Estaba tranquilamente mirando el móvil, como quien no quiere la cosa. Llamémoslo cotilleo, llamémoslo aburrimiento. Me es indiferente. Como todo el mundo, había muchos temas que desconocía y sigo desconociendo.

De repente una amiga me llamó por teléfono.

— Tengo que contarte un secreto —me dijo entusiasmada—.

— Dime.

Se hizo el silencio un instante, parecía que se estaba pensando qué decir. Finalmente me dijo de quedar para contármelo en persona. Accedí. Quedamos en su casa aquella misma tarde. Debo decir que tenía curiosidad, aquello tenía un secretismo que yo no terminaba de entender.

Golpeé a la puerta de su casa y me respondió sin llegar a abrirla.

— Cierra los ojos.

Cerré los ojos y avisé de que lo había hecho. En ese momento me abrió la puerta. Me hizo pasar, guiándome dentro. Yo seguía sin entender nada. Lo único que sabía era que estábamos llegando al salón.

— Ya puedes abrirlos.

Abrí los ojos y vi algo que no me esperaba. Había visto muchas Drag Queens a lo largo de mi vida, pero nunca un Drag King. Ya entendía por qué su entusiasmo: aquello era arte.

Un arte que, por desgracia, raramente podemos ver. Había sorpresa por mi parte, porque no me lo esperaba. Pero ni mucho menos era una sorpresa negativa.

— Me gusta tu secreto. Y ahora, ¿dónde vamos?

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