Queridos abuelos y abuelas

'Si habito en tu memoria, no estaré solo'- Mario Benedetti

A varios kilómetros del suelo, tras las nubes, se esconden aquellas estrellas que sí que saben brillar de verdad. Aquellas que, antes de abrir sus alas y despegar, ya sabían iluminar calles enteras al pasearlas de la mano de sus nietos. Aquellas que, con sus super poderes especiales, cumplieron su deber: derrotar al monstruo del armario y ahuyentar las pesadillas de un abrazo. Aquellas estrellas que, los más afortunados, pueden aún mirarles a los ojos y ver una vida entera llena de amor, guerra, paz y aventuras.

Abuelos, abuelas, que nos han acompañado desde nuestra primera herida al caer del balancín en el parque hasta la herida más grande que el hombre puede experimentar: el vestirse de negro para despedirse de aquellos que, curiosamente, te curaban las heridas. Qué irónica la vida, ¿no?

Nuestra cultura actual se basa en la educación sistemática institucional, sin tener en cuenta que de donde más se puede aprender es de las personas cuyo pelo las nieves del tiempo han tintado del más puro blanco. Si analizásemos la forma en la que han influido nuestros antepasados en nuestra persona a día de hoy, nos sorprenderíamos bastante de ver como, al fin y al cabo, nos basamos en las enseñanzas que los más mayores nos han transmitido.

Hoy, para conmemorar el vuelo de los que habitan por los cielos y nos cuidan desde arriba, y para celebrar aquellos que aun siguen brindando con sus nietos, abrimos el baúl de los recuerdos para exponer una colección de recuerdos tras preguntarle a veinticuatro personas por sus abuelos.

Prepárense para regresar a la Primera Comunión, a un cumpleaños en el parque o al sabor de comida de abuela que, desgraciadamente, nadie podrá alcanzar.

Pero, sobre todo, prepárense para recordar y para emocionarse.

Señoras y señores, ante ustedes: abuelos y abuelas.

24 abuelos y abuelas

  1. Uno de los recuerdos que tengo con mi abuela fue una mañana que fui a visitarla y ella estaba en el salón, escuchando la radio. Me senté a su lado, y de repente, nos pusimos a hablar desde el corazón. Comentó cosas de su infancia, adolescencia, viajes, amores, y mil cosas más. Ese momento fue algo muy íntimo entre nosotras, porque acabamos las dos llorando de la emoción, recordando. Me llena muchísimo haber tenido algo así con mi abuela.
  2. .‘De pequeño, me hacía mucha ilusión que anocheciera, pues solía jugar con mis abuelos al parchís, uno de los momentos más felices que recuerdo de mi infancia. Cuando se acababa el verano me ponía triste porque tenía que esperar un año para jugar de nuevo. Pagaría oro para volver a jugar al parchís con ellos, porque por desgracia, ya no puedo.’
  3. ‘Cuando estaba en primaria, toda mi familia comíamos juntos en la casa de mis abuelos, al lado de mi colegio. Mi abuelo ese día venía a buscarnos para llevarnos a comer allí. Cuando nos veía, silbaba con un silbido muy específico que siempre tendré grabado en la cabeza por la ilusión que me hacía escucharlo tras una larga mañana de clase. No creo que vaya a poder olvidar nunca ese momento: salir, escuchar el silbido de mi abuelo, correr hacía él a abrazarle e ir andando feliz hacía una comida familiar.’
  4. ‘Tenía cinco o seis años. Mi abuela decidió enseñarme el Padrenuestro y el Ave María. Yo, muy obediente, los conseguí memorizar. Al comenzar la Catequesis para hacer la Comunión, me tocó aprenderlos, y descubrí que no tenían nada que ver con lo que yo había memorizado. Mi abuela me había enseñado la versión antigua. Me costó tener que olvidarme de todo y empezar de cero, además de alguna que otra regañina. ¡Ya decía yo que había palabras muy extrañas!’
  5. ‘De pequeña deseaba una caja para guardar mis pinturas y pinceles. Mi madre se lo comentó a mi abuelo sin yo saberlo, y de repente, un día, recibí una caja de madera. La había hecho él mismo y me la había mandado aunque estuviéramos alejados por miles de kilómetros. A día de hoy, es la cosa más apreciada y preciosa que tengo de mi abuelo Nelson.’
  6. ‘Al pensar en mis abuelos, mis recuerdos me trasladan a la infancia… Recuerdo pasar tardes enteras en su casa con mis primos, jugando, y, al terminar el día, mi abuela nos hacía la cena con el mayor de los cariños de una abuela, cosa que se acabó volviendo algo tradicional. Era el ritual de los domingos. No puedo evitar acordarme de ella todos y cada uno de los fines de semana… Siempre echaré de menos esa tradición’
  7. ‘Hace unos años me fui de viaje con mis abuelos y mi prima. Ella y yo queríamos sentarnos en los sillones de masajes que hay en los hoteles. Entonces, mi abuelo cambió un billete de 20€ en monedas para que pudiéramos tirarnos toda la tarde en los sillones. Nunca se me olvidará su cara de felicidad e ilusión al vernos tan agusto.’
  8. ‘Recuerdo un día en el que me dijeron de ir al parque con mi abuelo. Cuando llegué, vi a un montón de amigos míos esperando para darme una sorpresa, pues era mi cumple. Lo que más me asombró fue ver a mi abuela entre ellos festejando como uno más, montando en bici con una agilidad asombrosa. Al verla, le pregunté: ‘¿desde cuándo sabes montar?’, a lo que ella me respondió: ‘desde que he aprendido en tu nueva bici’.  La bicicleta era el regalo de mi cumpleaños. Me quedé sin palabras, además de no poder parar de reír al verla montada en la bici como un niño pequeño.’
  9. ‘Mi abuelo Antonio, abuelo materno, murió cuando yo tenía 4 años, pero todavía me acuerdo de cuando iba a recogerme al colegio y me compraba chuches en el kiosko que había a la salida. Cuando llegábamos a su casa, mi abuela siempre le regañaba porque yo de pequeña no comía nada por normal general, ¡y mucho menos si me habían dado chuches antes!’
  10. ‘A pesar de que yo era pequeña cuando ella se marchó, creo que hay mucho de ella en mí. Sus historias me dejaban boquiabierta, especialmente aquellas que tenían que ver con Matías, un republicano de Alicante buscado por el bando nacional en la Guerra Civil. Llegó a casa de mi abuela y ella decidió esconderlo allí, sabiendo a lo que se exponía si la descubrían. Permaneció meses en su casa. Mi abuela siempre decía que había ganado un hijo más, y Matías la adoraba. Nunca dejó de visitarla.’
  11. Recuerdo con cariño pasar cientos de tardes con mi abuelo Diego, ya fallecido, divirtiéndonos con cualquier tontería. Lo que más nos gustaba hacer era jugar a los profesores. Como no tenía pizarra, pegaba un folio en la televisión y le explicaba cualquier cosa que me viniera a la cabeza. Mi abuelo Diego siempre tendrá un hueco en mi corazón y gracias a este artículo he recordado cosas muy bonitas que viví con él.
  12. En marzo de 2020, varios días antes de comenzar la cuarentena, falleció mi abuelo. El día del entierro lo pasé tan mal que tuve que salir del cementerio corriendo, llorando. El único lugar donde me apetecía estar era en casa de mi abuela. Cuando llegué, no hicieron falta palabras. Me senté a su lado en la cama y la abracé. Estuvimos un buen rato en silencio, sin decir una palabra, abrazados. No solo recuerdo este momento con cariño porque me consolara, sino también porque fue el último abrazo que le di a mi abuela legalmente, sin miedo a contagiarle nada.’
  13. ‘Mi abuela siempre contaba de tres en tres, tres y tres, seis, y tres, nueve. Como pasé la mayoría de mi infancia con ella, ahora no puedo dejar de contar de tres en tres. Siempre que lo hago, me acuerdo de ella y de todos los recuerdos de mi infancia de los que ella ha formado parte…’
  14. ‘Durante la etapa de infantil y primaria, mi abuelo me llevaba y recogía del cole. Cada día solía ser especial, no sólo por verlo, sino también por la ilusión de saber de qué sabor iban a ser los caramelos que traería ese día, pues me traía caramelos de diferentes sabores diariamente y nunca repetía. Aún tengo la imagen grabada de verlo todos los días con su chaqueta negra, su casco de la moto y su olor tan peculiar que me hacía sentir en casa.’
  15. Desde que era una niña mi abuela ha sido una gran referente para mí. Ello hizo que también una de sus mayores vocaciones se convirtiera en la mía, y así fue como me fui involucrando en el mundo de la cocina. Con el tiempo me fui dando cuenta de que por mucho que lo intente nunca podré llegar a igualar su comida. Jamás podré agradecerle todo lo que me ha enseñado y, sobre todo, el amor que siento por la cocina y la felicidad que dicha actividad me transmite, gracias a ella.
  16. ‘Más que un recuerdo quisiera evocar una breve estampa que se ha formado con la suma de momentos: una imagen de la ciudad de Murcia. Las calles que recorría admirado, pendiente siempre de la sardina del río, de la Virgen de los Peligros, de la torre –cada día más alta– de la catedral. Las mañanas frescas de primavera y las noches, las luces y los dulces de la Navidad. Todo se une en un ascua de ternura y, recordando, me parece que aún camino desde la estación del Carmen hasta San Antón –mi mano cobijada en la de mi abuelito– y me figuro que, al pasar por la Trapería, los dos nos vemos reflejados en las cristaleras del Casino.’
  17. ‘Mi lela siempre ha bromeado con que tiene tres hijas (mi madre, mi tía y yo). Cuando me vine a estudiar a Madrid me di cuenta que no bromeaba y que lo decía en serio. Teníais que haber visto cómo lloraba. Ahí fue cuando me di cuenta que no dejaba a mi lela, sino a mi segunda madre. Nunca nadie me va a cuidar mejor que ella’
  18. Ojalá poder volver aunque fuera un instante a esas charlas en el salón una tarde cualquiera de invierno, esas vueltas en moto por el río, las partidas infinitas de dominó, las fiestas del pueblo o los comentarios tras ver un partido del Real Madrid. Te quise, te quiero y te querré siempre con todo mi corazón, abuelo.’
  19. ‘Recuerdo haberme criado viendo a mi abuelo pintar en su balcón, despertando así mi interés por el arte. Mi figura paterna ha sido siempre él, desde su influencia en mis gustos hasta a día de hoy con 17 años, que aún estudiando Artes, siempre está detrás de mí cuando me ve delante del caballete con algún consejo para darme.’
  20. ‘Tengo hermosos recuerdos de mis años de infancia con mi abuela Lucía y mi abuelo Francisco. Recuerdo esas tardes de septiembre cuando mi abuela se sentaba a mi lado y entre las dos forrábamos los libros con plástico de colores. Mientras, mi abuelo me repasaba las lecciones de ese día y me enseñaba, con su ejemplo, el arte de la caligrafía.’
  21. ‘Era verano, infancia y rutina. En un trayecto, iba en el coche con mi prima Sara, mi abuelo conduciendo y mi abuela de copiloto, escuchando uno de los numerosos discos de Manolo Escobar. Mi prima y yo, como no podía ser de otra forma, estábamos gritando las letras de las canciones del artista. Mi abuela, ante el escándalo, intentando calmarnos, apagó la canción y puso Los 40s, dónde sintonizaban «Mala Mujer», de C. Tangana. Por alguna razón nos hizo gracia la canción y recuerdo nuestras carcajadas cada vez que cantaba el estribillo.’ 
  22. ‘Un día, llegué a casa de mis abuelos y cogí un bote de pepinillos antes de comer, y mi abuelo (siempre pendiente) me vio. Desde entonces todos y cada uno de los días que iba a su casa, me tenía preparado un plato de pepinillos encima de la mesa para antes de comer. Lo hacía porque sabía que me ponía muy muy contento, y con eso, él se ponía mucho más feliz.’
  23. ‘Uno de los recuerdos favoritos que guardo de mi abuelo era meterme con él en su cama, que era muy grande, y entonces me contaba todos los cuentos que quisiera. Su truco para emocionarme con las historias era cambiarle el nombre a los protagonistas, así que en lugar de Pulgarcito, Peter Pan o Simbad el marino, guardo muchos cuentos en los que yo era realmente el protagonista.’
  24. ‘Siempre estará en mi corazón, el recuerdo de su coche verde con las pascuas lorquinas sonando. Las tantas veces que las cantamos juntos, solo que ahora, soy yo la que las canta mirando al cielo, para que él sepa, que nunca se me olvidarán.’

Agradecimientos: Adrián Páez Martínez, Alba Parra Ruíz, Carlos Perán Martínez, Carmen Baño Martínez, Cristina Perez Mulero, Elena Losana Ibáñez, Egle Zasinas Sánchez, Francisco Javier Torroglosa Úbeda, Irene Ros Sánchez, Iván Perez Bernal, Juana Teruel Ruíz, Manuel Jesús Jiménez García, Mari Carmen Crespo Padilla, Marina García González, María Fernández-Rufete Martínez, Mireya Cortijos López,  Pascual Pérez Navarro, Paula Martínez Garro, Sofía Fernández García, Sofía López García, Teresa Sánchez Simón, Víctor Martínez Morales y Virginia Chichoné Pividal.

 

Para los que me vigiláis desde arriba: espero que estéis viendo todo lo que estoy consiguiendo y la persona en la que me estoy transformando. Os prometo que voy a hacer todo lo que esté en mi mano para que estéis orgullosos de mí. Cuidaos mucho, pero sobre todo, cuidadme a mí, como siempre ha sido. Y gracias… gracias por darme la oportunidad de poder llamaros ‘abuelos’.

Siempre en mí.