Pedaladas en clave femenina: polémica en la clásica ciclista de Omloop

La ciclista Nicole Hanselmann llevaba 30 km en la escapa de la clásica belga de Omloop, hasta alcanzar al pelotón masculino. En ese momento, la organización de la carrera neutralizó la prueba femenina y la obligó a parar. Finalmente, terminó la 74ª. Repasamos las razones, los culpables y las implicaciones para el deporte femenino.

Ha llegado el mes de marzo y eso implica comenzar a hablar de ciclismo. Y, en concreto, de las clásicas. La que da el pistoletazo de salida es la adoquinada Omloop Het Nieuwsblad, que se disputa en Bélgica, entre las localidades de Gante y Ninove. Se trata de una carrera mixta, que nació en 1945, y que goza de una gran tradición en el calendario deportivo ciclista europeo. Este año ha sido especialmente protagonista, pero por una noticia tan extraña como polémica. La corredora suiza Nicole Hanselmann, que marchaba líder escapada del grupo femenino, fue obligada a pararse por la organización de la carrera, cuando iba a alcanzar al pelotón masculino.

La noticia ha tenido gran repercusión a nivel mundial. Sin embargo, me gustaría señalar que es realmente complicado encontrarla en los grandes diarios deportivos nacionales. Y todavía llama más la atención en el contexto de una semana reivindicativa como la del 8 de marzo. Quizás los diagnósticos del “fin de ciclo” del Real Madrid, que hemos tenido día tras día, hasta en la sopa, consumieron todos los recursos periodísticos durante esas semanas. Veamos cómo sucedió…

ESCAPADA… Y NEUTRALIZACIÓN

Como ocurre en tantas otras competiciones, las pruebas masculina y femenina transcurrían separadamente. En la Omloop, el grupo masculino partió de la línea de salida con 10 minutos de adelanto respecto al femenino. Dado este margen y la diferencia física que a priori existe entre unos y otras, se garantiza que ambas carreras transcurran separadamente. Sin embargo, el pasado sábado 2 de marzo, Hanselmann superó las expectativas. La suiza se escapó del grupo femenino en el kilómetro 7 y rodó en solitario durante 30 kilómetros, aventajando en unos 2 minutos al pelotón femenino. A su vez, el pelotón masculino rebajó la marcha, cediendo muchos minutos a la fuga que tenían por delante. Entre el buen hacer de las mujeres y la ralentización de los hombres, la suiza llegó a alcanzar a los vehículos de asistencia que circulaban en la cola del pelotón masculino.

Ante esta situación, la organización de la carrera decidió neutralizar la prueba femenina, para asegurar la distancia con el grupo de hombres. Hanselmann tuvo que parar, el pelotón femenino la alcanzó y la carrera se mantuvo detenida durante 5-7 minutos. Aunque al relanzar la carrera respetaron la ventaja que había obtenido en su escapada, pronto la suiza fue neutralizada por el grupo de mujeres. Finalmente, la victoria se la llevó la holandesa Chantal Blaak, mientras que Hanselmann finalizó en la posición 74ª.

Nunca sabremos qué habría pasado si la organización hubiera dejado que el curso de la carrera continuara. Quizás Hanselmann hubiera terminado primera, o puede que la hubieran alcanzado igualmente. Y aunque hubiera llegado a rodar con el pelotón masculino, probablemente kilómetros después se habría quedado descolgada. En cualquier caso, las opciones de la suiza habrían sido mucho mayores, ya que interrumpieron su ritmo explosivo y, tal y como la ciclista manifestó a Cycling News, “cuando el pelotón vio que se había parado, sintieron una motivación extra para atraparla”. Lo que es seguro es que las cámaras habrían captado una imagen histórica para el ciclismo y que la organización impidió: una ciclista recortando diez minutos a sus competidores masculinos y rodando junto a ellos en una prueba profesional. Fue la propia ciclista quien contó lo ocurrido en sus redes sociales:

¿POR QUÉ SE PARÓ LA PRUEBA FEMENINA?

Aunque la noticia sea polémica y, a golpe de titular, se preste para la reivindicación y el linchamiento público de la organización de la carrera, pongamos algo de cordura y veamos el motivo de la neutralización. Como decía al principio, es habitual que en ciclismo salgan en momentos separados el grupo femenino, el grupo de los junior o sub 23 y el grupo de hombres. Unos y otros grupos llevan generalmente ritmos muy diferentes y su división permite optimizar la competición. Y es que hay que tener en cuenta todo lo que rodea una carrera ciclista. La organización no se limita exclusivamente a los propios deportistas sino que también influye el corte de carreteras, voluntarios, toda la caravana de coches de equipo, ambulancias, motos…

Desconozco si la organización estaba obligada a mantener separadas las pruebas masculina y femenina. En todo caso, a priori, tendría lógica. Por una parte, por motivos de seguridad, ya que podrían mezclarse los dos grupos con coches de equipo, vehículos médicos y motos de por medio. Y además, siendo que se trata de carreras separadas, parece lógico que la organización vele por evitar que la corredora obtenga una ventaja respecto a sus competidoras, por el ahorro de esfuerzo que supone correr a rueda del pelotón y/o los coches oficiales, siendo además cabeza de carrera.

El grave fallo en esta ocasión fue una clara falta de margen en la organización, ya que con tan solo 10 minutos es difícil solventar cualquier imprevisto. De hecho, es frecuente que este tipo de carreras comiencen muy rápido, hasta que se forma la fuga. En ese momento el pelotón empieza a rodar mucho más lento, hasta que kilómetros después, comienza la persecución de los escapados. Sea como fuere, la falta de previsión tuvo como resultado una injerencia de la organización, que adulteró claramente la competición y arruinó injustamente la fuga de una corredora. Y, por si fuera poco, aunque Hanselmann nos regaló un momento idóneo para lanzar un mensaje de integración e igualdad en el deporte, la imagen que quedó en la retina finalmente fue justamente la opuesta.

DEPORTE FEMENINO EN LA ÉLITE

Conviene recordar que estamos asistiendo a la irrupción de mujeres en la élite mundial de deportes tradicionalmente practicados por hombres. No hay más que ver los ejemplos de las “motorizadas” Ana Carrasco –la primera mujer ganadora de un campeonato mundial de motociclismo– y Laia Sanz –recurrentemente ocupando el TOP 15 del Rally Dakar–, o el éxito cada vez mayor del fútbol femenino, que va de récord en récord de asistencia –el 30 de enero 48.000 aficionados presenciaron el Athletic-Atlético de Madrid de cuartos de final de Copa de la Reina y ya se han vendido más de 50.000 entradas para el Atlético de Madrid-Barcelona del Wanda Metropolitano del próximo 17 de marzo–.

Desde mi punto de vista, en todos aquellos deportes en los que no existan diferencias fisiológicas que, en la élite, impidan alcanzar el mismo nivel a hombres y mujeres, las pruebas separadas no deberían existir. En estos casos, las competiciones diferenciadas solamente me parecen justificables por motivos de promoción de aquellos deportes por los que tradicionalmente han estado mucho más interesados los hombres (un ejemplo claro es el ajedrez).

Por otro lado, hay deportes en los que sí existen circunstancias físicas que hacen que lo más razonable sea que hombres y mujeres compitan separados a nivel profesional. Éste ha venido siendo el caso de, entre otros deportes, el ciclismo. En cualquier caso, si aun existiendo diferencias físicas obvias, irrumpieran figuras femeninas que compitan al mismo nivel que los hombres, su éxito debe promocionarse y en ningún caso poner trabas a su progresión ni impedir que disputen la misma categoría. Actualmente, Ana Carrasco o Laia Sanz son dos referentes del motor a nivel mundial. Aunque hoy por hoy parezca lejano, ¿por qué no encontrar otra deportista que rompa moldes también en el ciclismo?

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