¿Nos controlan aunque no seamos nadie ?

Los teléfonos móviles pueden ser nuestro mayor amigo, o nuestro peor enemigo. Todos somos parte del proceso de recopilación de datos por insignificantes que nos creamos. Para mostrarlo os exponemos la experiencia de Malte Spizz.

Todos somos parte del proceso de recopilación de datos, por más insignificantes que nos creamos.

Según la escritora y periodista Marta Peruano, todo el mundo comete tres grandes errores a la hora de pensar en la visión del mundo de quienes tienen poder de vigilarnos: El primero, es infravalorar la cantidad de información que producimos día a día; el segundo es desperdiciar el valor de esa información y el tercero, es pensar que nuestro principal problema es una agencia distante y superpoderosa llamada NSA.

Todo el mundo tiene una visión global de que si no eres “nadie” no hay que temer la vigilancia de las grandes compañías, porque, ¿Qué podrían hacer con ello?

Un “Don Nadie” como se consideraba Malte Spizz, le pidió a su compañía telefónica que le enviara toda la información que tuviera sobre él. Tras varias demandas y juicios, se le envió un Excel con 30832 líneas de información, un documento que sólo comprende 6 meses de la vida de Malte, y sí, sólo seis meses; debido a que desde 2008, la Unión Europea presentó la directiva de retención de datos, dónde se exige que cada compañía telefónica con más de 10000 clientes guarde los datos de todos sus consumidores, durante un mínimo de 6 meses y un máximo de 2 años. A él le dieron 6 meses, aunque probablemente le deban año y medio de datos.

Tras la visualización de los datos por medio de profesionales, juntándolo con toda la información pública de Malte, como pueden ser las redes sociales de Facebook y Twitter; se formó un mapa, automático y terrorífico, en el cual podíamos ver absolutamente todos los pasos de Malte: desde qué buscaba en internet, qué compraba o con quién quedaba, hasta el contenido de los mensajes que enviaba, así como su destinatario.

El motivo de todo esto, es que Malte lleva un teléfono móvil en el bolsillo; sí, al igual que todos nosotros. Estas tan queridas herramientas, cada cinco minutos mandan un bip a la antena que tenga más cerca en busca de nueva información. Este control llega a tal punto, que mediante un mapa desde el punto de vista telecomunicativo, todo espacio lleno de gente y por lo tanto, lleno de móviles, como puede ser un campo de fútbol o una manifestación, podemos saber exactamente quién está en aquella plaza o campo de fútbol, como si todos tuviéramos una etiqueta por encima de nuestras cabezas con nombres y apellidos.

Al igual pasa con echar un vistazo a nuestras carteras, las cuales están llenas de chips que contienen nuestra información. Hasta la tarjeta más inofensiva, como puede ser la tarjeta de puntos del Carrefour, sabe exactamente dónde vivimos, con quién, qué compramos, cómo lo compramos y cuándo lo hacemos. En el mundo digital es lo mismo, tanto navegando por la red, como descargando el juego más tonto que podamos encontrar, si no fuera así, ¿para qué el juego de PacMan necesita acceder a nuestros contactos, o GPS?

Toda esta información, nuestra información, está en manos de grandes compañías, las cuales, si por algún casual, caen en bancarrota, nunca se hundirían, ya que tienen un tesoro mucho más importante a lo que es el dinero o los terrenos. Tienen información, la información de los miles de clientes que obtienen día a día. ¿Qué pasaría si decidieran venderla al mejor postor? Nos dejarían en manos de quién más dinero ofreciera, pudiendo ser el gobierno, o una compañía privada de investigación de masas.

Todo esto muestra que, tanta tecnología, la más moderna del mercado, aquella que nos hace la vida más fácil, no es más que otra forma de control. Y con ello insto, a que tengamos cuidado con lo que buscamos, o con los sitios en los que nos registramos “gratuitamente”, ya que nos controla; y es que la sociedad actúa de manera distinta si ignora que la están controlando.