«Una chica es una cosa a medio hacer», de Eimear McBride

Eimear McBride. Vía Impedimenta.

«Una chica es una cosa a medio hacer» es el debut de Eimear McBride. Una novela brillante de la que difícilmente se puede salir ileso.

Una chica es una cosa a medio hacer (Impedimenta, 2020) es una novela punzante. Te atraviesa. Fue el debut literario de su autora, Eimear McBride (Liverpool, 1976), y se publicó originalmente en 2013. Y vaya debut. Por esta novela, la autora ganó, entre otros, los premios Desmond Elliot, Baileys Women’s Prize for Fiction y Kerry Group Irish Novel of the Year en 2014, y ha sido comparada con autores como Virginia Woolf, James Joyce y Samuel Beckett. En la edición de Impedimenta, cuenta con la magnífica traducción de Rubén Martín Giráldez.

Es una novela exigente y compleja, que requiere de una implicación absoluta por parte del lector, tanto por su forma como por su contenido. Desde luego, no es un libro para todo el mundo. Su fuerte es, digamos, también su mayor dificultad. Eso sí, una vez que te sumerges y te dejas llevar, el esfuerzo es más que recompensado. Una vez entras, ya no puedes salir. Lees sin darte cuenta. La novela te absorbe. La autora nos presenta una historia aparentemente sencilla de una forma enrevesada, con una sintaxis dislocada por completo. Cuando comienzas a leer Una chica es una cosa a medio hacer no sabes qué estás leyendo. Pero pronto te das cuenta de que su lectura te sugiere muchas cosas. La narradora de esta novela, una chica que va creciendo y formándose como persona a lo largo de los capítulos, le cuenta su historia a su hermano, el «tú» al que alude constantemente. Con sus palabras, no nos proporciona certezas —no las tiene—, sino que lleva a cabo una necesidad profunda y visceral: busca una manera de decir, de expresar lo que no tiene sentido. Es casi como un balbuceo. Son palabras que salen a bocajarro, sin un orden lógico, como escupitajos, y que van cobrando significado en su conjunto.

La mano en mi cabeza. Su mano en la espalda. Separándome de la dulzura de la madre carne que no podría acogerme de nuevo. Me acurruqué allí aprendiendo miembro por miembro. Cuajada bajo lámparas cálidas. Pena lactada. Me alegro tanto de que tu hermano haya vivido. De que te vaya a ver. Todo va a ser. Pero. Algo se cierne. Borrándome mis comienzos. Borrándome todo mi cada instante (p. 14).

La novela comienza con la narración de unos hechos en los que la protagonista no estaba todavía presente, puesto que su madre estaba embarazada de ella. Un momento crucial en la vida de esta familia irlandesa. Le descubren a su hermano, tres años mayor que ella, un tumor cerebral, que, por suerte, para de crecer, pero le deja secuelas. Por otro lado, su padre se marcha y deja atrás a su mujer y sus hijos, así que la madre tiene que ocuparse de ambos a partir de entonces.

La madre proviene de una familia católica muy creyente y practicante, lo que resulta asfixiante para nuestra protagonista, que es una niña rebelde e indómita y que no encaja en lo que la Iglesia ni su familia esperan de ella. Rompe con todas las normas y eso le trae consecuencias tanto a ella como a su madre, que discute con su padre, el abuelo, a causa de la mala educación de los niños. Esta es una familia rota, en la que las expectativas, el rencor y la culpa pesan demasiado.

Tú te pusiste rarísimo, me viste, dijiste que te veo lo que haces. Eso hace llorar a Jesús. ¿El qué? Pintarle sangre por las piernas. Yo no. Pues claro. ¿Y? Es rastrero. Pero no te chives, ¿no te chivarás no? No lo volveré a hacer. Vale pero tienes que rezar tus oraciones y acordarte de contarlo cuando te confieses o. ¿Qué? Te irás directa a las calderas (p. 37).

Las relaciones familiares tienen un papel central en esta novela, y están tejidas de forma que parecen reales. Nuestra protagonista es en realidad una niña huérfana, no solo de padre, sino de madre; una niña siempre incomprendida, siempre desplazada, siempre rechazada. Y, pese a todo, siente un amor profundo por su hermano, que es lo único que tiene. El único que la comprende. Una chica es una cosa a medio hacer es, en el fondo, una carta de amor al hermano enfermo, al hermano compañero, al hermano cómplice.

La narradora está atravesada por un dolor, el dolor de la pérdida y del abandono. Y, paradójicamente, la única forma que tiene de escapar de él es buscándolo: «Me gusta lo que llega a doler» (p. 36). Adquiere una actitud autodestructiva que se ve reforzada en la adolescencia y el inicio de la adultez y que interfiere en la construcción de su sexualidad, uno de los puntos más interesantes de la obra.

Noto rachas de viento acribillando el coche. Y el mar helado abrasando mis entrañas. Y me besa hasta que tengo la boca dolorida y roja. Duele recuerdo. Este sabor de su lengua que no conozco. Lo recuerdo de otra persona. Me muerde. La boca llena (p. 36).

Una chica es una cosa a medio hacer es una novela brillante, con una fuerza poética que te arrastra y te destroza. Difícilmente se puede salir ileso de ella. Es una lectura dura y angustiosa, que trata temas tabú de una forma descarnada, al tiempo que bellísima. Leer este libro es como leer un poema que se te mete debajo de la piel y te pica. Una obra imprescindible. Eimear McBride promete y mucho.

 

Título: Una chica es una cosa a medio hacer
Autora: Eimear McBride
Traductor: Rubén Martín Giráldez
Editorial: Impedimenta
Fecha de publicación: septiembre de 2020
Páginas: 272
Precio: 20,75 €

ISBN: 978-84-17553-31-9

Lee las primeras páginas aquí