¿Y antes del aire acondicionado?

La climatización es un invento relativamente reciente, que permite disfrutar de agradables temperaturas incluso en los días más calurosos. No obstante, las antiguas civilizaciones ya tenían sus estrategias para combatir los días de calor.

En los meses de verano, las altas temperaturas resultan a menudo difíciles de aguantar. Dormir, estar en casa o hacer casi cualquier labor se convierten en tareas más complicadas que de costumbre. Las olas de calor avivan este fenómeno, especialmente en las grandes ciudades. Desde hace siglos, las diferentes civilizaciones han ideado sistemas para combatir las altas temperaturas, los cuales han evolucionado hasta los actuales modos de climatización.

Los faraones del antiguo Egipto ya disfrutaban de palacios refrigerados, aunque el procedimiento no era el más humano. Cada noche, tres mil esclavos desmontaban los enormes bloques de las paredes y los arrastraban al desierto. Las bajas temperaturas enfriaban los bloques, y justo antes del amanecer, se volvían a colocar los bloques enfriados en su sitio. Así, el emperador disfrutaba de una temperatura de unos 26º durante todo el día. No así los esclavos, que sufrían calores extremos durante el día y tareas muy duras por la noche.

Este método solo estaba al alcance del faraón, aunque en las viviendas también se las ingeniaron para refrescarse. Colocaron esteras o plantas humedecidas en las puertas, y gracias a la evaporación, reducían la temperatura de la estancia. Los romanos y los árabes idearon redes de canales y depósitos de agua que circulaban por las casas para enfriarlas.

Los griegos y los romanos fueron los primeros en utilizar un utensilio para generar viento, lo que podría ser el origen del ventilador, el flabellum. Era una especie de gran abanico con mango manejado por esclavos. Los árabes idearon tiempo después el ábano, un listón de tela colgado del techo y accionado por cuerdas para airear la estancia. Los abanicos rígidos, similares a los que conocemos actualmente, tienen su origen en la antigua china.

El gran cambio llegó con la invención del ventilador de mesa eléctrico, en 1886 por el estadounidense Schuyler Skaats Wheeler, quien también inventó el ascensor eléctrico o el coche de bomeros. Casi al mismo tiempo, el alemán Philip Diehl ideó el ventilador de techo. Estos aparatos siguen siendo muy usados hoy en día, ya que ayudan a aliviar el calor.

Pero si hay un invento que haya revolucionado el control que el hombre puede tener sobre la temperatura, ese es la climatización. En el siglo XVIII, Benjamin Franklin, inventor y padre fundador de los Estados Unidos, y el astrónomo inglés John Hadley, se percataron de que la evaporación de líquidos altamente volátiles enfriaba los objetos. En 1820, el científico americano Michael Faraday descubrió que sometiendo el amoniaco a grandes presiones, este se evaporaba y enfriaba la estancia.

La auténtica revolución llegó en 1902. El dueño de una imprenta de Brooklyn estaba preocupado porque los fuertes cambios de temperatura y humedad modificaban el papel, dificultando la impresión. El joven ingeniero Willis Halviland Carrier planteó que reduciendo la temperatura, se reduciría también la humedad. Modificó un calentador para reducir la humedad del lugar, una máquina que llamó «aparato para tratar el aire». Por sus tubos circulaba aire caliente, que retenían la humedad. Carrier había inventado el aire acondicionado.

Posteriormente, el invento de Carrier se aplicó a industrias textiles, en este caso, para aumentar la humedad y evitar que el algodón se deshilachase. En 1915, Carrier y otros seis amigos fundaron la Compañía de Ingeniería Carrier, dedicada exclusivamente al aire acondicionado, que en la actualidad sigue siendo una de las principales empresas del sector.

En 1921, Carrier presentó la máquina de refrigeración centrífuga, que permitía enfriar grandes espacios de forma más segura que con los aparatos previos, pues ya no se usaba amoniaco. Originalmente, el aire acondicionado estuvo orientado a la industria, pero a finales de los años veinte comenzaron a instalarse sistemas en teatros, trenes o grandes almacenes. En 1928, el joven inventor diseñó un aparato de aire acondicionado doméstico, pero debido a la gran depresión, éste no se extendió hasta después de la II Guerra Mundial.

El funcionamiento del aire acondicionado doméstico actual es muy similar al ideado por Carrier. Su objetivo principal es sacar el calor de la estancia y expulsarlo al exterior, lo cual se realiza gracias a un líquido refrigerante. El refrigerante, a unos 2º centígrados, enfría el aire de la habitación. En este proceso, el refrigerante absorbe el calor y se evapora. A continuación, pasa por un compresor en que el producto se calienta, pasando a la unidad exterior a unos 65º. Allí, el refrigerante libera el exceso de calor y recupera su temperatura fría original, completando el ciclo.

Gracias a Carrier, podemos disfrutar de agradables temperaturas haga en el exterior el tiempo que haga. Además, el aire acondicionado supuso un antes y un después en la industria, la minería o la investigación. Aunque un baño en la piscina o el río… sigue siendo buena idea para refrescarse.

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