Septiembre de 2018 marcaba un hito en la historia del ser humano. La mañana del 27 de septiembre, The Brookings Institution publicaba un informe en el que anunciaba que por primera vez en la historia “los pobres” ya no eran mayoría en el planeta. Por primera vez en la historia, la clase media era más del 50% de la población mundial. Sin embargo, una vez leído dicho informe, el dato, aunque bueno, no lo es tanto como podría parecer por diferentes motivos.

En ningún titular se explica qué es clase media, sólo se dice que la clase media ya es mayoría en el planeta. Pero tras ver qué es clase media, el resultado no es tan esperanzador. A lo que The Brookings Institution denomina como “clase media” cojea por dos partes (o por una única parte de dos maneras diferentes, quizás). En primer lugar, la definición, a priori, es una definición cuantitativa: clase media es aquella persona que gasta entre 11 y 110 USD PPP al día. Su segunda carencia es que este marco económico es global, ajeno a las circunstancias socioeconómicas de cada región.

Podríamos decir sin pillarnos mucho los dedos que la gran mayoría de españoles vive dentro de este intervalo económico. Sin embargo, esta cifra choca frontalmente con los alarmantes datos de, por ejemplo, pobreza infantil y vulnerabilidad dentro de nuestro país. ¿Por qué? Porque ser clase media es contextual, y en una gran cantidad de regiones de este planeta, vivir con 330 USD al mes no es ser clase media, es ser pobre, sin comillas ni eufemismos.

La propia institución, en el mismo informe acepta las carencias que puede tener su definición de clase media. The Brookings Institution no da una definición más allá de la cuantía económica, pero sí una serie de características que huyen del determinismo económico y buscan una definición de clase media que se ajuste a su entorno y a su contexto.

La capacidad de compra de bienes duraderos como vehículos y electrodomésticos, tener excedente económico que permita disfrutar de actividades de ocio o irse de vacaciones; estas son alguna de las características que propone el informe y que, a pesar de sus deficiencias, son más eficaces que dejarse llevar y sacar conclusiones basadas en un número. Sin embargo, es este determinismo económico lo que marca los titulares, porque si gastas más de 11 dólares al día, eres clase media.

No se confundan, considero que la noticia es positiva, el 50% del planeta se encuentra entre los 11 y los 110 USD por primera vez en la historia, y esto es una mejoría. El dato demuestra una progresiva reducción de la pobreza. Pero no significa que la mitad de los habitantes del mundo tengan una casa con piscina y se puedan ir de fin de semana a Roma.

Lo más interesante que podemos sacar de este informe son las preguntas y las hipótesis a las que nos llevan los datos.

Los principales responsables de esta nueva clase media son dos: China e India. Su elevado crecimiento económico en las últimas décadas, unido al hecho de ser los dos países más poblados del mundo, ha llevado a un crecimiento exponencial de la llamada “clase media global”. Y es que según datos de World Data Lab, de las próximas mil millones de personas que entren en este intervalo económico que hemos llamado clase media, 9 de cada 10 estarán en el continente asiático.

Esta nueva clase media en una región que tradicionalmente no ha tenido clases medias podría colisionar frontalmente con los intereses de las clases medias occidentales.

No seamos hipócritas, las clases medias occidentales se han beneficiado de la pobreza del resto del planeta. Basándonos en el modelo centro-periferia de Wallerstein, las clases medias de occidente (el centro) han prosperado y han consumido a precios extraordinariamente bajos gracias a la explotación sistemática, por parte de las grandes corporaciones, de la pobreza de la periferia. Durante décadas hemos vivido en el mundo del made in China, made in Vietnam o made en cualquier otro país asiático. Y si hay algo que demuestran estos datos es que cada vez hay más gente en esta región que quiere dejar de coser camisas de Zara y empezar a vestir camisas de Zara.

Y tranquilo, no te vas a quedar sin ropa ni el sistema económico mundial va a colapsar por un crecimiento en la demanda y una desaparición de la oferta. No hay que ser dramáticos, lo más probable es que la producción que necesite de mano de obra barata empiece a migrar poco a poco a África. Un continente grande, pobre y con acceso a dos océanos.

Sin embargo, a medio y largo plazo, este crecimiento de la clase media global sí podría generar importantes cambios de dos naturalezas diferentes: político y medioambiental.

En el ámbito político, basándonos en la historia reciente, podemos decir que un aumento de la clase media tendrá consecuencias políticas directas. Las clases medias son, estadísticamente, más demandantes y más criticas con sus gobiernos. Este cambio será especialmente interesante en China, tanto por los cambios que pueda provocar a nivel interno como por lo que puedan significar dichos cambios para la comunidad internacional, teniendo en cuenta el peso del gigante asiático en ella.

No hay que subestimar el impacto político que tendrá este aumento de la clase media. Sin ir más lejos, sus síntomas están empezando a brotar poco a poco. Hace apenas unas semanas, el gobierno chino amenazó con cerrar la asociación estudiantil marxista de la universidad más importante del país. ¿La razón?, que la asociación apoyó a un grupo de trabajadores que reclamaban una serie de derechos y mejoras laborales.

Es decir, una creciente clase media está generando problemas tan estructurales que un Estado que, a priori, es fundacionalmente marxista, se ve obligado a amenazar con cerrar una asociación marxista por llevar a cabo lo que, literalmente, defiende el marxismo de base.

Esto, ni es ocurrencia mia, ni es la primera vez que ocurre en la historia. Existe una idea bastante extendida que explica las principales revoluciones del siglo XX a través del concepto de “sobreproducción de élites”.

Es decir, si los respectivos Estados no son capaces de cabalgar al ritmo de las crecientes clases medias, se terminará generando un conflicto cuando el Estado empiece a fallar en las reclamaciones de una clase media formada y concienciada.

Unido a estas consecuencias políticas tenemos otro tipo de consecuencias, y estás, quizás, sean de mayor impacto que las anteriores. En 2018 ya no es excesivamente alarmista ni conspiranoico decir que nos estamos cargando el planeta. La consecuencia de esta destrucción acelerada, de esta crónica de una muerte anunciada, la tienen nuestros patrones de consumo. No nosotros como individuos, pero sí todas esas grandes empresas que nos dan esos productos buenos, bonitos y baratos que tanto nos gustan.

¿Cómo va a afectar que cada vez más y más gente quiera unirse al tren de los patrones de consumo occidentales? Solo de pensarlo me da vértigo. Siete mil millones de personas usando el coche, poniendo una lavadora o volando en avión.

Hay algo evidente aquí: o cambiamos radicalmente nuestros patrones de consumo, y nos volcamos para que este cambio sea más rápido que el aumento de la clase media global o debemos prepararnos para lo peor (medioambientalmente hablando).

Sin duda, el dato que arrojó sobre la mesa The Brookings Institution es positivo, es una de esas pequeñas noticias buenas que se esconden en un torrente informativo de noticias negativas. Sin embargo, es necesario tener en cuenta que un aumento de la clase media global tendrá importantes consecuencias, especialmente en el terreno político y medioambiental, y que serán necesarios cambios radicales para hacer frente a las consecuencias del aumento de la clase media global.

Después de incontables años buscando la erradicación de la pobreza, sería macabramente irónico que fuese precisamente esto lo que supusiera nuestra condena final.

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