La Energía que nos mueve (III): El mercado de Oil&Gas

En anteriores artículos de esta serie, hablábamos del funcionamiento del sector eléctrico en España. Sin embargo, para completar la fotografía al mercado energético en nuestro país no debemos olvidarnos de los sectores de petróleo y gas. Estos dos productos presentan una clara vinculación dado que en ambos casos, la cadena de valor desde su extracción hasta su consumo mantienen fuertes nexos.

Como se puede ver en el gráfico superior, el mercado de oil&gas presenta una cadena de valor que se divide en tres secciones clave: upstream, midstream y downstream. La primera de ellas se centra en las actividades de exploración del terreno, así como la extracción y producción del crudo y el gas. La segunda de estas fases se centra en el transporte del producto desde los lugares donde se ha extraído –habitualmente países ricos en reservas de hidrocarburos como los miembros de la OPEP, Venezuela o el Norte de África- hasta los países donde se van a consumir dichos hidrocarburos. Por último, en la fase de downstream el crudo es refinado en los distintos productos derivados del petróleo que conocemos diariamente tales como gasolinas, parafinas, asfaltos… y comercializado a través de diferentes empresas.

La primera etapa de la obtención del petróleo y el gas comienza con la exploración y producción de los campos petrolíferos y gasísticos. Estos campos no producen de manera inmediata sino que presentan una vida útil de unos treinta años en la que los primeros están destinados a actividades de exploración –geología y geofísica- cuyo objetivo es analizar la presencia de reservas de hidrocarburos, estudiar su volumen y analizar su calidad.

Una vez declarada la utilidad comercial de los pozos, comenzará su etapa de producción que abarcará un periodo bastante largo de unos veinte años, hasta que comience su etapa de declino en la que será finalmente abandonado tras agotar las reservas comerciales de los mismos. Para extraer el crudo se emplean dos sistemas distintos, el conocido como de extracción primaria a través de los clásicos pozos que drenan el pozo gracias a la diferencia de presión. El sistema de extracción secundaria –también conocido como fracking– permite extraer crudo y gas de zonas más complejas a través de la inyección en el subsuelo de agua, gases y productos químicos que permiten incrementar la presión subterránea provocando que el crudo aflore hasta la superficie.

Por otra parte, para proceder a la explotación comercial de un yacimiento se deben haber estimado previamente las reservas disponibles. Las reservas de los mismos no se pueden medir de forma directa por lo que las empresas extractoras realizan estimaciones indirectas del crudo que calculan se encuentra presente en el subsuelo a partir de la información obtenida previamente en los estudios geológicos y geofísicos. En función de la probabilidad de obtener producción a partir de las mismas se clasifican en reservas probadas, probables y posibles.

ELABORACIÓN PROPIA

Las reservas probadas hacen referencia a aquellas reservas de hidrocarburos que geológica y técnicamente se estima que con una probabilidad igual o superior al 90% podrán ser extraídas en un futuro como producción. Las probables son aquellas cuyas probabilidades de obtención se reduce a una horquilla de entre el 50 y el 90% mientras que las posibles tienen una probabilidad de éxito de tan solo entre el 10 y el 50%.

Tras la producción del petróleo y el gas, el mismo es transportado hasta el país de destino donde será comercializado. A continuación, nos centraremos ya en el petróleo dejando el análisis del mercado del gas para el siguiente artículo de esta serie.

Una vez recibido en el país de destino, el crudo es sometido a un proceso de refino para obtener todos los productos derivados del mismo. Este proceso permite la obtención de diferentes productos que serán empleados en la fabricación de productos de consumo cotidiano. A continuación se muestra un resumen de los mismos.

ELABORACIÓN PROPIA

En España existen ocho refinerías propiedad mayoritariamente de REPSOL y en menor medida de CEPSA, a excepción de la localizada en Castellón que es propiedad de British Petroleum (BP). Estas refinerías se encuentran conectadas a través de una densa red de oleoductos.

FUENTE: CLH

Esta amplia red de oleoductos es propiedad de la compañía CLH (Compañía Logística de Hidrocarburos). El origen de tan amplia red de oleoductos tiene mucho que ver con la presencia de bases norteamericanas en España, ya que como se puede ver en la ilustración, el ramal principal de ellos permitía interconectar las bases de Rota (Cádiz), Torrejón (Madrid) y Zaragoza. La actual CLH es una compañía privada sujeta a una fuerte regulación por parte del Estado en la que ninguno de sus accionistas puede sobrepasar el 25% del capital. La compañía se crea en 1992 como consecuencia de la liberalización del sector petrolífero y la liquidación del antiguo monopolio de CAMPSA.

Finalmente, el crudo refinado y transportado a través de la red de oleoductos es comercializado por las tradicionales petroleras cuyas marcas podemos identificar en las estaciones de servicio. Se trata de un sector que no presenta barreras de entrada pero que padece problemas de competencia dado que, aunque cada vez existe un mayor número de pequeños competidores –como las gasolineras de los hipermercados- que ofrecen las gasolinas a precios más competitivos, el grueso del mercado (en torno al 85%) sigue estando en manos de dos empresas: REPSOL y CEPSA.

FUENTE: EL MUNDO

ARTÍCULOS DE LA SERIE “LA ENERGÍA QUE NOS MUEVE”

I. EL SECTOR ELÉCTRICO

II. LA PRODUCCIÓN Y COMERCIALIZACIÓN Y COMERCIALIZACIÓN DE ELECTRICIDAD

III. EL MERCADO DE OIL&GAS

IV. EL MERCADO DEL GAS EN ESPAÑA

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