquinas por favor, siéntense y mírense a los ojos. A Rajoy le pido que sea inteligente y trate de convencer a los independentistas de que se queden, no que les dé más argumentos. Y  que no se agarre a la idea de que España es una e indivisible como si fuera una persona a la que le quieren quitar un brazo. España somos los españoles, y entre ellos, tres millones que no están a gusto. A Puigdemont le pido que defienda las ideas que crea convenientes, pero que no mienta y que no se crea un mártir. Y a aquellos que les apoyáis, solo os pido que no utilicéis vuestras banderas, rojigualdas o esteladas, para esconder intolerancia.

Estudié periodismo en la Universidad de Zaragoza, actualmente estoy de prácticas en el Periódico de Aragón, en la sección de cultura. Durante tres años trabajé en un bar, como tantos otros. Estar dentro de una barra te permite conocer a mucha gente y escuchar muchas barbaridades, pero escuchar al contrario, aunque cueste, es bueno. He colaborado con Aragón Radio y La SER, donde gestiono junto a dos compañeros la sección Tertulia de Jóvenes. De Zaragoza y muy europeo.

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