Tenemos que hablar

Querido lector, siéntese porque tenemos que hablar.

Tenemos que hablar de que hace tiempo que no nos preocupamos del empleo que consiguen nuestros jóvenes, cuando lo consiguen. De momento, mil euros al mes parecen un botín cuando es poco más que una limosna. Por no hablar ya de lo elevada que continúa siendo la tasa de desempleo

Tenemos que hablar de que nuestros mayores están perdiendo poder adquisitivo en sus pensiones y, por si fuera poco, el sistema ha consumido la reserva para el pago de las prestaciones en los próximos años gracias a la decisión del Gobierno de desmontar “la hucha de las pensiones” por su incapacidad para no abordar un cambio transitorio del sistema hacia un modelo de capitalización basado en la “mochila austriaca”.

Tenemos que hablar de que el precio de la vivienda vuelve a subir, especialmente en el caso de los alquileres y de que España carece, salvo en el caso de Comunidades Autónomas concretas, de una política pública de vivienda social para “poner coto” a la especulación sobre un derecho básico como debería ser tener un hogar.

Tenemos que hablar de que, a pesar del boyante crecimiento económico, las cifras macroeconómicas no se están trasladando a la vida real de los ciudadanos, y de que los casi cincuenta mil millones que nos hemos gastado en salvar a nuestros bancos van a resultar definitivamente incobrables sin que nadie haya asumido responsabilidades por nada.

Tenemos que hablar de que el principal partido del país sigue teniendo serios problemas con la justicia por la corrupción sistémica que ha asolado a aquellos Gobiernos que ha ocupado durante varias legislaturas.

Tenemos que hablar de que seguimos olvidando abordar una verdadera transformación de nuestro sistema económico y productivo que se base en sectores mucho más sólidos que un turismo de poco valor añadido y apueste por industrias competitivas internacionalmente.

Tenemos que hablar de que nuestro sistema educativo sigue presentando las mismas carencias de siempre, los mismos problemas estructurales que ningún Gobierno ni Partido tiene verdadera voluntad por resolver.

Tenemos que hablar del daño que hace a cada uno de nosotros la existencia de paraísos y mecanismos de ingeniería fiscal que permiten la evasión de miles de millones todos los años que dejamos de recibir en forma de servicios públicos, infraestructuras, o menores impuestos, y que tampoco ningún Gobierno quiere desmontar.

Tenemos que hablar del elevado grado de politización que sigue afectando a poderes básicos en una democracia como la Justicia o los medios públicos de comunicación.

En definitiva, tenemos que hablar de muchos temas, de demasiados temas que habíamos olvidado por el asunto de Cataluña. Porque un asunto de tal calibre no debe hacernos olvidar que la vida sigue, que los problemas continúan ahí, y que nuestro futuro depende en gran medida de nuestra capacidad para resolverlos. ¿Hablamos?

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