Ciudadanía frente a populismo

Los movimientos populistas están en auge, y frente a ellos, se hace indispensable una respuesta ciudadana y política. ¿Qué debemos hacer los ciudadanos frente a los populismos? ¿Cómo deben combatirse estos movimientos populistas desde el ámbito de la política?

Este pasado viernes, tuve la oportunidad de asistir a una charla-coloquio sobre el papel y el concepto de ciudadanía frente a los populismos que comienzan a surgir en diferentes partes del mundo. En fin, frente a los populismo en auge que existen hoy en el mundo globalizado en el que vivimos.

Lo cierto, es que esta charla no podía contar con mejores ponentes, con mentes lúcidas y que saben mucho sobre este tema. Así, tuve el privilegio de escuchar las reflexiones de Maite Pagazaurtundúa, promotora del acto y eurodiputada de UPYD en el Parlamento Europeo, Fernando Savater, quizá el filósofo contemporáneo más importante de nuestro país, y Juan Carlos Rodríguez Ibarra, ex–presidente socialista de Extremadura.

Pagazaurtundúa, Savater y Rodríguez Ibarra debatieron sobre qué debemos hacer los ciudadanos ante estos populismos y sobre qué se debe hacer desde la política para combatirlos.

Es un hecho que los populismos que pretenden desestabilizar la Unión Europea, y por qué no decirlo, que pretenden poner fin a los valores y principios que sustentan la existencia del proyecto común de la Unión y el proceso de integración europea, están en auge. España, es todavía una excepción en este campo, puesto que no cuenta hoy día con partidos políticos de peso, que ataquen frontalmente estos valores europeos que comentaba. Bueno, alguien podría incluir a Podemos en este campo de los populismos y cuando argumentase el por qué, quizá no le faltaría razón.

Pero estos populismos no sólo están comenzando a surgir en el marco de la Unión Europea. Sin ir más lejos, ayer nos despertamos con la noticia de la victoria de Jair Bolsonaro en Brasil. Un tipo con mensajes racistas, xenófobos y homófobos. Un peligro en sí mismo para la democracia global y para la democracia brasileña en particular.

Decía Fernando Savater en esta charla, que el populismo “es ejercer la democracia al margen de las leyes y de las instituciones”. Y no le falta razón. No es necesario acudir a la Unión Europea o cualquier otro país del mundo, para apreciar que esta definición de Savater la estamos padeciendo en España. El secesionismo catalán es, en esencia, todo esto. Unos dirigentes políticos que actúan al margen de la ley –ha quedado demostrado- y que no tienen ningún respeto por las instituciones, que no son más que la representación de la soberanía de los ciudadanos.

En Cataluña, los separatistas han atentado contra el sentir mayoritario de los catalanes que no quieren una Cataluña al margen de España y por consiguiente, de Europa. Han utilizado las instituciones, que son de todos, para ponerlas al servicio de una determinada ideología, para colmar sus intereses personales y políticos y aun todo, sin conseguir el objetivo final, que no es otro que el de lograr la independencia de Cataluña.

Hoy día, y con el aval de todo lo que ha sucedido, decir que en Cataluña se ha producido un golpe de Estado es algo revolucionario. Cuando lo dices, hay quien te tacha de exagerado, de mentiroso, pero lo extraordinario es que en estos tiempos que corren, decir la verdad se ha convertido en algo revolucionario.

En pleno debate, político y jurídico, sobre qué tiene que darse para imputarles a los políticos presos el delito de rebelión, parece que hay una percepción general a pensar que los golpes de Estado están íntimamente ligados con las armas o con la violencia física. Pero estamos en pleno siglo XXI, y como decía en esta charla Maite Pagazaurtundúa, “las amenazas democráticas son híbridas”, es decir, que una amenaza a la democracia y a las libertades cívicas, no tiene por qué darse exclusivamente desde la insurrección militar o empuñando un fusil. No, lo cierto es que los populistas no utilizan las armas para imponer sus ideas al conjunto de la ciudadanía. Basta con seguir el ejemplo de los secesionistas catalanes, actuar al margen de la ley, creer que la ley es de obligado cumplimiento para unos y no para otros, y no mostrar ningún respeto por las instituciones y por lo que ellas representan.

En nuestro país, los populistas, que no son otros que los independentistas, condicionan el Gobierno de España, pero lo hacen porque nuestro Presidente, Pedro Sánchez, se ha prestado a eso, ha permitido que un puñado de diputados en el Congreso a los que no les importa España y el conjunto del Estado, marquen la agenda política y social, chantajeen a todo un Gobierno de todo un país para conseguir lo que a ellos les interesa y nada más.

Por todo esto que he comentado, creo que es necesario realizar una reflexión profunda sobre por qué están en auge estos populismos, sobre por qué están teniendo éxito hoy día. Y probablemente haya que hacer autocrítica, pues los populismos no surgen así porque así, no llegan al poder por sí solos, sino que despiertan sentimientos en la ciudadanía, juegan y utilizan esos sentimientos y finalmente, consiguen convencer a la ciudadanía de que ellos –los populistas- tienen la receta mágica para solucionar todos los problemas. ¿Qué han hecho mal los partidos políticos tradicionales para que el populismo comience a surgir? ¿Qué hemos hecho mal los ciudadanos para darle alas a ese populismo? Reconocer y detectar los errores es imprescindible para no volver a cometerlos. Es necesario aprender de lo que se ha hecho mal para comenzar a hacer las cosas bien, para no volver a caer en los mismos errores que han provocado el surgimiento de esta oleada populista.

Hacer esta tarea nos compete a todos, llevarla a la práctica será fundamental para seguir construyendo ese mundo más plural, más diverso, más igualitario, con nuestras libertades cívicas más protegidas y garantizas con el que soñamos todos. No caigamos en la resignación, pues esa es la tentación fácil, y pongámonos manos a la obra y a trabajar.

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