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La vida ha cambiado mucho desde el siglo pasado y, sin embargo, hay cosas que no cambian. Los juguetes han evolucionado tanto que se han quedado igual de sexistas. Los colores y la ropa, otro tanto. ¿Cómo hemos llegado a este punto y por qué cuesta tanto moverlo?

EVOLUCIÓN DE LOS ANUNCIOS DE JUGUETES EN EL TIEMPO

El sexismo también se esconde en algo tan inocente como un juguete. En los años 80 los anuncios de juguetes mostraban una gran estereotipación: las cocinas y las muñecas para las niñas y los coches y superhéroes para los niños. A día de hoy, a pesar de todos los movimientos y los avances en materia de igualdad, se sigue dando la misma situación.

El Pacto de Estado contra la Violencia de Género subraya la necesidad de erradicar cualquier discriminación de este tipo e impulsar las representaciones reales de cada género. En la materia de educación, los juguetes desempeñan un papel esencial para lograr esta igualdad real.

Sin embargo, seguimos viendo cómo los anuncios de juguetes encasillan a hombres y mujeres en sus roles “tradicionales”. Catálogos con páginas en color rosa mostrando a niñas que juegan con cocinas, escobas o cuidan a bebés. Por otra parte, en color azul, niños que juegan con coches teledirigidos, camiones o material científico. En la televisión, sucede lo mismo. Incluso la voz en off transmite el aspecto sexista, ya que en la publicidad en la que aparecen niñas la voz es femenina y viceversa.

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EJEMPLO DE CATÁLOGO DE JUGUETES

¿Qué logra esto transmitir? Una imagen del hombre fuerte, independiente… mientras que la mujer se asocia con la maternidad, la debilidad y la sumisión. Poco a poco, los anuncios van cambiando, al igual que los catálogos, sin embargo queda mucho por recorrer en un camino que llena de prejuicios sexistas a niños que lo único que quieren es jugar.

CÓMO AFECTA ESTO AL DESARROLLO

La primera infancia, considerada por la UNESCO desde el nacimiento hasta los 8 años, supone la etapa de mayor desarrollo bio-psico-social. Por ello, el entorno y el aprendizaje son tan importantes en este período. En los primeros meses, los bebés apenas se rodean de juguetes, pues su acceso al mundo es bastante limitado. Prevalecen las texturas y sonidos, por lo que son habituales los sonajeros y pelotas de tela de colores variados.

Más tarde se pasa a los juguetes diferenciados, como muñecas con vestidos y juegos de construcción. ¿Está esta separación por sexos justificada? Según un estudio, las preferencias de niñas y niños se deben a las hormonas. Sin embargo, dicho estudio asegura que no ha habido exposición a condicionamientos externo, aun cuando no ha habido aislamiento por su parte.

Llegados a este punto, volvemos a la influencia del ambiente. Por ello, existen una serie de recomendaciones para favorecer un desarrollo sano desde el nacimiento. Cada una de ellas se fundamenta en las necesidades individuales, como la cooperación, el crecimiento personal y la no violencia.

Cada juguete tiene su función. Si es bélico, entonces no es un juguete. Por ejemplo, jugar con muñecas en la infancia contribuye al desarrollo afectivo, superación de miedos e interiorización de los acontecimientos. Los juegos espaciales, como la construcción, favorecen el desarrollo de la memoria espacial, como su nombre indica, necesaria en la vida diaria. Por ello, la privación a cualquier sexo de este tipo de juguetes implicaría una coacción en el desarrollo natural de la persona, con sus limitaciones asociadas.

ROSA Y AZUL. QUÉ HAY DETRÁS

Pudiera parecer que los colores asignados al sexo están ahí desde siempre, pero no es así. De hecho, hasta los 6-7 años los infantes de finales del siglo XIX llevaban vestidos blancos y el pelo largo. Según Jo B. Paoletti, historiador en la Universidad de Maryland, a principios del siglo XX el uso del rosa y el azul era justo el contrario. Los colores cálidos se asociaban con la fuerza y los fríos con la tranquilidad, características atribuidas a niños y niñas, sucesivamente. ¿Qué pasó entonces?

Fue en 1985 cuando se produjo el cambio. Desde 1940 las niñas ya vestían como sus madres y los niños como sus padres, aunque mantenían el componente neutro. En los años posteriores y tras la Segunda Guerra Mundial, el movimiento feminista había hecho mella en el sector textil, pues la distinción de compra por colores no funcionaba igual que antaño. Por ello, las empresas apostaron por una publicidad que marcara la diferencia. Todo aquello relacionado con hombres vestía de colores sobrios y fríos, como la tecnología. Por ende, para las mujeres quedaban los cálidos y su rol asignado después de la guerra.

Por tanto, puede concluirse que la industria textil y la del juguete han tenido mucho que decir en la diferenciación por sexos. A ello ha de añadirse la presión social y el desconocimiento sobre qué implica la separación. Así pues, con las recomendaciones para el óptimo desarrollo infantil, se facilitará este proceso de interiorización.

 

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