Maria Rambeau (Lashana Lynch) en Captain Marvel. Fuente: Marvel Studios 2019

 

ESTE ARTÍCULO INCLUYE SPOILERS DE CAPTAIN MARVEL (2019)

Los productos culturales son hijos de su tiempo. El cine de Hollywood sirve de reflejo de la historia reciente tanto de los EE. UU. como del mundo en general, o por lo menos el mundo visto desde EEUU. El aclamado Universo Cinematográfico de Marvel no es una excepción, y la reciente aparición de la Capitana Marvel tampoco.

Mucho se ha hablado de los puentes y las raíces feministas de la cinta de Marvel, sin embargo, hay un mensaje más claro y evidente que muchos han pasado por alto. La lectura feminista es la lectura fácil, la evidente. La Capitana Marvel es una mujer súper poderosa que lanza rayos por los puños y vuela y patea culos a diestro y siniestro. Vale, sí. Pero la lectura feminista se queda en eso, no va más allá.

Sin embargo, la película se posiciona políticamente delante de nuestros ojos y por estar mirando a los arboles dejamos de ver el bosque. En la película unos son Israel (o sus fuerzas armadas) y otros son Palestinos. Y estos Palestinos son los que la película presenta como los buenos, y no solo eso, sino como las víctimas.

Hace unos meses me encontré con una tesis que me llamó verdaderamente la atención. El periodista Pedro Vallín defendía que el cine de Hollywood era predominantemente de izquierdas, en el sentido de que el discurso en torno al cual giraban las películas se acercaba más a la óptica heterodoxa que a la ortodoxa. Pedro Vallín me jodió las películas que veía para desconectar. Desde entonces veo el cine palomitero desde una óptica diferente y cada vez más convencido de que, extrañamente, Vallín tiene razón.

Vayamos por partes. Al principio nos presentan a los Skrulls como unos terroristas sin escrúpulos que quieren destruir a la nación Kree. El homólogo en la vida real sería la prensa israelí y el discurso oficial en el que se entiende que los palestinos son terroristas sangrientos por naturaleza y con un odio innato a los judíos.

A medida que avanza la película vamos adentrándonos más y más en las motivaciones de los Skrulls. Nos enseñan que quieren reunirse con sus familias, que son refugiados que buscan un hogar, y el uso de la palabra no es casual. El derecho al retorno de los refugiados palestinos es una de las tres reclamaciones históricas del pueblo Palestino.

Los que al principio eran terroristas ahora son personas que viven bajo la ocupación y en constante peligro. No es necesario, creo, explicar aquí el equivalente en el mundo actual.

Esto es, para bien o para mal, una lectura. Una de tantas. La lectura de un servidor. Quizás alguien vea la película y piense que su homólogo es otra situación. Es más, no es muy difícil dibujar paralelismos entre la película y la Europa de los años 30. Siendo los Skrull los judíos europeos en este caso y los Kree los gobiernos de países como Alemania, Polonia o Hungría.

Sin embargo, el subtexto que se esconde tras la trama de Capitana Marvel seguramente resuene más a la realidad actual que a la de hace décadas. Y aunque desde la perspectiva correcta ambas lecturas tienen una base sólida, todo a punta a la historia de la lucha de los palestinos contra las fuerzas de seguridad israelíes.

Y es por esto, que una vez más, Hollywood parece ser más de izquierdas de lo que quizás se podría pensar a priori. Abordar el conflicto palestino-israelí de está manera es bastante transgresor e inesperado en Estados Unidos, donde la postura hegemónica es de defensa del sionismo y cualquier persona que se atreva a cuestionar el proyecto israelí es rápidamente tachado de antisemita.

En palabras de Edward Said “en Estados Unidos, Israel no es un debate, sino más bien un mito intocable”. Y esta película se atreve a cuestionar la hegemonía de forma suficientemente explicita dentro de la sutilidad, a desafiar, o al menos cuestionar, el mito de forma suficientemente evidente como para esbozar quizás una sonrisilla irónica en Roland Barthes y en un servidor.

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