La pobreza es una condición o situación que afecta a las personas. Ayer se celebró el Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza, un día perfecto para reflexionar sobre ella. En España hay más de 12.335.000 personas en riesgo de pobreza, la mayoría jóvenes y mujeres. Representa un 26,6% de la población, es decir, una de cada cuatro personas está en riesgo.

Tradicionalmente se asocia el “ser pobre” al nivel económico de una persona, pero la pobreza no representa necesariamente una falta de ingresos, es multidimensional. Se resume en reunir las capacidades básicas para vivir con dignidad. Son víctimas de prejuicios, estereotipos, actitudes discriminatorias y exclusión. Se les priva de su participación social, política y económica en la sociedad.

Lo importante en esta cuestión es que existen diferentes tipos de pobreza además de la económica y que se encuentran invisibilidadas: la alimenticia, sanitaria, vivienda, educativa o sanitaria, entre otras. Las personas que viven en situación de pobreza viven violaciones sistemáticas de los derechos humanos. Es tarea de todos y todas combatir desde nuestra posición las desigualdades existentes y erradicar así las situaciones de pobreza.

Según el informe de EAPN, la Red Europea de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social, más de un millón de personas con título universitario está en riesgo de pobreza en España. Tradicionalmente se asociaba a gente con poca o nula formación este tipo de situaciones, pero la realidad es muy distinta. Quizás debamos repensar qué entendemos por pobreza y la forma de medirla.

Otro de los tipos de pobreza desconocida y que me gustaría destacar es la pobreza afectiva. La falta de un vínculo sólido con otras personas genera unas consecuencias negativas en nuestro cerebro e incluso en el desarrollo físico. Además, en algunos casos puede dar lugar a un trastorno de la afectividad.

España se comprometió ante la Unión Europea a “reducir entre 1.400.000 y 1.500.000 (en el periodo 2009-2019) el número de personas en riesgo de pobreza y exclusión social”, y ese objetivo está lejos de cumplirse. Es cierto que se han reducido las tasas de pobreza, pero queda mucho por hacer. Queda reducir en 2,3 millones de personas en riesgo de pobreza y/o exclusión social en los próximos dos años.

Entre las personas desempleadas el riesgo de pobreza y/o exclusión social alcanza al 59,1%. Para todos estos datos es importante tener en cuenta a ambos géneros. Las dificultades y barreras a las que se enfrentan no son las mismas.

Es necesario concienciarse sobre la importancia de la pobreza en nuestra sociedad, apoyemos todas aquellas políticas que trabajen para compensar las desigualdades existentes y contribuyamos para que situaciones de pobreza y exclusión no se produzcan en nuestro día a día.

 

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